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Columnas

Consejos de Don Quijote a Sancho Panza para gobernar (vistos a la luz del México de hoy)

@DMoralesPerez mié 28 dic 2016 17:13
 “Primeramente, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada
“Primeramente, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada".
Foto propiedad de: Internet

En su obra cumbre del Quijote, Miguel de Cervantes Saavedra, sentencia una serie de consejos a Sancho Panza, su fiel escudero, antes de que este se dispusiera a gobernar su ínsula.

Aunque tales recetas fueron escritas por el inolvidable Cervantes en 1605, hace 412 años, la vara moral del escritor sigue tan inalcanzable, no sólo para los líderes del México de hoy, sino también para los de la mayoría del mundo entero; incluso para el hombre de la calle.  

Y son por supuesto pertinentes en estos días de reposo y reflexión, pero también a la vez convulsos y azotados por la incertidumbre.

El veredicto de Cervantes a su fiel escudero sobre el arte de la gobernanza es el siguiente:

Decálogo de Don Quijote a Sancho

“Sancho: hijo, atento a este tu Catón, que quiere aconsejarte, y ser norte y guía que te encamine y saque a seguro puerto de este mar proceloso donde vas a engolfarte; que los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones.

1.  “Primeramente, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada.

2.  “Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey.

3.  “Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores, y preciate más de ser humilde virtuoso, que pecador soberbio.  Innumerables son aquéllos que de baja estirpe nacidos han subido a la suma dignidad; y de esta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran.

4.  “Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para que tener envidia a príncipes y señores; porque la sangre se hereda, pero la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.

5.  “Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico. Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre.

6.  “Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia. Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún enemigo tuyo, aparta las mientes de su injuria, y ponlas en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena; que los yerros que en ella hicieres, las más de las veces serán sin remedio, y si le tuvieren, será a costa de tu crédito y aún de tu hacienda.

7.  “Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.

8.  “Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones.

9.  “Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y, en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y clemente; porque, aunque los tributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea, a nuestro ver, el de la misericordia que el de la justicia.

10.                  “Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible; casarás tus hijos como quisieres; títulos tendrán ellos y tus nietos; vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y, en los últimos pasos de la vida, te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de tus terceros netezuelos.

“Esto que hasta aquí te he dicho son documentos que han de adornar tu alma”.

Conclusión en el siglo XXI

En verdad es increíble la validez de las enseñanzas de Cervantes para el arte de gobernar, que se ha pervertido con la corrupción, la falta de respeto a los valores esenciales del hombre, la ineficiencia, la falta de visión; y, en suma, de liderazgo.

El gobernante de hoy en efecto sucumbe ante el “golfo profundo de confusiones”, como sentencia El Quijote, al ejecutar los cargos para los que fueron designados.

Aunque a veces es anatema en nuestro país hablar de religión, hay que decir, en verdad, que quienes toman decisiones no tienen temor de Dios como señala Don Quijote a su escudero, “porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada”

Y fallan, las más de las veces, como señala Cervantes en “conocerte a ti mismo que es el más difícil conocimiento que pueda imaginarse”.

Y tampoco, quienes hoy ejercen la gobernanza, no siguen la máxima, como recomienda el Quijote a su escudero, de que “hacen gala de la humildad de su linaje”.

Y en momentos donde en regiones completas del país se vive un estado fallido, los políticos roban impunemente, y la justicia -muchas veces ciega- procura más al poderoso que al humilde, la gobernanza en nuestros días se aleja mucho del precepto del Quijote, de que: “si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia”.

¿Quién de los gobernantes de todos los niveles en nuestros días, cumple la máxima de Cervantes, de que “si tomas por medio la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para que tener envidia a príncipes y señores”?

¿Cuál de los políticos de hoy en día, podría decir al final de su vida lo siguiente? “Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible”.