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Columnas

Breve crónica sobre la Batalla de Puebla: Fueron tres y se ganó una

@RicardoChew mar 05 may 2015 14:44

Nada ganamos los mexicanos el 5 de mayo de 1862 en Puebla.

 

 

Como cada año, muchos jóvenes esperan con ansia la llegada del famoso puente del ?Cinco de Mayo? y no precisamente por lo que conmemoramos, sino porque representa un ?fin de semana largo? restando importancia a lo ocurrido en 1862.

Al tratarse de momentos de diversión, a pocos les interesa hoy en día saber cuál es la historia de nuestro país, algo lamentable y que debemos inculcar en nuestra juventud. Decía Montesquieu: ?Feliz el pueblo cuya historia se lee con aburrimiento?, sin embargo la historia de nuestro México, es una historia llena de pasión y de capítulos de los que debemos sentirnos orgullosos.

El 5 de mayo es una fecha importante de la historia de nuestro país, pues representa una importante victoria mexicana con resonancia global ya que se venció al ejército más experimentado y reputado de la época.

La realidad es que fueron tres batallas y sólo se ganó una, esta es la historia:

El 5 de mayo de 1862 se llevó a cabo la primera batalla de Puebla contra las tropas francesas que avanzaron de Córdoba, hacia la Ciudad de México. No fue del todo una batalla; una avanzada del ejército francés fue en exploración para ver las posibilidades de un gran avance y fueron recibidos por el ejército de los Zacapoaxtlas, que efectivamente vencieron a la avanzada y los obligaron a replegarse a Córdoba. Un verdadero triunfo hubiera significado ir tras ellos y hacerlos volver hasta el mar; una vez que las tropas invasoras huyeron mientras que las tropas nacionales suspendieron el ataque por instrucción de Ignacio Zaragoza; el general que no supo, quiso o pudo consolidar el triunfo, el general que desde una casa de campaña y en una mesa de estrategia cantó la retirada, a pesar del empeño de Porfirio Díaz de continuar el ataque.

Las tropas invasoras se replegaron, se reagruparon, se recuperaron y se triplicaron. Una vez hecho todo esto, volvieron al ataque y se enfrentaron de nuevo al ejército mexicano en la segunda batalla de Puebla, esa de la que no hablan ni media palabra los libros de historia por una razón muy simple; porque se perdió. A pesar de la resistencia heroica y patriótica del Ejército del Oriente liderado por el General Jesús González Ortega en el sitio de Puebla en 1863. Donde los franceses marcharon sobre Puebla, tomaron la ciudad y siguieron su avance hasta la capital, que fue tomada el 7 de julio de 1863, mientras el gobierno de Juárez huía con las leyes de la República a San Luis Potosí, custodiados y protegidos en todo momento por el general Porfirio Díaz, que se enfrentó y derrotó en 32 ocasiones a los franceses.

Como sabemos esta ocupación francesa, promovida en gran medida por el hijo de José María Morelos que dio lugar al corto Imperio de Maximiliano, quien aceptó el ?Trono de Moctezuma? el 10 de abril de 1864. En marzo de 1866, tras apenas dos años de gobierno, Maximiliano perdió el apoyo de Napoleón III, quien mandó a que sus tropas se fueran retirando del país y selló con ello la suerte del emperador. Juárez permaneció en la frontera con su gobierno, mientras dos generales mexicanos comenzaron la reconquista del territorio, Mariano Escobedo al norte y Porfirio Díaz al sur.

Mariano Escobedo, escoltando a Juárez, tomó Querétaro mientras por otro lado se llevó a cabo la tercera batalla de Puebla; el 2 de abril de 1867, donde Porfirio Díaz derrotó a los franceses, los expulsó de la ciudad y los replegó hasta el Golfo de México. Después de eso, marchó sobre la Ciudad de México, donde derrotó a las últimas tropas enemigas, perdonó a los franceses y fusiló a Maximiliano de Habsburgo, Miguel Miramón y Tomás Mejía. El 15 de julio de 1867, el triunfante Díaz licenció a sus tropas y entregó la capital al presidente Benito Juárez.

¿Por qué nuestra historia ignora los triunfos de Díaz y las otras dos batallas de Puebla? Simplemente porque nuestro discurso histórico hizo de Juárez un héroe y de Díaz un tirano, los buenos son absolutamente buenos y los malos absolutamente malos. Es imposible entonces hablar de los aspectos malos de Juárez, como el hecho de que intento ceder importantes derechos de paso en territorio nacional a los Estados Unidos, y es prohibido hablar de los hechos heroicos de Díaz, como su participación en la primera Batalla de Puebla, donde todo el crédito se lo queda Ignacio Zaragoza, o sus más de 30 batallas victoriosas contra los franceses; mucho menos su apabullante triunfo en la tercera batalla de Puebla, de la que poco cuentan nuestros libros pero que fue en la que realmente se derrotó y expulsó a los franceses, y que fue vital para la toma de la Ciudad de México y el restablecimiento de la República. Así como también quedó en el olvido  la patriótica y  heroica defensa de Puebla en 1863.

Nada ganamos los mexicanos el 5 de mayo de 1862 en Puebla, nada en absoluto; un efímero laurel que, debido a la desunión del pueblo nos cristalizó y se convirtió en derrota y conquista. Mucho ganamos en la olvidada fecha del 2 de abril de 1867, cuando un olvidado y denostado héroe derrotó a los invasores del país. Pero el gobierno emanado de la Revolución erigió a uno como héroe y condenó a otro como villano, uno de los tantos episodios torcidos o inventados de nuestra historia en busca de sostener la ideología de un régimen. Hoy, es momento de recuperar la historia.

 

Ricardo Chew López

Dirigente Nacional

Expresión Juvenil Revolucionaria

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