miércoles 20 de septiembre de 2017 | 12:46
Columnas

La Verdadera Revolución y la Troya Mexicana

@sr_magistrado mié 11 ene 2017 17:04
Si le exigimos al gobierno homestidad, pongamos el ejemplo
Si le exigimos al gobierno homestidad, pongamos el ejemplo
Foto propiedad de: Internet

 

 

 

En los últimos días hemos sido testigos tanto en televisión, radio, prensa y redes sociales de saqueos, protestas, bombas molotov, mentiras y muerte.

Tristemente no me refiero a Aleppo, ni a ninguna ciudad de Siria, tristemente me estoy refiriendo a México, triste bienvenida al 2017.

Yo no estoy interesado en los XV años de Rubí, ni en ningún "meme" de internet, pero al parecer hoy es la única manera en que la gente se interese por las cosas que realmente importan en este país.

Con el gasolinazo nos volvieron a ver la cara, otro año en el que nos vuelven a ver la cara, y no fue Televisa ni TV Azteca, no fue el chupacabras, o algún partido de fútbol, esta vez los que nos vieron la cara fuimos nosotros mismos.

Hace apenas unos días, el presidente Peña Nieto regresó de sus vacaciones en Mazatlán para anunciar que NO, que no iba a haber marcha atrás al gasolinazo más grande que hemos vivido, un aumento de casi hasta 4 pesos por litro, e incluso tuvo el descaro de asegurar que comprendía el enojo y compartía la molestia de todos los mexicanos.

¿Pero a qué mexicanos se refiere Peña? ¿Se refiere a los gobernadores que han saqueado y dejado en la miseria a sus estados, y que hoy siguen prófugos?, ¿es con ellos con quien comparte la molestia? ¿O con los diputados y senadores que reciben vales de 10 mil pesos mensuales de gasolina? Porque no creo que ellos estén muy preocupados por el aumento de la gasolina.

Así es, mientras hacíamos famosos a la "lady wuu", y nos divertíamos compartiendo "memes" y videos sobre los xv años de Rubí, que hasta casa y coche le regalaron políticos oportunistas como el gobernador de San Luis, mientras que en su estado se hundían en la miseria y en el desabasto, mientras todos nos divertíamos, el Congreso se aprobaba vales de gasolina por más de 9 millones de pesos. Pero, ¿a nosotros eso qué nos importa? Si estábamos felices aprendiendo a vender empanadas en inglés y en alemán o ayudando a la "lady wuu" a ganarse un coche.

 

La verdad es que nunca se ha necesitado a la televisión para hacernos tontos, siempre hemos sido nosotros los que nos engañamos y jamás nos preocupamos una sola vez por informarnos sobre la reforma, sobre los precios del petróleo, el tipo de cambio y anticipar el desastre que se veía venir, y lo peor es que algunos se atreven a decir que la gasolina se subió a escondidas mientras todos estábamos dormidos, cuando esta reforma tiene 4 años cocinándose, pero como todo el tiempo estuvimos ocupados compartiendo tonterías, pues no nos dimos cuenta, y ahora que el problema explotó nos quejamos.

Y ¿cuál ha sido la solución de muchos mexicanos a todo esto? Quemar gasolineras, saquear tiendas, robar camiones de gansitos, bloquear carreteras para evitar que otros lleguen a su destino, como si esas fueran las soluciones a un problema que lleva allí años, como si fastidiarnos entre nosotros, como si robarnos, como si sabotearnos fuera a resolver algo, y todavía hay gente que se siente orgullosa de "estar salvando a la patria", "creando una revolución ".

¿Quién gana de estos bloqueos? ¿José Antonio Morales, un hombre con cáncer que murió porque gente bloqueó una carretera en Chihuahua y no le permitieron al hospital? ¿Él ganó?, ¿quién gana "distinguidos saqueadores"? ¿La familia del policía al que estos individuos atropellaron mientras él intentaba hacer su trabajo al impedir un saqueo en la Ciudad de México? ¿Creen que al gobierno le importa eso? ¿Creen que los senadores, y los diputados, y el ejecutivo están muy preocupados mientras nosotros nos destruimos solos? ¿En verdad creemos que bloquear carreteras, gasolineras y saquear comercios le quita el sueño a los políticos y beneficia al pueblo?

