sábado 18 de noviembre de 2017 | 12:38
Columnas

La abismal diferencia entre el 88 y el 2006

@ginesacapulco dom 16 jul 2017 11:46
Foto propiedad de: Internet

 

 

   En últimos días ha salido al debate público, por los necios, infundados y falsos señalamientos al Senador Manuel Bartlett, el tema del turbulento proceso electoral de 1988, para empezar, es muy aventurado hablar de fraude en aquel año, ya que los resultados muy probablemente hayan sido favorables al PRI, la novedad fue que no ganó de forma aplastante como era costumbre de décadas, sino que ni siquiera obtuvo, en total, más del 50% de la votación nacional, eso para aquellos suponía un desastre para el gobierno y el partido hegemónico, como también lo fue el no haber ganado la Ciudad de México (entonces DF).

Sin embargo de esta votación también el PAN y su candidato Manuel Clouthier llevaron su parte, ya que su candidatura generó mucho entusiasmo a los electores de los estados, principalmente, del norte del país. Mas los saldos de aquel proceso, se puede afirmar, fueron positivos, fue el principio de lo que parecía y debió ser una transición democrática exitosa, al año siguiente nació, producto de aquella gran alianza de partidos de izquierda, lo que hoy es (aún) el PRD; fue, al final de cuentas un avance, ya que en adelante, y poco a poco, también resultó el germen de lo que en ese año no existía: un andamiaje institucional robusto para la realización de procesos electorales confiables, mismo que permitió, en el 2000, lo que parecía un sueño imposible: la derrota presidencial del PRI.

   El caso del flagrante fraude del 2006 es justo lo opuesto al 88 en ese sentido, representó un brutal retroceso, ya que el PAN, el entonces presidente Vicente Fox y el equipo de campaña de Felipe Calderón Hinojosa se encargaron de dinamitar lo mucho que se había ganado en esa materia en México, desvirtuando nuestro sistema electoral por completo, pervirtiéndolo de tal manera que se ha convertido en un monstruo, ya que una reforma se sucede tras otra, a manera de parches, pretendiendo remediar daños que, a la postre, solo devienen en más agravios aún. Las elecciones hoy ya, en los hechos, se COMPRAN de plano, mediante recursos ilícitos y con los más negros orígenes en ocasiones. Todo lo anterior es culpa, en origen, del monumental fraude del año 2006, sin duda nuestro año de la "vuelta en U", y que explica, en grandísima medida, nuestra actual tragedia nacional y frustrada transición democrática.

Fue tan nocivo ese año y su proceso electoral para la presidencia de la República, que ninguna otra elección posterior, y a pesar de los muchos pesares, puede asemejarse a esa, donde (a manera de un asalto a mano armada) se le amenazó a la población con barbaridades de todo tipo, incluida la de que "si ganaba López Obrador" serían despojados de sus bienes y dañados en su patrimonio, así, tocando las fibras más primitivas del ser humano, como la del MIEDO, se sembró la semilla del ODIO irracional entre los mexicanos, y se perdió una oportunidad única e irrepetible de, como en la España posfranquista, entrar en una fase plenamente democrática y de equilibrio nacional de las fuerzas políticas.

Porque, en el último de los casos, el 2006 fue tan ignominioso, que bien cabría una comparación algo vulgar: no es lo mismo comprar algo que robarlo.