Kate y Guillermo hacen historia con boda real

Con una sonrisa que iluminó las pantallas de los televisores alrededor del mundo, Kate Middleton contrajo matrimonio con el príncipe Guillermo, en una unión que promete revitalizar la monarquía británica.

LONDRES (AP) — Aunque sabían que su boda no era como cualquier otra y que miles de millones de personas observaban cada uno de sus movimientos, la pareja pareció lograr, por momentos, estar en su propio mundo privado, tanto en la Abadía de Westminster como en el balcón del Palacio de Buckingham.

Guillermo le habló en susurros a Kate, quien irradiaba alegría, cuando se comprometieron a una vida en común, luego de un sencillo, pero sentido "sí quiero".

El príncipe se sonrojó un poco en la antesala al esperado momento, pero tanto Guillermo como Kate recitaron sus votos sin titubear ante el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, primado de la Iglesia de Inglaterra.

Tras un paseo ceremonial por Londres, se dieron no sólo uno sino dos besos, dulces y un tanto tímidos, cuando aparecieron en el balcón del palacio. Poco después, una fila de aviones antiguos y modernos de la Fuerza Aérea británica sobrevoló la multitud.

"Ha sido un evento impresionante, impactante, muy emotivo. Una ceremonia bien planeada y ejecutada a la perfección. El Reino Unido tuvo su cuento de hadas hecho realidad", dijo a The Associated Press Mauricio Rodríguez, embajador de Colombia en el Reino Unido, uno de los 1.900 privilegiados que asistieron al evento en Westminster.

"La boda ha sido una combinación muy buena entre las tradiciones del pasado y el homenaje a la historia y un toque de modernidad de dos jóvenes (Guillermo y Kate), universitarios y sencillos", añadió.

Un millón de personas se reunió en las calles cercanas a la Abadía de Westminster y el Palacio de Buckingham para ver la procesión de los novios.

Aproximadamente 2.000 millones vieron la transmisión en directo por televisión.

La operación de seguridad fue la mayor desde la boda de Carlos y Diana Spencer en 1981 y el día transcurrió sin mayores desperfectos. La policía dispersó algunas protestas de antimonarquistas y anarquistas. También arrestó a 55 personas por delitos menores como robo, encontrarse en estado de ebriedad o trastornar el orden público, pero en general el ambiente fue de celebración total.

"Hemos visto a millones celebrar sin distingo de edades, todos conmemorando este enlace", dijo Rodríguez. "Ha sido un homenaje a esta gran nación, a la historia, a las tradiciones del Reino Unido y al mismo tiempo un excelente mensaje de unión en torno a la monarquía".

Para gran parte del mundo, la boda fue una espectacular introducción al carisma cautivador de Middleton. A pesar de la presión, la chica de 29 años se desenvolvió con una sonrisa relajada y un sentido de decoro apropiado para la ocasión.

Luego de la ceremonia, le hizo reverencia con soltura a su nueva abuela, la reina Isabel II, compartiendo con naturalidad el escenario con una mujer que ha reinado desde 1952. De hecho, el primer regalo a los novios provino de ella: los títulos de duque y duquesa de Cambridge.

Aclamada por la multitud, Middleton recorrió junto a su esposo el centro de Londres en el impresionante carruaje de 1902 construido para la coronación del rey Eduardo VII. Muchos británicos no habían podido presenciar a una novia real tan serena y hermosa desde la juventud de la reina.

El vestido de Middleton, el secreto mejor guardado de la boda, despertó exclamaciones de admiración cuando salió del Rolls-Royce en el que llegó con su padre a la abadía. En contra de los pronósticos, el sol iluminó el día a través de las nubes grises, justo en ese momento.

El atuendo de la novia, color de marfil con encajes, fue diseñado por Sarah Burton de la casa Alexander McQueen. Kate llevaba también el pelo parcialmente recogido con una tiara creada por la prestigiosa firma Cartier en 1936, y cedida por la reina Isabel II para la ocasión.

Lucía, asimismo, lució unos impactantes zarcillos de diamantes que fueron un regalo de sus padres. Guillermo vestía el uniforme escarlata de la Guardia Irlandesa, una señal de apoyo a las fuerzas armadas y un refuerzo para su imagen de militar de carrera.

