lunes 23 de octubre de 2017 | 01:34
Columnas

Modelo Educativo 2017: Pronóstico reservado

@jcma23 vie 11 ago 2017 18:40
Foto propiedad de: Internet

 

Diversas voces han pedido que las objeciones al Modelo Educativo 2017, dado a conocer por la Secretaría de Educación Pública (SEP) en marzo pasado, se expresen con argumentos y no sólo con descalificaciones o mediante fáciles consignas políticas.

En el presente texto abordaré la obsolescencia y falta de innovación de la actual propuesta educativa oficial, con argumentos y elementos de análisis a partir de una breve revisión crítica de los propios documentos de la SEP.

1.      El Modelo Educativo 2017 no es tan “nuevo”

Docentes y directivos de Educación Básica en todo el país seguramente recuerdan a qué documento pertenece el siguiente texto: "Se elabora una oferta educativa para responder a la necesidad de cambio de contenidos educativos. Esta elaboración realizada por cuerpos técnicos de la SEP con la participación amplia de maestros en servicio, supervisores, funcionarios y especialistas, se concreta en: Una propuesta de planes y programas basados en un modelo pedagógico extraído  de los planteamientos del Programa para la Modernización Educativa (PME); la evaluación de congruencia entre los contenidos  y el modelo pedagógico propuesto;  (y) la puesta en marcha de una prueba de la operación del modelo” (1)

Efectivamente, como ustedes saben, ese texto corresponde al documento conocido como “Hacia un nuevo Modelo Educativo”, que la SEP dio a conocer en el marco del Programa para la Modernización Educativa (PME, 1989-1994). En efecto, el PME y el llamado “nuevo Modelo Educativo 1989-1994” formaron parte de una serie de políticas públicas orientadas hacia la “modernización”, concepto clave en el discurso político del gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

Al decir que el actual Modelo Educativo 2017 no es tan “nuevo”, no significa que los planteamientos anteriores hayan sido innovadores o que hayan reunido la más alta consistencia interna, desde el punto de vista educativo y pedagógico. Más bien lo que trato de señalar es que los elementos principales del discurso actual son los mismos que se habían expresado desde hace más de 27 años, tal como es el caso del término “calidad de la educación”.

El esquema “modernizador” fue diseñado para una coyuntura política y tenía una intencionalidad clara y explícita: favorecer o impulsar a las economías locales, a través de mecanismos de liberación del comercio internacional. En particular y en ese mismo contexto, el discurso de la “Modernización Educativa” se ciñe al proyecto de lograr la “calidad” como instrumento para reposicionar a México en el nuevo panorama mundial, que estaría marcado por las tendencias contrarias al proteccionismo, es decir, para “liberar a las economías”.

En una participación en Los Pinos, citada en el documento que hoy comento, Carlos Salinas de Gortari dijo: “En México actuamos convencidos que una educación de calidad es el medio estratégico para asegurar al país un lugar seguro y destacado en la nueva configuración mundial” (13 de diciembre, 1990)

 

Después de 27 años, ¿México se encuentra en un lugar “seguro y destacado” en el nuevo orden “neoliberal”?

2.      Cambio estructural de la educación ¿De verdad?

Desde 1991, en “Hacia un nuevo Modelo Educativo”, se expresaba lo siguiente: “El análisis de esta propuesta y su contraste con el PME dejaron ver claramente que este modelo iba más allá de lo meramente pedagógico -es decir, de lo que esta circunscrito a los procesos de enseñanza aprendizaje-, y se ocupaba de lo educativo, anunciando de hecho un cambio estructural en la concepción, organización y operación de la tarea educativa...”. (2)

También, como en el actual Modelo Educativo 2017, en aquel entonces la estrategia de la SEP fue llevar la discusión a todos los terrenos o ámbitos, ya que estableció algunos propósitos como los siguientes:  “Reflexionar sobre los aspectos filosóficos, teóricos, políticos y operativos del modelo pedagógico propuesto por la SEP... Reelaborar el modelo a la luz de los insumos recibidos con el fin de proponerlo nuevamente a la sociedad para su discusión...”.  Finalmente, el documento “Hacia el nuevo Modelo…” (1991) resumía así sus intenciones: “El nuevo modelo educativo concluye con la exigencia de configurar perfiles de desempeño que respondan a las necesidades básicas de aprendizaje, para posteriormente traducir estos perfiles en contenidos de planes y programas de estudio de la educación básica. Los perfiles a su vez son parámetros de evaluación de la eficacia formativa de preescolar, primaria y secundaria...”

¿La definición de los “perfiles de desempeño” y de algunos “parámetros de evaluación de la eficacia formativa” en la Educación Básica, generaron acaso el cambio estructural deseado en la educación? ¿Dónde estuvo la falla? Si los planteamientos eran consistentes o técnicamente sólidos, ¿Qué pasó con la educación pública en México desde entonces?

3.      Centrarse en los aprendizajes y considerar a la escuela como el centro del sistema.

 

Hay una suerte de reiteración, en el discurso de las políticas educativas actuales, especialmente en lo expresado por el secretario Aurelio Nuño, por “vender” la idea de que el Modelo Educativo 2017, a diferencia de otros Modelos anteriores, está centrado en los aprendizajes, es decir, que focaliza al niño, a la niña o al joven, como protagonista de los procesos educativos; y ubica a la escuela como centro del complejo entramado de la educación pública... Pues eso tampoco es tan nuevo como parece.

“El modelo… invita a reconocer el singular papel que juega la escuela en la vida de las personas ante la influencia de otras instancias educativas, las cuales deben vincularse con ella.” (3)

Considero que, tal como sucedió con el Modelo Educativo 1989-1994, el futuro del Modelo Educativo 2017 es incierto, de pronóstico reservado. La consistencia interna del Modelo, que no es tan “nueva” como hemos visto, no es garantía de nada. Habrá que ver hasta dónde el llamado Modelo resiste la prueba de confrontación con la realidad.

En el pasado también se advirtió que el docente jugaba un papel clave en el logro de una educación de calidad (p. 122), sin embargo, los procesos y los resultados de la educación durante los últimos 25 años no han sido los esperados.

Lo que nuestras autoridades educativas no entienden, es que hay una serie de procesos institucionales y socioculturales, más complejos (por ejemplo, como la burocratización del trabajo docente), que constituyen obstáculos importantes y altamente significativos para avanzar o no en la ruta de una educación pública que responda a las necesidades sociales.

Para decirlo en pocas palabras, el cambio en sentido progresista y democrático de la educación, y particularmente de la educación pública en México, no se logrará sólo a base de buenas intenciones.

Notas:

(1) SEP (1991) “Hacia un nuevo Modelo Educativo”. Introducción (p. 14)

(2) Op. Cit. (p. 91)

(3) Op. Cit. (p. 93)