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El Valle del Ocotito, la obsesión de 'Los Ardillos'

Redacción SDPnoticias.com mar 06 feb 2018 16:07
Foto propiedad de: SDPnoticias.com

El grupo criminal busca el control del corredor que va de Acapulco a la Ciudad de México.

México.- El Valle del Ocotito, ubicado al sur del municipio de Chilpancingo, Guerrero, se ha convertido en los últimos meses en la obsesión del grupo criminal "Los Ardillos", toda vez que se han perpetrado cuatro ataques contra la policía comunitaria ahí instalada. 

En dicha zona se asientan cinco de los pueblos más numerosos del municipio de Chilpancingo, ciudad estratégica por su comunicación con pueblos de la Sierra y paso de la carretera federal México-Acapulco y de la Autopista del Sol.

En esta zona, desde enero de 2013, opera una policía comunitaria adscrita a la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), que a pesar de divisiones y conflictos internos logró restablecerse, y la cual es dirigida por Bruno Plácido Valerio.

Por otra parte, “Los Ardillos”, son un grupo criminal establecido en el municipio de Quechultenango, presuntamente encabezado por Celso Ortega, hermano del precandidato a una diputación local Bernardo Ortega.

Este grupo logró extender la influencia de "Los Rojos" a los municipios de Tixtla y Chilpancingo, y estaría en búsqueda de extender el corredor a las carreteras federales y hacerse del control total de la capital de Guerrero. 

El Valle, próximo objetivo

El ingreso de elementos de la UPOEG al Valle del Ocotito provocó en una primera instancia el repliegue del grupo criminal, no obstante "Los Ardillos" han buscado las divisiones y conflictos internos de la policía comunitaria para reagruparse y volver. 

Desde finales de noviembre se han registrado enfrentamientos entre elementos de la policía comunitaria, policía estatal y grupos armados. El 26 de noviembre se registró uno en el poblado de Buenavista de la salud; solo dos días después se registró otro en la localidad de Palo Blanco, ubicada a solo 15 minutos de Chilpancingo. 

El pasado 29 de enero se generó otro enfrentamiento: Cuatro integrantes de la UPOEG son emboscados, acribillados e incinerados.

Para los integrantes de esta policía comunitaria, el objetivo es claro: “Los Ardillos” quieren controlar esta zona que sería estratégica para el tráfico de drogas, en el corredor que va de Acapulco a la Ciudad de México, y desde hace cinco años no se lo han permitido.

A juicio de los comunitarios, hay complicidad y complacencia del gobierno del Estado con "Los Ardillos", pues de otra forma no se explican la serie de ataques  -cuatro en tres meses- y el número de pérdidas humanas. 

En un recorrido que integrantes de diversos medios de comunicación realizaron por los cinco pueblos, fue notoria la ausencia gubernamental. Desde el poblado de Mohoneras (al sur del valle) hasta El Rincón (al norte), no se observó ninguna patrulla del Ejército o de la Policía Estatal.

En los límites de El Ocotito y Buenavista, los infiltrados del grupo criminal mantuvieron una base secreta por al menos una semana, observando los movimientos de la UPOEG, a escasos 200 metros, en el fondo de una barranca, donde fueron observados restos de comida, cobijas y objetos para mantenimiento de armas.

Fue en ese punto donde la noche del lunes se dio un ataque en contra de civiles que transitaban por la carretera federal México-Acapulco, y donde resultaron heridas por lo menos tres personas.

Para la UPOEG, esto es la muestra de que “Los Ardillos”, están completamente infiltrados en el sistema, y que seguirán insistiendo en “reventar” este sistema comunitario.

"No se los vamos a permitir"

Armados de valor, con armas rústicas y alguna que otra de alto poder, los 10 elementos que recorren la zona donde este grupo infiltrado se escondía, señalan que no van a permitir el ingreso de dicho grupo, y que a toda costa van a defender el Valle del Ocotito.

A pesar de que el Gobierno de Guerrero ha sido omiso, y se ha negado a reforzar esta zona que podría convertirse en otro “Chilapa”, se dicen dispuestos a hacer frente a esta situación. “No se los vamos a permitir”, dijo un elemento mientras empuñaba su escopeta, y apuntaba al cerro.

Desde hace meses, la familia de Miguel Ávila, dijeron, ha tratado de reventar el movimiento promoviendo conflictos al interior de la UPOEG, incluso junto con Marco Antonio Salgado Pineda intentaron hacerse dueños, pero las bases defendieron a sus policías.

Este, fue el último intento, y no dudan que haya otros, pero están preparándose; esta vez fueron descubiertos y exhibidos a tiempo, ya se conocen sus complicidades y su forma de operar, por lo que se están montando operativos en los alrededores del Valle, incluso se coordinaran con el FUSDEG de Tierra Colorada para enfrentar esta situación.