lunes 23 de octubre de 2017 | 03:50
Columnas

Mis entrelíneas de La conciencia

@yovaro dom 17 abr 2016 21:29
Ana María Matute
Ana María Matute
Foto propiedad de: Internet

 

“Ya no podía más. Estaba convencida de que no podría resistir más tiempo la presencia de aquel odioso vagabundo. Estaba decidida a terminar. Acabar de una vez, por malo que fuera, antes que soportar su tiranía”.

La conciencia de Ana María Matute  es un texto que puede leerse en diez minutos y encontrarlo en intermet, y al descubrirlo recordé cuando un desconocido se acercó a mí y me dijo: ¿Puedo hacerle una pregunta?  Y le respondí que no, mi mamá estaba conmigo y al ver que el señor dio las gracias y se retiró  me cuestionó por qué no permití que preguntara. Han pasado muchos meses de aquel suceso tonto o simple para mí; extrañamente mi mamá no lo olvida supongo que la duda le encadenó el recuerdo.

Cuando la incertidumbre es intensa se vuelve ansia insatisfecha y la saciamos morbosamente,  nos lleva  a buscar con vehemencia la información ajena de personas cercanas y más peligroso aún cuando son extraños. Aprender a domar la duda y la curiosidad te vuelve libre.

 

“Naturalmente, señora posadera, yo no vi nada. Vamos: ni siquiera sé si había algo que ver. Pero llevo muchos años de camino, ¡tantos años de camino! Nadie hay en el mundo con la conciencia pura, ni siquiera los niños. No: ni los niños siquiera, hermosa posadera. Mira a un niño a los ojos y dile: “¡Lo sé todo! Anda con cuidado…“. Y el niño temblará. Temblará como tú, hermosa posadera”.

No siempre podemos ni creo que debamos observar la vida con piedad y caridad, porque el peligro no atrapa en la terquedad sino en la debilidad de la buena intención y la cortesía que siempre seduce.

Balaustre:

El ‘porsiacaso’ es un mimo