domingo 23 de septiembre de 2018 | 07:54
Estilo de vida

Origami, la original propina que reciben los meseros de Japón

Redacción SDPnoticias.com jue 05 jul 2018 14:47
Foto propiedad de: Quentin Tyberghien / AFP

"El dinero no es el único medio para expresar sentimientos positivos".

Yuki Tatsumi era mesero en una bar de Kioto cuando recibió una increíble sorpresa: un cliente dejó en su mesa un empaque de papel para los palillos plegado de forma abstracta. Sin que Yuki lo supiera, ese fue el inicio de una colección que hoy reúne 15 mil figuras de origami. 

"Esta primera pieza bien hubiera podido acabar en la basura", recuerda el joven de 27 años. Pero le hizo reflexionar. "¿Y si era un mensaje que me enviaban los clientes? De repente, limpiar las mesas se convirtió en algo divertido". 

En su país no es costumbre dejar monedas a los meseros, pero Tatsumi ahora ve a estas pequeñas obras de papel como una propina "a la japonesa"; por esta razón, espera con ansias la llegada de nuevas piezas. 

Foto: Quentin Tyberghien / AFP

No tardó en constatar que existía una inmensa variedad de estas miniaturas de arte dejadas por los comensales. Nada sorprendente en un país en el que este arte es un pasatiempo muy popular que incluso se enseña en el colegio. 

"Descubrí que muchos de ellos tenían formas que en Japón traen buena suerte, como un abanico, una grulla o una tortuga", cuenta. "Incluso vi una mesa transformada en acuario, con papeles plegados en forma de peces y de algas". 

Encantado con estos hallazgos, Yuki pidió a otros restaurantes que le dieran esos pequeños regalos dejados por los clientes sin saber que tiempo después tendría una enorme colección que se haría famosa en el mundo. 

Motivado por su nueva pasión, en abril de 2016, comenzó un viaje de un año por el país, pidiendo a cientos de restaurantes, bares y puestos de tallarines que compartieran con él sus "propinas". 

Foto: Quentin Tyberghien / AFP

Como era de esperarse, hubo reacciones de todo tipo que fueron de la curiosidad al recelo pero finalmente, 185 negocios, desde la isla septentrional de Hokaido hasta las comarcas de Okinawa, en el sur, prometieron guardar todo lo que encontraran para enviárselo. 

"Muchos dueños de restaurantes que me ayudaron me dijeron que ahora sentían que eso era mucho más gratificante que una propina con dinero", dijo Tatsumi. 

Foto: Quentin Tyberghien / AFP

En la actualidad, trabaja como investigador en un museo de arte de Kameoka, cerca de Kioto, y atesora cada una de las piezas en una pequeña cajita de madera, como si de una joya se tratara. 

Muchas son simples: un reposa-palillos de papel, por ejemplo. Pero otras están mucho más elaboradas, como un pequeño vestido blanco y negro o un empaque azul doblado enrollado en forma de serpiente. 

Tatsumi ve en esto un medio de comunicación entre clientes y meseros y se inquieta el pensar que cada vez es más común que esta relación sea remplazada con un aparato que recoge pedidos. 

"Entrar en un restaurante y tratar con una máquina, no creo que te dé ganas de fabricar objetos. Creo de verdad que solo se crean cuando la gente se comunica directamente", sostiene. 

Foto: Quentin Tyberghien / AFP

Tatsumi ya ha expuesto su colección de pequeños trofeos en Japón y prevé presentarla en París o Corea del Sur este año. 

"Japón es un país muy rico, donde uno puede encontrar algo de comer en cualquier lado y a cualquier hora, pero tengo la impresión de que la gente siente menos gratitud que antes hacia lo que tienen y hacia quienes preparan los alimentos", considera. 

Con información de AFP