Opina que Javier Sicilia está del lado equivocado

Javier Sicilia, el poeta que encabeza el llamado Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

"Quisiera que Javier Sicilia estuviera de este lado de la trinchera, lamento que esté del lado contrario, junto a los enemigos del pueblo."

Javier Sicilia, el poeta que encabeza el llamado Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, exigió en el Senado que se apruebe la reforma política y enfatizó: "No venimos a pedirles, venimos a exigirles que si tienen que hacer un periodo extraordinario, si tienen que dejar de dormir, si tienen que trabajar horas extra, es su problema", de acuerdo con la nota de EFE, del 20 de julio.

Es importante observar la coincidencia: Felipe Calderón también ha sido insistente en demandar al congreso que desahogue un paquete legislativo y que para ese fin, realice un período extraordinario. Los temas que reclama, son “las reformas política y laboral, así como la Ley de Asociaciones Público-Privadas y la de Seguridad Nacional” (Ver El Universal, 15/07/11), entre otras.

También es coincidente en este aspecto, la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo, uno de los organismos cupulares representantes del gran capital, que exigió asimismo un periodo extraordinario de sesiones para que los legisladores "aprueben por lo menos las reformas laboral, política, de seguridad y contra el lavado de dinero", de acuerdo con Notimex, en nota fechada el 21 de julio.

Las afinidades entre Calderón y los más poderosos dueños del dinero, son muy conocidas. No en balde su partido, el PAN, nació en una oficina bancaria –del Banco de Londres y México- y desde siempre ha estado al servicio de la crema y nata de la clase social dominante, la burguesía que trabaja unitariamente con el imperialismo. De ahí que en éste y en todos los temas de las agendas política y social, esa clase social y el PAN coincidan de manera plena e invariable.

Pero, ¿Sicilia? No es miembro formal del PAN ni está en el gobierno de Calderón; tampoco es uno de los magnates patronales, y es más, a raíz de los trágicos acontecimientos en que se vio inmerso, los azares de la vida lo vincularon con varios sectores del movimiento popular anticalderonista y antineoliberal, al grado de que un buen número de militantes de este movimiento lo llegaron a considerar un destacado miembro del mismo.

¿Hablará acaso de una reforma electoral distinta, con otra orientación y diverso contenido, en este caso a favor de la clase social desposeída?

No, esta posibilidad se descarta al ver que en los tres casos, la pretendida reforma incluye como esenciales dos aspectos: candidaturas independientes y reelección de los legisladores. ¿Entonces? Entonces me veo en la necesidad de dejar en claro que respeto su opinión, está en su derecho, pero discrepo de ella y la combato, y también ejerzo mi derecho.

Analicemos los dos temas en el contexto de la actual correlación de fuerzas entre las clases sociales, su relación con el Estado mexicano, con el sistema de partidos y con el sistema electoral, porque no tendría sentido abordarlo en abstracto.

México en los albores del siglo XXI es un país con una poderosísima burguesía, cuya cúpula la integran una docena de personajes que se codean con los más ricos del mundo, a pesar de ser un país pobre, tercermundista y carente de desarrollo. La capa de los súper acaudalados, deben su fortuna a las políticas neoliberales de los últimos treinta años, y no representan ni remotamente intereses nacionalistas, sino que están imbricados de manera muy estrecha con el capital financiero y corporativo internacional, estadounidense y europeo; es decir, desde el punto de vista de la nacionalidad, son apátridas, y desde el punto de vista de su capital, son aliados estrechos del imperialismo. Su poderío llegó a niveles que les permitieron tomar en sus manos el control del Estado mexicano durante los cinco sexenios más recientes, poniendo bajo su dirección a los tres poderes de la unión, a los gobiernos estatales y al sistema de partidos.

Los partidos políticos con registro, es decir, los que el mismo sistema político ha seleccionado para que tengan derecho a registrar candidaturas, vistos como instituciones –dejando aparte a sus miembros, entre los cuales hay muchos honestos, gente del pueblo, limpia y combativa- obedecen, todos, a la dupla imperialismo-burguesía, aunque algunos se digan de “izquierda”. Pero cada partido, sin dejar de ponerse a las órdenes del mismo amo, tiene intereses propios, de grupo, que los llevan, por una parte, a pelear entre ellos por quedarse con la mayor parte del pastel del manejo de los dineros públicos, y por otra, a regatear a la burguesía el monto de sus remuneraciones, exigiendo lo más posible. De ahí que la dupla imperialismo-burguesía entreguista, pretenda abaratar sus servicios por la vía de las candidaturas ciudadanas, a mayor competencia, precios menores.

