September 16, 2019 16:28


La Industria Cultural

La Industria Cultural
Foto: Lucasfilm/DisneyFoto: Lucasfilm/Disney

De cómo la actividad propiamente humana se convirtió en un producto

Después de un largo desarrollo, tocamos la última parte de este pequeño análisis del concepto de cultura y algunas de sus ramificaciones: La Industria Cultural. Si deseas tener un contexto más amplio antes de leer el siguiente texto, puedes consultar las entradas anteriores: ¿Qué se entiende por cultura? Y ¿Qué son la Alta y Baja Cultura?

Podemos decir que el término ?Industria Cultural? comenzó a acuñarse desde finales del S. XVIII y principios del XIX con Immanuel Kant en su ?Crítica del Juicio?; esto debido a que muchos lo empatan con el concepto de ?Cultura de masas? o ?Mass Media?. Así, el filósofo alemán sostiene que, para llegar a una norma del gusto, debe de existir un ?sentido común?, esto es, que una obra de arte despierte el mismo sentimiento en la gran mayoría de personas cuando se exponen a ésta; sin tener un contexto previo de la misma, es decir, que no sepan quién la produjo, cómo fue su producción, ni el significado que el autor le quiso dar; el sujeto se debe de presentar ?sin contenido?. Si a esa gran mayoría le parece bella, entonces la obra es bella.

Partiendo de lo anterior, la Industria Cultural se basa en la producción o creación de productos y actividades de ocio que puedan complacer a las mayorías que consideran eso como ?bello?; reduciendo a la obra de arte (y todos sus derivados, como la artesanía) a simples objetos de placer inmediato, que valen más por estado extrínseco que poseen, más que por ellas mismas. Ejemplo, un videojuego, gadget o película valen más por ser la novedad; dando una sensación de ?modernización? a su poseedor o público, que por aquello para lo que fueron creados o lo que digan en su desarrollo dramático (dar un momento de esparcimiento, comunicarse o tener una historia con una profundidad real).

Como se había mencionado anteriormente, lo cultural es entendido como la actividad propiamente humana, al ser ésta la que provee de un sustento lógico y fundamental a la existencia misma; donde se simboliza el entorno más allá de su presentación inmediata; lo que a su vez generará una serie de hábitos, mismos que ayudarán al humano a desenvolverse en ese mundo simbólico. Sin embargo, también se señaló que dicha ?riqueza cultural? podría hundir a la raza por medio de la sobresignificación; la Industria Cultural es ese reducto peligroso creado a partir del exceso.

De cómo la actividad propiamente humana se convirtió en un producto

Por ello, también se trata de otro tipo de adiestramiento y selección, pues se crean nuevos tipos de hábitos para las formas culturales altas, como para las bajas. Así, ningún estrato está fuera de su campo de acción, ya que tenderá a generar diversas actividades y objetos para diversos públicos; sí bien se pone especial énfasis en las mayorías, eso no quiere decir que no se tengan ofrecimientos para el resto de las personas; incluso aquello que se tiene como independiente, al estar enclavado en el sistema imperante y buscar algún tipo de reconocimiento o remuneración, más allá de su presentación inmediata ?sin contenido?, formará parte de la Industria Cultural. Incluso los rituales arcaicos pierden su sentido primario, para volverse objetos culturales de entretenimiento.

Theodor Adorno y Max Horkheimer, en la Dialéctica de la Ilustración, hacen referencia de que esta práctica no tiene como objetivo llevar a la sociedad a un estado de beneficio o mejoramiento, por el contrario, enseña al público adecuarse a la decepción perpetua de la vida moderna, siendo un escape de las jornadas laborales exhaustivas, después de las cuales no se tienen ganas de llegar a un estado reflexivo.

Claro está que eso dependerá de cada individuo, críticos de los filósofos mencionados señalan que, si bien la Industria Cultural no es lo ?óptimamente mejor? para el desenvolvimiento de la actividad humana; su comprensión puede llevar a los artistas y espectadores a usar los medios para un fin más encomiable, jugando con las mismas armas que se les han dado.

Bibliografía.

Kant, Immanuel; Crítica del Juicio

Adorno, Theodor; Horkheimer, Max; Dialéctica de la Ilustración

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