Nos indignamos cuando Trump nos llamó delincuentes y meses después vamos y saqueamos tiendas y camiones para probar que sí, que tenía razón. Es ridículo e hipócrita que exijamos que nuestros políticos no sean unos ladrones y nosotros vayamos a robar y a asaltar a la primera oportunidad que se nos presente.

Sí, la subida en el precio de la gasolina es terrible, y sí, políticos oportunistas que fingen ser empáticos aparecen más, pero que llevan toda su vida viviendo de nuestros impuestos, nos demuestra la hipocresía con la que actúan con tal de ganar unos votos.

Pero no confundamos las cosas, la depreciación del peso, los precios internacionales del petróleo y el déficit en la cuenta corriente, son factores ajenos a nosotros, pero tampoco nos dejemos engañar en que el precio de la gasolina no repercute en la subida de todos los precios, porque todos los productos se tienen que transportar, pero tampoco caigamos en el falso argumento de que el petróleo antes era nuestro, el petróleo era del gobierno y los líderes sindicales, el petróleo en este país le ha pertenecido a muy pocos, y solo nos han dejado las migajas de la avaricia, de la rapiña y corrupción de décadas de mal gobierno.

También es cierto que el 37% de lo que pagamos por la gasolina son impuestos que se van directamente a las arcas del gobierno, de hecho se recaudan alrededor de 258 mil millones de pesos que sirven para garantizar acceso al agua potable, servicios de salud y programas sociales para los más pobres de este país, y aunque corriéramos a todos los diputados y a todos lo senadores el ahorro sería de 30 mil millones, faltarían más de 200 mil millones por cubrir.

Mi postura siempre ha sido que antes de compartir cosas sin sentido en internet, primero nos informemos. Por supuesto que estamos hartos, el gobierno abusa de nuestra incapacidad para organizarnos para exigir soluciones reales, claro que estamos hartos de que la clase política siga robando a manos llenas con descaro e impunidad, pero no vamos a cambiar nada robándonos unos a los otros, quemando, destruyendo carreteras, compartiendo "memes".

Si queremos políticos honestos, seamos honestos en nuestra vida, si queremos que nuestros políticos ya no nos roben, enseñemos a nuestros hijos que saquear, robar gasolineras, camiones, televisores y dar "mordidas" es un delito y no un orgullo.

Queremos cambiar las reformas, en vez de compartir "memes", interesémonos en la política de nuestro país, salgamos a votar, exijamos a nuestros representantes, porque a ellos no les interesa si nos robamos una tele o un camión de gansitos, pero si les quitamos nuestros votos, les quitamos su impunidad, su forma de vida.

Queremos gasolinas más baratas, exijamos menos segundos pisos y mejor transporte público. Queremos vivir en un país sin miedo, dejemos ciegamente la rabia y de propagar rumores. Queremos un mejor país, no esperemos que llegue un "mesías" a salvarnos, hagámoslo nosotros.

No existe un príncipe azul o moreno que vaya a arreglar a México por arte de magia y quien nos diga eso, nos está tomando el pelo, los cambios en el país los tiene que hacer la sociedad civil. Ser corrupto, no tiene nada que ver son el nivel socioeconómico, puedes saquear un Elektra o un estado completo, pero sigues siendo un delincuente.

¿Si pudimos organizarnos para unos xv años, por qué no lo hacemos para poner un alto a la corrupción?

La verdadera revolución debe empezar con nosotros mismos, en nuestras actitudes, en nuestros valores y en nuestra ética. Por favor, así como hicimos virales a Rubí y a "lady wuu", podemos empezar a hacer el cambio hoy mismo, recuperemos nuestro país.

