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Ediciones Locales

Activistas realizaron demostraciones en solidaridad con niñas y mujeres de Nicaragua

Las actividades se realizaron el último fin de semana de agosto.

 

Durante el último fin de semana de agosto, en el andador de la Av. Chapultepec de la ciudad de Guadalajara, activistas de Amnistía Internacional se manifestaron para pedir a las y los paseantes su respaldo a una petición dirigida al gobierno nicaragüense instándole a que tome medidas adecuadas para proteger a las niñas y mujeres de Nicaragua de la violencia sexual.

Durante esta actividad quienes apoyaban esta iniciativa de Amnistía Internacional colocaron luces y flores en las inmediaciones.

“Cada flor y cada luz habla por una niña o mujer en Nicaragua, muchas de ellas han ya fallecido debido a las inadecuadas políticas del gobierno nicaragüense y nunca podrán hablar”, afirmó momentos antes desde Daniel Zapico, Coordinador de Movilización e Impacto de Amnistía Internacional.

Al anochecer más de 300 luces y flores habían sido colocadas por las personas que se solidarizaban con las niñas y mujeres víctimas de violencia sexual en Nicaragua y en muchas de ellas se leían mensajes como “Por maría”, “Por Lucia” o “Por las niñas de Nicaragua”. De esta manera Guadalajara se convirtió en la primera ciudad en sumarse a esta iniciativa de Amnistía Internacional.

 “¿Qué porque aquí?” – Respondió una activista ante la curiosidad de un asistente “Venimos a Guadalajara para hablar en su nombre, ya que en Nicaragua las mujeres que alzan su voz frente a la violencia son intimidadas”.

Información adicional:

Según datos policiales, en Nicaragua entre 1998 y 2008 se denunciaron más de 14.000 casos de violación. Dos tercios de las víctimas eran menores de 17 años. Las cifras de denuncias de violación son aún más alarmantes si se tiene en cuenta que en Nicaragua la violación es un delito poco denunciado, especialmente cuando se cometen contra niñas y los agresores son familiares de las propias víctimas. Según las denuncias, los autores más habituales de la violencia sexual contra las niñas son familiares y personas que ocupan una posición de poder. 

La ausencia de programas gubernamentales para concienciar a la población sobre la violencia sexual significa que, a menudo, es a la víctima a quien se culpa, y no al agresor.  Pese a que en Nicaragua existen protocolos para policías, fiscales y jueces sobre el trato a las víctimas de violación y abuso sexual, las víctimas a menudo en lugar de un trato atento y profesional, lo que se encuentran son policías, fiscales y jueces que no cumplen las normas nacionales e internacionales sobre el trato a las víctimas de abuso sexual.

Algunas sobrevivientes sufren el trauma adicional de descubrir que se han quedado embarazadas a consecuencia de la violación y  no se les proporciona ayuda ni para cuidar del bebé ni para regresar a sus estudios o su trabajo. La reciente prohibición total al aborto agrava aún más las consecuencias al no permitirles ni a víctimas ni a profesionales de la salud considerar esta alternativa, aún cuando la vida de la madre está en riesgo.