La madrina Pippa Middleton llevó un vestido y peinado sencillos, en tanto el padrino, el príncipe Enrique, vistió uniforme militar de parada. Las niñas del cortejo estaban ataviadas con vestidos color crema y flores en el cabello.

La abadía fue decorada con árboles de arce y carpes en el camino hacia el altar, mientras la luz se filtraba por los ventanales arqueados del icónico recinto.

"Ha sido una boda muy sobria y muy bien organizada, pero quizá un poco fría", señaló el español Ricardo Mateos, experto en la realeza europea. "Desde luego, el perfil de la boda ha sido bajo, ajustado al lugar que Guillermo ocupa en la sucesión al trono, que es el segundo, por detrás de su padre el príncipe Carlos".

"Me ha sorprendido la cantidad de personas congregadas en las calles y la decoración con los árboles en Westminster, en la que estoy seguro que Carlos, gran amante de la naturaleza, ha tenido mucho que ver", agregó.

El palacio tuvo dos fiestas, una ofrecida por la reina para 650 invitados y otra con música y baile, para unas 300 personas cercanas a la pareja. La familia real hizo público el menú del primer almuerzo, compuesto de unas 20 diferentes variedades de canapés, entre ellos salmón escocés ahumado en blinis de remolacha, espárragos escalfados con salsa holandesa y huevos de codorniz con sal de apio. Tampoco faltaron los dulces y la tarta nupcial.

En las calles del Reino Unido tampoco hicieron falta los festejos tras la boda. Mientras los británicos celebraban la monarquía, los turistas extranjeros no dudaban en deleitarse con sus tradiciones.

Las festividades reflejaron el apego que los británicos aún tienen por la realeza, que sigue siendo un símbolo de unidad y orgullo.

"Es muy emocionante", dijo el primer ministro David Cameron. "Anoche me encontré con gente durmiendo en las calles. Hay un ambiente de entusiasmo que es difícil describir... es una oportunidad para celebrar".

En un comunicado la Casa Blanca felicitó a los novios. "En esta ocasión el pueblo estadounidense felicita de todo corazón al pueblo del Reino Unido y la Mancomunidad Británica de Naciones y comparte las esperanzas de un futuro brillante para la pareja real", decía el documento.

La confianza entre Guillermo y Kate fue evidente: por momentos, el príncipe tenía que controlarse para no soltar risitas y ella sonrió iluminando las pantallas de la televisión cuando su esposo se le acercó para decirle: "te ves hermosa".

Su intimidad marcó una gran diferencia ante la falta de química entre el frío príncipe Carlos y Diana hace 30 años, cuando comenzaron un matrimonio que terminó por derrumbarse entre noticias sensacionalistas e hizo que muchos británicos se pusieran en contra de la monarquía.

En cambio el príncipe mostró una cualidad pocas veces vista entre la realeza: humor. Al ver a los 1.900 invitados en la abadía, se acercó a su suegro Michael Middleton para decirle en broma: "¿no se supone que esto sería una fiesta familiar?".

Tras la recepción matutina en el Palacio de Buckingham llevó a su esposa a dar una vuelta en coche en un Aston Martin Volante convertible, color azul obscuro, adornado con moños y globos que tenía la placa "R3CIEN CASADOS"

El presentador de televisión Ben Fogle, quien es amigo de la pareja, dijo que el ambiente era relajado durante las fiestas vespertinas en el Palacio de Buckingham y que hubo discursos "muy graciosos y honestos".

La bandera fue arriada del asta y la reina y su esposo se retiraron del palacio para que los más jóvenes festejaran toda la noche y para que Enrique diera su discurso de padrino lejos de los oídos de sus abuelos.

Existían reportes sobre que Enrique planeaba un desayuno británico, de huevos, salchichas y tocino frito, para aquellos que resistieran despiertos hasta el amanecer.

La pareja ha vivido recientemente en una casa modesta en Gales, cerca de la base donde rinde servicio Guillermo en la Real Fuerza Aerea y continuarán en esa localidad tras su luna de miel, cuyo destino sigue siendo otro secreto bien guardado.

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Los periodistas de The Associated Press Aaron Edwards, Cassandra Vinograd, David Stringer, Toby Goode y Fergus Bell en Londres contribuyeron con este despacho.

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