Lamentable que Cardenal que se ha distinguido por intolerante sea homenajeado

El Cardenal Juan Sandoval se ha destacado por su intolerancia, discriminación y pleno desconocimiento hacia los derechos humanos.

En ningún lugar se justifica que el Estado realice a un homenaje a un individuo que se destaque por su intolerancia, discriminación, y pleno desconocimiento hacia los derechos humanos. El cardenal podrá ser un brillante exponente para El Vaticano, pero su labor es contraria a los valores de nuestra democracia.

El Estado tiene cierta responsabilidad en inculcar y fomentar en todos sus miembros los principios y valores contenidos en su Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Desde que se han venido haciendo las reformas para implementar los derechos humanos a nivel constitucional en México, el cardenal ha hecho todo lo posible para oponerse a los mismos. Éste no es un individuo ético, que busque proteger a los más pobres, a los desprotegidos, como lo marca el evangelio; ya que, antes que nada, busca desconocer sus derechos, y busca que sigamos en la misma incultura de siempre.

Recordemos sus declaraciones sobre los derechos de las mujeres, cuando afirmó que las mujeres deben quedarse en su casa a las tareas del hogar, desconociendo su derecho al trabajo; o cuando también afirmó que éstas son golpeadas y violadas porque salen a la calle de modo que inciten a su victimario.

Otros casos conflictivos incluyen el negar a las mujeres sus derechos reproductivos, como es el uso del condón, los anticonceptivos; y de las personas con preferencias sexuales diferentes. Recordemos que un hombre de Dios no puede ser alguien quien fomente el odio, la discriminación y niegue la dignidad del hombre.

Existe una parábola cristiana que siempre me ha gustado y considero pertinente; se cuenta que un día un romano se le atravesó a un cristiano, y le exhorto en tono burlesco a que resumiera sus creencias en un enunciado; para lo cual éste último le respondió: “el cristianismo se resume en dos doctrinas, el amor a Dios sobre todas las cosas, y el amor al prójimo como a uno mismo; todo lo demás es comentario, ve y estudia”. Un hombre que toda su vida se dedicó a expresar la intolerancia hacia los demás, y a desconocer sus derechos humanos, no es un cristiano, y va contra las enseñanzas del cristianismo que siempre han buscado la inclusión y la universalidad. Por Germán Cardona Müller.

 

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