Por otra parte, ampliarían todavía más el abanico de barajas que esconden bajo sus mangas, de manera que si esta reforma se estableciera, en 2012 el gran capital podría tener a su servicio al candidato del PRI y al del PAN –que ya los tiene seguros- probablemente también al del PRD –si éste es un neoliberal asistencialista, como el jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard- y, por si acaso la candidatura del movimiento popular antineoliberal y antiimperialista de Andrés Manuel López Obrador creciera mucho y pusiera en riesgo a sus títeres, contando con la complicidad de las televisoras y el “marketing”, más sus enormes recursos económicos, podrían inflar a un Castañeda o cualquier otro tipo semejante, y preferible si el seleccionado es alguien que pueda dividir a dicho movimiento popular. A esto se debe que la clase social dominante tenga tanto interés en las candidaturas ciudadanas, en el contexto actual.

Ahora, por lo que hace a la reelección de los legisladores. Mi partido la propuso, debo recordarlo, y la defendió con vehemencia, en varias ocasiones. Pero era otro el contexto histórico y era otra la correlación de fuerzas, muy distinta. La vida democrática, incipiente, daba pasos hacia delante; en la cámara de diputados estaban representadas todas las clases sociales, y los gobiernos eran vacilantes, entremezclando medidas positivas con otras francamente reaccionarias. El debate parlamentario se empezó a dar de manera muy vigorosa, como forma concreta de la lucha de clases y como batalla de ideas y confrontación de programas, a partir de los inicios de la década de los sesentas. En esas condiciones, hubiera sido muy útil que los representantes del proletariado que más se destacaran en el parlamento, pudieran repetir un periodo consecutivo más, debatiendo con los de la clase dominante; eso podría haber impulsado el desarrollo democrático, el avance general del país y podría haber servido sobre todo a la clase trabajadora y al pueblo.

Pero no se hizo entonces, y hoy las condiciones son muy distintas. Empezando por el hecho de que hace diecisiete años que la clase trabajadora no tiene un solo representante en el congreso de la unión. Los debates que se dan, desde entonces, son pleitos, a veces muy animados, pero entre cofrades que compiten por posicionarse en el mercado electoral, dado que la política devino en valor de cambio, pero nada más. A la clase trabajadora y al pueblo, en estas condiciones, de nada les serviría que los diputados y senadores se reelijan. Pero sí le serviría a la gran burguesía, porque la clase dominante, que tiene la capacidad para hacerlo, pondría los reflectores de los medios de comunicación sobre dos franjas de los parlamentarios, una, la de sus más fieles servidores, para exaltarlos, inflarlos y mantenerlos en sus puestos de manera infinita, y la otra, la de los que no se plegaran del todo a sus intereses y de alguna manera se “salieran del huacal”, para destruir su prestigio con campañas de lodo, como han pretendido hacer con López Obrador, por ejemplo.

Por eso veo muy mal que Javier Sicilia empuñe la bandera de la reforma política que tanto interesa a la gran burguesía corrupta y entreguista y al imperialismo, así como a su monigote, Felipe Calderón. Me opongo a ese propósito, lo combato y denuncio lo que en verdad significa. Pero más todavía porque, al exigir un período extraordinario, Sicilia contribuye a poner la mesa para que, en el mismo, no sólo se apruebe esa reforma, sino las otras, mucho peores para los intereses de la clase trabajadora y el movimiento popular, la laboral, la Ley de Asociaciones Público-Privadas y la de Seguridad Nacional, que son verdaderamente monstruosas.

Quisiera que Javier Sicilia estuviera de este lado de la trinchera, lamento que esté del lado contrario, junto a los enemigos del pueblo. Quizá el poeta pudiera reflexionar y reconsiderar su posición sobre este asunto, luego de dialogarla con las fuerzas populares, sería una excelente señal.

Ciudad de México, 25 de julio de 2011.

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo

Presidente del Partido Popular Socialista de México

 

 

http://www.ppsm.org.mx

0
comentarios
Ver comentarios