domingo 25 de junio de 2017 | 02:00
Columnas

AMLO y el autócrata Vicente Fox

@Nolato2 dom 18 jun 2017 20:23
Fox personalmente se encargará con sus muchas mañas de evitar que AMLO sea presidente.
Fox personalmente se encargará con sus muchas mañas de evitar que AMLO sea presidente.
Foto propiedad de: Internet

La democracia es la primera generalización de la autonomía política en la historia. Gracias a ella se reconoce la existencia de los individuos en el campo político, y se pone al alcance de todos ellos la igualdad ante las leyes y el derecho a participar en las decisiones políticas, no solo como gobernados, sino también en la promulgación y derogación de leyes. La audaz y prometedora revolución de la democracia presupone dos cosas. En primer lugar, el reconocimiento de los seres humanos en cuanto tales, como seres dotados de razón y dignidad, capaces de hablar y de discutir razonablemente. En segundo lugar, el reconocimiento de que todas nuestras diferencias de hecho son subsumidas o anuladas por ese principio democrático de igualdad legal y política de los individuos. Con las "diferencias de hecho" me refiero a las cualidades que nos ubican en grupos sociales especiales que suelen entrar en conflicto en tanto tienden a dar primacía a sus intereses de grupo, a veces fundados en graves sesgos, como: pobres y ricos, empresarios y obreros, sabios e ignorantes, expertos e inexpertos en la cosa pública, políticos y ciudadanos, derecha e izquierda, hombres y mujeres, etc.

Dado lo anterior, queda claro que la democracia desautoriza la primacía de cualquier diferencia de hecho que socave o anule a su principio supremo de universalización de la autonomía política, y con ello desautoriza, por ejemplo, la primacía política de los tecnócratas, los ricos o de cualquier grupo social especial o persona que pretenda subyugar el principio político democrático al dinero, al presunto saber de alto nivel en el gobierno o a cualquier presunta cualidad excepcional en alguna persona o grupo social especial.

Así pues, cada vez que un grupo social especial o una persona de este país pretenden monopolizar la autonomía política arguyendo en su favor presuntas cualidades excepcionales en la cosa pública, lo único que están consiguiendo es socavar o anular a la democracia para mandarnos hacia atrás en la historia, al ancien régime y sus modos autocráticos de gobierno donde tiene primacía su monopolio principesco del principio político. Y de paso, con ello nos despojan de nuestra individualidad y sus contenidos - dignidad, racionalidad, autonomía política, etc. - porque nos asumen como cosas al servicio de sus fines muy individualísimos. Pero desde luego que siempre habrá algunos que intenten justificar este monopolio principesco del principio político arguyendo que el interés de esos grupos especiales o personas se identifica con el interés público y que en la gestión del Estado siempre es mejor su presunto alto saber en la cosa pública. Sin embargo, la experiencia acumulada nos demuestra que los intereses de esos grupos especiales o personas solo representan sus propios intereses y que de expertos tienen lo que yo tengo de astronauta, de tal forma que el resultado es el mismo: con esas tentativas de monopolio principesco del principio político se anula o socava a la democracia y nos vamos en movimiento retrógrado hacia el ancien régime y la autocracia.

Bien, hace unos días nos dio un ejemplo de esa tendencia retrógrada y contraria a la democracia Vicente Fox cuando declaró contra AMLO en el marco de una cirquera conferencia conjunta con otros expresidentes latinoamericanos sobre el problema de Venezuela. Nos decía el Chente Fox algo como lo siguiente en esa ocasión. Que él personalmente se encargará con sus muchas mañas de evitar que AMLO sea presidente. Que lo hará porque AMLO es un populista que llevaría a México a vivir una situación igual a la de Venezuela. Que su móvil en esto es la felicidad de los mexicanos. Y finalmente, que se pondrá sus botas de "caboy" para ser más eficaz en esta empresa.

