martes 19 de septiembre de 2017 | 08:53
Columnas

Valor agregado. La vida en México: el progreso es un lujo

@oscar_ahp dom 19 mar 2017 20:43
Los números muestran un panorama muy desalentador.
Los números muestran un panorama muy desalentador.
Foto propiedad de: Internet

En un estudio reciente que publicaron especialistas del periódico El Financiero, se abordó la temática sobre la cantidad mensual promedio que una familia de cuatro integrantes necesita obtener para lograr satisfacer las necesidades básicas alimentarias y de supervivencia. El resultado arrojó que es necesario contar con al menos $11,000 pesos mensuales para enfrentar los gastos y llegar a fin de mes.

En opinión de su columnista, se trata de una cantidad mucho más razonable que las manejadas por el gobierno, esas que se encuentran fundamentadas en los precios de una canasta básica que se construye con base en promedios, y que por tanto no refleja la realidad de nadie, ni siquiera la del economista de escritorio que la calcula.

Aun así, considero que el número aún se encuentra un tanto bajo, pues si ponemos como contraste el monto del salario mínimo que hace 40 años sí alcanzaba para vivir sufragando las necesidades básicas, y lo trasladamos al poder adquisitivo del día de hoy, diversos estudios concluyen en que sería equivalente a entre $13,000 y $16,000 pesos mensuales de nuestra actualidad.

Más allá de las metodologías utilizadas en los diferentes análisis, creo que la conclusión es contundente: el nivel de vida cada vez es más precario y cada día se batalla más para lograr un ingreso que permita vivir al menos con lo suficiente; mientras la vida se encarece, los salarios pierden poder de compra. En grandes números, el progreso se ha vuelto un lujo de altos vuelos.

Lo comento porque los números muestran un panorama muy desalentador.

Sirva de muestra que el ingreso promedio al que un profesionista puede acceder, en los estados del país en donde mejor se paga, ronda entre $11,000 y $13,000 pesos mensuales. Vaya, resulta que después de acudir varios años a la universidad, y teniendo el éxito de obtener un buen empleo, una persona puede aspirar a formar una familia y quizá obtener lo más básico para sostenerse intentando el lujo de progresar.

En perspectiva, según las cifras que manejan el INEGI y algunas universidades y centros de investigación, para pertenecer a la clase media mexicana, es necesario ganar entre $25,000 y $80,000 pesos mensuales, números redondos.

Son datos relevantes, pues el análisis nos dice que un profesionista, aun ganando el doble de lo mejor que en promedio ofrece el mercado, no lograría entrar ni al escalón más bajo de la clase media nacional.

¿Pues qué no se suponía que contar con estudios universitarios era garantía o sinónimo de una mejor calidad de vida?

Y más aún, si así de limitados están los salarios para los y las profesionistas, ¿qué sucede con el resto de la población que no tuvo la oportunidad o el interés de acudir cinco o seis años a la educación superior? Vaya, para donde volteemos, y perdone que insista, el progreso es un lujo.

 

Desde luego que como en todo, hay excepciones, pero estas no hacen más que confirmar la regla.

Y agreguemos que la clase media, según los niveles de ingreso descritos, representa el 30 % o 32 % de la población, y que solamente un tres o cinco por ciento de los mexicanos cuenta con un ingreso superior al de esta clase media, lo que significa que en números redondos, el 65 % de la población no solo está lejos, sino prácticamente impedida de lograr, en términos económicos, un mejor nivel de vida.

¿Cómo le hacemos para poner este tema en la agenda del 2018? Pero no en el discurso, sino en la propuesta programática, en políticas públicas aterrizadas y sobre todo posibles. Su escribidor dice que se irían unos tres sexenios en enderezar el barco, pero, ¿usted cómo la ve, cómo se compone lo descompuesto?

 

Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una alternativa de análisis, pero extraer el valor agregado, le corresponde a usted.