domingo 23 de julio de 2017 | 01:48
Columnas

Si Villa viviera con la CNTE estuviera: Una reforma fallida y un gremio denigrado durante el despeñadero

@Fernando_OC7 lun 17 jul 2017 04:57
¿Por qué se tiene que condicionar el apoyo obligatorio del Estado hacia la formación del pueblo?
¿Por qué se tiene que condicionar el apoyo obligatorio del Estado hacia la formación del pueblo?
Foto propiedad de: internet


 

“No estoy de acuerdo con los sueldos que ganan los profesores que atienden la escuela. El día que un maestro gane más que un general, entonces se salvará México.” Es una de las frases dichas por el centauro del norte, en la cual se reconoce al maestro como parte fundamental del cambio social, político, científico e ideológico de nuestra nación. ¿Pero que tan cierto es esto? Y ¿Qué tan acertado estaba Doroteo Arango en su forma de visualizar al maestro?

Analicemos primero las responsabilidades del maestro frente a una sociedad que en su mayoría no razona, no reacciona, y mucho menos investiga ni fundamenta. Una ellas es la formación integral de ciudadanos competentes en el análisis de las ciencias y la comprensión del conocimiento humano, y este es un punto que el Estado no ha entendido, y no entiende, porque quienes han estado al frente de la Secretaría de Educación no han sido ni docentes, ni pedagogos, y mucho menos especialistas en algún campo del desarrollo cognitivo. Y esto es sumamente grave, no porque se agredan los perfiles para los puestos, sino porque la incompetencia proveniente del dedazo presidencial para la elección de quien debiera impulsar el desarrollo del conocimiento en el país, ha hecho del sistema educativo un mantel, donde sobran los parches y las enmiendas, donde se aplica el chicle y pega”, es el pan nuestro de cada sexenio.

Basta con recordar la fracasada dirigencia de Vázquez Mota y su “Alianza por la calidad de la educación”, donde planteaba una “evaluación” hacia los profesores, y es aquí donde está el error y que cualquier persona que tenga mínimas nociones del proceso enseñanza-aprendizaje sabrá que UN EXAMEN NO ES UNA EVALUACIÓN completa, sino una observación escrita donde se DEMUESTRA la aptitud o suficiencia en un área o materia,  y una evaluación es un proceso más complejo, donde se VALORA el conocimiento, la actitud, hábitos, valores y rendimiento cognitivo en un proceso. Pero la señora Josefina no pudo entender esto, no pudo comprender que un examen tan ridículo no puede focalizar a los maestros que realmente son competentes como docentes, no como teóricos o merolicos de los pedagogos como Bruner, Ausebel, Piaget, Vigoztky, etc.

Se necesita una evaluación que identifique a esos maestros comprometidos con el progreso social, que tengan dominio sobre las asignaturas que han de impartir, de nada nos sirven docentes que conozcan la teoría, puesto que el formar personas es la actividad  de promover en ellos un sentido crítico de su realidad, para que surja esa necesidad de conocer, de saber hacer y de apreciar la oportunidad de aprender. No es fácil, nada lo es, por eso es absurdo preguntar en un examen de oposición: “¿Qué propondría usted en este caso?” cuando las soluciones son tan variadas como los contextos. ¿Dónde está entonces el carácter formativo regional? ¿Podrá el maestro de la sierra tener y dar la misma respuesta como solución a un problema que el profesor que labora en la urbe? Sin embargo esa forma clasista de Josefina para haber admitido que en todos lados es lo mismo, es lo que ha llevado  al fracaso  a tantos actos de “mejora” para el sistema educativo, y se puede observar de manera tan simple en la implementación de una reforma que no tiene ni forma ni fondo, no tiene forma porque no existe un proyecto educativo que nos marque el camino como una nación humanista y científica, que impulse el alejamiento de los fanatismos y sobre todo erradique ese servilismo que tanto nos ha dañado como mexicanos. Y no tiene fondo porque no hay ni planes ni programas que cumplan con la propagación de las ciencias y las artes en educación básica y que nos posicionen frente a las potencias como una nación competitiva en todos los aspectos. Pero eso no es lo más triste, lo realmente lamentable, es que se tenga que condicionar los apoyos a las instituciones mediante proyectos, ¿acaso se es tan incompetente para desconocer qué necesita una escuela? ¿Por qué se tiene que condicionar el apoyo obligatorio del Estado hacia la formación del pueblo? ¿Por qué se tiene que demostrar que invertir en la educación es redituable? ¿Acaso no lo es? ¿Acaso no sabrán nuestros gobernantes que un país que no genera conocimiento, ni tecnología, está condenado a ser un país pobre? No creo que lo sepan, incluso me atrevo a decir que existen maestros que tampoco lo saben, esos maestros; que no se preparan, que andan detrás del partido del magisterio, que buscan hueso ahí, en el PANAL, esos que han vendido a sus compañeros apoyando iniciativas, que solo votan, pero no “LEN”, ahí estarán esos maestros que han prostituido a la educación y la han convertido en negocio y botín político.

