domingo 22 de julio de 2018 | 01:40
Gay

"Me volvía loco": más de 50 años después, relata el terror vivido en una terapia de conversión

Redacción SDPnoticias.com dom 08 jul 2018 17:11
Foto propiedad de: LINDSEY PARNABY / AFP

"Salí adelante, porque soy una persona fuerte. ¿Cuántos no lo habrán superado?"

Peter Price tenía sólo 18 años cuando sufrió una terapia de conversión que intentaba revertir su homosexualidad. Luego de tres días difíciles días en el tratamiento, su orientación sexual no cambió, pero las secuelas perduran en él.

Peter ahora es locutor de radio, tiene 72 años y le indigna que, a pesar de que esta misma semana el gobierno de Theresa May anunció un plan de más de 100 millones y medio de dólares (4,5 millones de euros) para "mejorar la vida de las personas LGBTI”, la legislación británica no prohíba aún las prácticas de conversión.

Después de muchos años de haber huido de esta experiencia traumática, Price da su testimonio, con la esperanza de que ningún otro homosexual sufra esta "tortura". 

En 1964, cuando la homosexualidad aún era un delito en Reino Unido, Peter aceptó ir al Diva Hospital, una clínica psiquiátrica situada en Chester, para calmar los temores de su madre: "Estaba desesperada cuando le anuncié que era homosexual". 

"Fuimos a ver a un médico, que nos dijo que había un remedio", recuerda Price. Este consistía en seguir un tratamiento durante cinco días, "una terapia por aversión", que somete al paciente a una estimulación sexual asociada a una experiencia desagradable.

Encerrado en una habitación sin ventanas, tuvo que seguir el mismo ritual, una hora tras otra: escuchaba una grabación con relatos sexuales y miraba fotografías de hombres en traje de baño para luego recibir inyecciones que le provocaban diarreas y vómitos.

"Estaba acostado encima de mis excrementos, era horrible", lamenta. "La idea era provocar un sentimiento de repugnancia cuando uno piensa en otro hombre". 

Después de seguir la terapia durante tres días sin interrupción, Price quería abandonar el hospital. "Me estaba volviendo loco, ya no me interesaba el tratamiento, lo único que quería era salir de allí". 

Pese a la insistencia del psiquiatra, el joven Price consiguió escapar antes de llegar a la última fase de la terapia en la que recibiría una descarga eléctrica cada vez que se excitara sexualmente.

"Después de esto, decidí cambiar de vida y asumir quien era", confiesa.

Nunca consiguió explicarle esta traumática experiencia a su madre.

Tuvo que esperar 50 años antes de que las terapias de conversión se situaran por primera vez en el debate público de su país. Ocurrió cuando se hizo mediático el caso de un grupo de soldados expulsados del ejército por ser homosexuales.

"Este caso tuvo un impacto en mi estado de ánimo que no consigo explicar", reconoce el presentador de radio. 

"Mi vida fue satisfactoria, mi carrera profesional exitosa, pero también hubo periodos terribles de depresión, pensamientos muy oscuros a causa de esto (la terapia de conversión)". 

El nuevo plan del gobierno británico pretende poner punto final a las terapias de conversión, calificadas de "práctica abyecta" por la primera ministra Theresa May.

"Llevan cincuenta años de retraso", afirma indignado Price. "Salí adelante, porque soy una persona fuerte. ¿Pero cuántos habrán sufrido en silencio? ¿Cuántos no lo habrán superado?"

Según un estudio realizado en 2017 por la Oficina gubernamental de igualdades, con el testimonio de 108 mil personas homosexuales, bi o transexuales, al 7% de los integrantes de la comunidad británica LGBT les propusieron una terapia de conversión, y el 2% la padecieron.

En el 51% de los casos, grupos religiosos llevan a cabo estas terapias, mientras que profesionales sanitarios las efectúan entre el 19% y el 16% de los casos.

Con información de AFP.