domingo 24 de septiembre de 2017 | 07:55
Columnas

Ruiz Esparza, prescindible

@ruizjosejaime lun 17 jul 2017 11:00
El socavón pone en entredicho las relaciones de poder en el sexenio de Peña Nieto.
El socavón pone en entredicho las relaciones de poder en el sexenio de Peña Nieto.
Foto propiedad de: Internet

El horno del fin del sexenio no está para bollos. Mantener en su puesto al titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, es la peor decisión del presidente Enrique Peña Nieto. Además de la posibilidad de la corrupción, el socavón es un asunto de impunidad. ¿Quién sostiene a Gerardo? ¿Peña Nieto? ¿Juan Armando Hinojosa, propietario de Higa? No es un asunto de contingencia, el socavón socava estructuralmente al sexenio.

La amistad es un lujo que en política no puede darse; la complicidad sí, la amistad no. El socavón en el Paso Exprés disminuye la movilidad política de Enrique Peña Nieto. El socavón ni siquiera es ya un asunto técnico, de pésima planeación, de dudosa ejecución, es un asunto político. Las dos muertes son también una afrenta social. De cara a su propia sucesión, Peña Nieto no puede convertir Los Pinos en Versalles: las ganancias en las reformas estructurales se pierden en las fallas estructurales. Si Gerardo fuera un funcionario responsable, ya habría renunciado. Ruiz Esparza tiene que poner su renuncia en la mesa del presidente y Peña Nieto aceptarla.

El timing le favorece a Peña Nieto. Hoy llega Javier Duarte de Guatemala: el rostro más visible de la corrupción del sexenio será enjuiciado en este sexenio. La hermana gemela de la corrupción, la impunidad, también debe ser atacada. Un gran golpe de autoridad, antes de la asamblea priista, es el de remover a Gerardo de la SCT. Un gobierno desacreditado requiere legitimidad, y no sólo con los priistas, también con los ciudadanos pensando en el 2018.

¿Quién gana con la tragedia? Andrés Manuel López Obrador, quien saca raja política de los desaciertos, negligencias y corrupciones de los funcionarios de Peña Nieto: “Malas noticias, todo esto acompañado de la impunidad, porque en cualquier país del mundo sucede una desgracia así y hay responsables, no se castiga como hacen aquí a los chivos expiatorios: se exhibe a uno o dos funcionarios y se acabó”.

“En este caso, desde luego que cuando menos debería de renunciar el secretario de obra pública de Peña Nieto, nada más que este señor, (Ruiz) Esparza, pues es el que viene con Peña Nieto desde hace 10 años, es su socio”.

El socavón pone en entredicho las relaciones de poder en el sexenio de Peña Nieto. Es tiempo de revisar las amistades, las complicidades, las sociedades. El socavón contamina al gabinete, pero también a los priistas. La acumulación de agravios por parte de este gobierno en contra de la sociedad podría frenarse, pararse. Sin golpe de timón, el 2018 es inexistente para el PRI, sea cual sea el resultado de la asamblea de agosto.

Si Gerardo se queda, cualquier golpe de autoridad se diluye. Un presidente timorato, más amigo de sus amigos y del enriquecimiento que de la función pública, poco ayuda en este final de sexenio. Golpe de autoridad o timidez convertida en ignominia. De poco sirve enjuiciar a Duarte si no se castiga también la ineficiencia, la mediocridad y la impunidad. Si Ruiz Esparza es imprescindible, Peña Nieto es prescindible. Al quedarse, el secretario de Comunicaciones y Transportes está condenando al presidente. ¿Se vale?