Las declaraciones del Chente Fox son completamente irrelevantes en lo textual. Solo un necio se tomaría en serio sus discursos inconsecuentes y torpes. Se trata de lo mismo de siempre en él: fantasías, habladurías, vulgaridades, leperadas, torpezas, apologías y diatribas sin contenido objetivo, y alardes y locuacidades seniles de un hombre cuya ignorancia está más que probada. Lo importante en las palabras del Chente en esta ocasión está en lo implícito porque es ahí donde se nos revela en pleno su desgraciada realidad. Veamos esto.

Cuando el Chente Fox nos dice que él se encargará de evitar que AMLO sea presidente nos está dejando muy en claro que a él no le importa en absoluto lo que el resto de individuos en este país lleguen a opinar respecto de AMLO, porque para sus efectos foxianos esos individuos ya no existen, él los ha convertido en cosas a su servicio, de tal modo que, para él, solo existe un individuo en este país: Chente Fox. En efecto, Chente Fox ha derogado la individualidad y la autonomía política de cada uno de los mexicanos para crear su monopolio principesco de la individualidad y el principio político. Y es así que ya tenemos aquí de golpe al autócrata Chente Fox que se nos va en movimiento muy retrógrado hacia el ancien régime medieval. Mas la gran ironía es que hace esto precisamente cuando está dibujando a Nicolás Maduro y a AMLO a modo de tiranos con el solo arbitrio de su voluntad caprichosa. ¿Quiere mayor inconsecuencia en política?

Ni duda cabe que Chente hace esto porque él cree poseer ciertas cualidades excepcionales y únicas que le hacen diferente y superior a todos los mexicanos, lo cual, en su opinión, le confiere el derecho pleno al monopolio principesco del principio político. ¿Y cuáles son esas cualidades que se adjudica? Bueno, difícil saberlo porque nunca lo dijo, pero yo asumo que son las siguientes: su rol social de expresidente y él cree que es muy sabio en la cosa pública. ¿Y es cierto esto? Si nos atenemos a sus hechos como presidente, que solo fue más de la misma ruina nacional, y a sus habituales habladurías, la presunta sabiduría de Fox queda en ignorancia en redondo. Y por lo que respecta a su rol social, y en el marco de su obra política mediocre o miserable, Chente Fox ignora que su condición de expresidente solo le otorga una virtud: la de seguir siendo una carga para la nación por cuanto continúa consumiendo recursos de la misma que no merece y que no produce o fomenta con trabajo.

Es claro que el discurso de Chente Fox en esta ocasión trae un sentido sobrecargado de alarde, especialmente cuando habla de sus muchas mañas. En esta parte su discurso sí que tiene correlato objetivo porque está aceptando implícitamente el más gravoso de sus delitos contra la nación, y que sigue impune: su activa participación en el fraude electoral del 2006 que llevó a Felipe Calderón a la usurpación del poder. En efecto, Chente Fox está mandando de manera implícita el mensaje de que sigue teniendo el poder y las mañas para replicar ese delito contra la nación. Desgraciadamente, a Chente se le pasan por alto dos cosas muy importantes en este punto. En primer lugar, realizar un fraude electoral siendo presidente de este país no tiene virtud alguna que confiera honores a reclamar. Lo único que nos prueba Chente con esto es que es un desvergonzado, un descarado que se jacta de sus crímenes contra la nación. En segundo lugar, olvida que ya no es presidente de este pobre país, de tal forma que ya no puede poner en acto su voluntad autocrática tan fácilmente. Y es aquí donde vemos otro aspecto sombrío de Chente Fox: la locuacidad, es decir, aquella inclinación de los ancianos seniles a estar recordando a todos las hazañas de sus mejores tiempos, por muy viciosas que hayan sido, y creer que es posible revivir ese mejor pasado.  

Chente Fox nos dice que su móvil en este asunto es la presunta equivalencia de sus intereses con los intereses de la nación. Y pum, listo, ya tenemos ahora al caudillo autócrata que afirma tener una misión especial en favor de la nación. Desgraciadamente, el Chente Fox no nos aclara cuál es la fuente última que le transfiere dicha misión - ¿Dios o su frenética fantasía? -. Pero, contra lo que dice el Chente Fox, sus hechos nos hablan de un hombre que eligió la profesión de la grilla con el móvil supremo e individualísimo de satisfacer sus intereses, y cuya contradicción con el interés nacional se concretó en la existencia de una larga lista de amplias sospechas de raterías de él y su familia cuando fue presidente de este atribulado país. Desde luego que se necesita ser tan torpe como Fox para creerle este choro del amor a México.