Lo anterior me da pauta para hacer mención de una táctica que se utilizó en la Revolución Mexicana (la original y única) a fin de tomar una Ciudad inexpugnable. A imagen y semejanza de la artimaña utilizada por los griegos para tomar la ciudad de Troya, Pancho Villa logró introducir su caballo -en versión tren- para tomar Ciudad Juárez.

Cuando estalló la Revolución mexicana en 1910, José Doroteo Arango, más conocido por Pancho Villa, era un simple fugitivo escondido en las montañas. Ya sea por interés o convicción, decidió unirse a la lucha encabezada por Francisco Ignacio Madero contra Don Porfirio Díaz. Formó su propio ejército en el norte de México y gracias al conocimiento del terreno pronto comenzó a despuntar entre los líderes rebeldes.

La toma de Ciudad Juárez en mayo de 1911 por los rebeldes fue el punto de inflexión que cambió el rumbo de la contienda; Porfirio Díaz renunció y abandonó el país. Aunque poco después fue elegido presidente de México Francisco Madero, la división entre los líderes rebeldes se agravó. Mientras hubo un enemigo común, Porfirio Díaz, los rebeldes más o menos se mantuvieron unidos, pero con su caída todo cambió. Incluso Pancho Villa estuvo en la cárcel sentenciado a muerte y sólo la intervención del propio Madero logró salvarle la vida. En febrero de 1913, el general Victoriano Huerta, un hombre que se movía como nadie entre las aguas de la lealtad y la traición, dio un golpe de Estado, ordenó ejecutar a Madero e impuso una dictadura. Pancho Villa consiguió escapar de la cárcel y huyó a Texas. Volvió a encontrarse en la misma situación que en 1910, así que…

Tras reunir un ejército de 3.000 hombres, volvió a la carga. Tomó la ciudad de Torreón donde consiguió armas y alguna pieza de artillería. Envalentonado, decide tomar Chihuahua, pero son repelidos por las fuerzas federales mucho más numerosas, mejor armadas y, sobre todo, con muchas de piezas de artillería. Pancho Villa se encontraba en una encrucijada, al frente, otra vez Ciudad Juárez, fortificada e imposible de tomar con sus tropas y sin artillería, y tras ellos Chihuahua, donde acababan de ser derrotados… estaban entre la espada y la pared.

Así que, Villa decidió no mirar atrás y seguir hacia Ciudad Juárez. Mandar sus tropas en ataques frontales contra la ciudad sería un suicidio; debían idear algún plan para poder acceder a la ciudad. Y aquí salió el estratega militar que llevaba dentro: decidió tomar el tren de carbón que circulaba desde Ciudad Juárez hasta Chihuahua, vaciaron la carga y unos dos mil rebeldes se camuflaron en los vagones. Obligaron a telegrafiar a Ciudad Juárez que la vía había sido destruida por las tropas rebeldes y que debían regresar.

Desde Ciudad Juárez confirmaron la orden de regreso pero se les ordenó que debían telegrafiar el paso del convoy por cada estación. Villa envió una avanzadilla que fue tomando las estaciones y al paso del tren los telegrafistas de cada estación amablemente –con el cañón de una pistola apoyado en sus sienes- confirmaban el paso. A las dos de la mañana, entraba el tren en Ciudad Juárez. Según la crónica de un periódico de El Paso (Texas):

“El ataque y la toma de Ciudad Juárez fueron una sorpresa completa […] Poco después de las dos de la mañana, un tren de carga entró en los patios del Central Mexicano en Juárez y de él surgieron cientos de rebeldes. Prueba de que la sorpresa fue total es el hecho de que no se disparó un solo tiro hasta que los rebeldes hubieron penetrado hasta el corazón mismo de la ciudad. El tren les había permitido llegar sin interferencias […] Tomada por sorpresa, la guarnición federal opuso escasa resistencia. El cuartel cayó a las cuatro de la mañana y para las cinco había entregado las armas el resto de la ciudad.”

 

Además de la sorpresa, también influyó el hecho de que los oficiales se confiaron en demasía y el ataque les pilló bebiendo, jugando a las cartas u ocupados en algún burdel. Desde aquel momento, Pancho Villa y los villistas tuvieron nombre propio.