domingo 16 de diciembre de 2018 | 10:37
Estilo de vida

Experimenta los miedos de Ricardo Martínez en Bellas Artes

Elizabeth Flores / SDPNOTICIAS.com jue 29 nov 2018 17:29

El terror a los perros no paralizó la creatividad de Ricardo Martínez (1918-2009), al contrario, lo afrontó a punta de pincel, carbón, luz y color. En las diferentes etapas de su trayectoria creativa son los caninos y su relación con ellos, una línea constante que queda de manifiesto en la breve y última exposición del Palacio de Bellas Artes de 2018: Ricardo Martínez: Desde el Interior.

En dos salas de la planta baja del emblemático palacio se pueden observar más de 100 piezas de este artista chilango, quien se mantuvo activo hasta los últimos días de su vida. 

Gustoso de pintar bajo la luz natural e influenciado por Manuel Rodríguez Lozano, Giorgio de Chirico y Julio Castellanos, su producción se caracteriza por figuras voluminosas, curvas armoniosas como pronunciadas de parejas o mujeres majestuosas. Y esa es tal vez su faceta más conocida.

No obstante esta exposición que conmemora 100 años de su nacimiento, disponible hasta el 24 de febrero de 2019, da cuenta de sus miedos, su incursión al surrealismo y al trabajo editorial. En su primera etapa, por ahí de la década de los 40, pintó Sueño, una de las imperdibles de esta exposición. Muy oculta y al fondo de una de las salas se encuentra Niños con perros, el dibujo más antiguo que se conserva del artista.

Muy bien conectado al circuito de escritores de su época, con figuras como Juan José Arreola y Ali Chumacero, ilustró una edición de Pedro Páramo, de Juan Rulfo, para el Fondo de Cultura Económica, pero sus trazos también se apreciaron en publicaciones de la Editorial Joaquín Mortiz. En este núcleo temático se encuentra otro imperdible: la muy bien conocida introducción de la fantasmagórica ficción de Rulfo dedicada a Carlos Monsiváis e ilustrada por Martínez con, nuevamente, perros salvajes y atemorizantes.

Su aportación a la construcción de la identidad mexicana contemporánea se expresa en las costumbristas Niño cantando (1954) y El Niño del Balero (1956), donde los colores sólidos y brillantes recuerdan a los empleados por el arquitecto Luis Barragán.

Los perros, siempre presentes en su vida y a lo largo de los pasillos de este par de salas, continúan salvajes, indomables en Estudio preparatorio para la Llorona (2004), una de las últimas producciones del artista que no deja duda de su temor y admiración a ellos. 

Fotos: Diego Uriarte / SDPnoticias.com