Ahora bien, a menos que Chente Fox ya esté loco de atar, es claro que todo lo que dice este hombre es producto de un juego delirante entre su ignorancia y su inclinación a confiarse en la loca de la casa a la hora de pensar: su fantasía. En efecto, es su frenética fantasía la que le hace creer que tiene los méritos para derogar la autonomía política de los mexicanos y para monopolizar el principio político para sí mismo. Es su frenética fantasía la que le hace creer que tiene una misión especial para la nación. Es su frenética fantasía la que convierte su fraude electoral del 2006 en una virtud que confiere honores. Es su frenética fantasía la que le borra del disco duro de la choya toda su larga lista de delitos contra la nación para creer que ya es moral. Es su frenética fantasía la que le permite creer que Trump lo toma en cuenta. Y es su frenética fantasía la que le hace creer que sus botas de "caboy" son fetiches que le transfieren un poder sobrenatural hasta convertirlo en algo así como: El Superpayo. Mas es su completa ignorancia la que le impide percatarse de la realidad, que es la siguiente: que sus palabras contravienen al espíritu de la democracia y que nada tienen de correlato con las conductas democráticas del mundo real; que él es tan corrupto como el que más en la política mexicana; que Trump no lo pela, ni en el mundo lo hace; y que sus botas de Superpayo solo son dos piezas de calzado inanimadas.

El caso es que Chente Fox nos ha mostrado su verdadero rostro con este lance contra AMLO: un anciano autócrata, muy ignorante, amante de las fantasías, parlanchín, lépero, mañoso, vicioso, muy locuaz y que se cree caudillo. Eso es Chente Fox. Nada que ver con el verdadero espíritu democrático, y sí muy emparentado con los grandes autócratas de la historia. En efecto, Chente es tan autocrático como Carlos I de Inglaterra, quien, como Fox, aspiró infructuosamente al monopolio principesco del principio político; algo que, por cierto, le costó a Carlos I la cabeza a manos de su impetuoso y virulento opositor populista Oliver Cromwell. Aunque en descargo del monarca legendario Carlos I hemos de aclarar que éste aventaja por mucho a Chente Fox en seriedad, elocuencia, refinada educación y exquisita elegancia. Digamos, pues, y para ser justos con Carlos I, que Chente Fox es un autócrata muy cerrero, más emparentado con don Perpetuo del Rosal por sus conductas inferiores, y que es un modelo nativo muy grotesco, vulgar y comiquísimo del autócrata mexicano. Eso es Chente Fox: un Perpetuo del Rosal encarnado.

Y por todo ello, pobre de este México nuestro, de verdad. Cómo ha batallado nuestro país para acceder a la democracia. Durante más de 70 años hemos intentado esta hazaña con muy pobres resultados, de tal forma que lejos estamos aún de conocer la completa universalización de la autonomía política que garantiza la democracia. Y en esencia, esa tragedia tiene su razón de ser en el hecho de que nuestra clase dirigente se conforma mayormente por personajes autocráticos como Chente Fox. Pero nosotros también tenemos culpa, porque lo hemos permitido.

Por cierto, en cuanto a lo de la amenaza de Chente Fox de ponerse las botas para cobrar sus poderes sobrenaturales de Superpayo, dudo que a su edad tenga fuerzas siquiera para agacharse y ponérselas. Pero si es en serio la tremenda amenaza de las botas mágicas, le recomiendo que al ponérselas, y antes de ir a su cruzada contra AMLO, se meta a un chiquero a dar de patadas al excremento de los marranos para que al menos dé la apariencia de que sí trabaja de verdad, que tiene ímpetu y dignidad, que es capaz de valerse por sí mismo, y que no es solo lo que es: un autócrata en el ocaso que sigue siendo una carga para la nación.

Y eso es todo.

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