Pero a pesar que hay a quienes ya les llegaron al precio, existen otros que no venden su dignidad, aquellos que vienen de las regiones que se han perdido en el tiempo y en la sierra, aquellos que dejan atrás a sus familias por defender lo justo, lo que corresponde, esa es la otra responsabilidad del maestro, ser factor de cambio, y sí, el maestro luchando también está enseñando, enseña a ser defensor de los derechos propios y ajenos, que es parte sustancial en las democracias, enseña la actitud del valor frente a quienes te amedrentan, te difaman y calumnian, te juzgan de flojo y vándalo, pero ¿no haríamos nosotros lo mismo? ¿No defenderíamos nuestro trabajo y a la patria a capa y espada? Y peor aún cuando se está evaluando por quienes en su vida han pisado un salón, como es el caso de la señora Silvia Schmelkes, pero eso sí “hartos libros” que varias normales estudian y los integran como bibliografía desde el sexenio de Fox, donde  se habla de calidad, de proyecto escolar y se atrevió a escribir sobre educación en la familia. Lo cierto es que nos gustaría mucho ver a la señora desarrollando una de sus tantas y fantasiosas ideas que pasaron por su cabecita y que fuera explicando paso a paso en qué se fundamentó para escribir tremendas barbaridades, pero si no pudo con el puesto de presidenta del INE,  qué más podemos  decir, si mostró su  incompetencia para desarrollar lo que ella misma propuso y no fue más que otro fracaso de una institución que no sabe qué aspectos considerar en una evaluación pertinente y contextualizada, pero lo indignante es que no se escucha el reclamo del sindicato magisterial, ese que  era el más fuerte del continente y que había ganado tantas luchas en la defensa de la dignificación del trabajo docente, ese que ahora no es nada más que un perro amaestrado que mueve la cola al silbido de su dueño.

Sin embargo la lucha en el  frente la sigue haciendo la CNTE, la única organización popular que sigue viva, casi intacta, por la cual gracias a ella no ha pasado la reforma en su totalidad, y continúa esperando que llegue el día en que después de tanto sacrificio, se desarrolle una reforma donde se involucre tanto en la gestión como en la formulación a quienes están directamente involucrados en el contexto escolar, considere y valore la integridad de los pueblos indígenas, pero que también los tome en cuenta en un proyecto educativo real como nación, que sea totalmente integrador y esté dirigido por un magisterio responsable, que haga suyas las causas sociales de cada rincón del país.

Que se evalúe dice la CNTE, que se evalúe pero sin castigos, que se señalen las deficiencias donde existan áreas de oportunidad y se contemplen mejoras, que sea el Estado el responsable en ofrecer una educación formativa y no los organismos privados los que ejerzan presiones para el diseño de los planes y programas a su conveniencia, que la visión de villa sobre la educación como factor fundamental para el desarrollo de los pueblos sea contemplada en las cúpulas de la secretaría, del SNTE y de la Presidencia, sea quien sea el ejecutivo, pero que saque a la nación de un despeñadero donde ya no solo se ha ido la dignidad nacional, sino también la oportunidad de formar un pueblo intelectualmente fuerte.