Vislumbra AMLO "Estado de derecho como nunca"

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No al estatismo, sino libertades plenas, tolerancia y diálogo abierto. Eso es democracia. Son malos todos los monopolios y más el del poder, dice a empresarios de CoahuilaInternet

  Con dos expresidentes vecinos presos por delitos de corrupción —Otto Pérez y Álvaro Colom, de Guatemala—, Andrés Manuel López Obrador prefiguró el país que aspira gobernar a partir del 1 de diciembre: "habrá Estado de derecho como nunca". Además, promoverá una reforma para retirar la inmunidad al ejecutivo federal, el cual ahora solo puede ser "acusado por traición a la patria y delitos graves del orden común" (artículo 108 de la Constitución). El candidato de la coalición Juntos Haremos Historia señaló que la corrupción le cuesta al país un billón de pesos anuales según el Banco Mundial. "Se los roban. (...) el corrupto es el gobierno, no el pueblo".

La corrupción será el tema central de las campañas presidenciales, dijo, al tiempo que prometió "cero corrupción y cero impunidad" en su hipotético gobierno: "Al margen de la ley nada, y por encima de la ley nadie". Sólo con autoridad moral se puede tener autoridad política, advirtió en un diálogo con empresarios de Coahuila este martes en Saltillo. Al siguiente día, en Madrid, el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa previno que el triunfo de López Obrador "sería un retroceso tremendo para la democracia mexicana" (Reforma, 28.02.18).

AMLO no respondió al excandidato a la presidencia del Perú en 1990 con exabruptos como lo hizo con Jesús Silva-Herzog Márquez y Enrique Krauze —al primero por publicar que "Del extremo del sectarismo, López Obrador se ha desplazado al punto contrario: el oportunismo"; y al segundo por apoyar la posición de su compañero de página en Reforma—. Se limitó a decir que el autor de "La llamada de la tribu", nuevo libro del peruano español, "es buen escritor, pero mal político".

En su reunión privada con empresarios, AMLO afirmó que "el país está en bancarrota", y que, al suprimir la corrupción, disminuir el gasto público, reducir el sueldo de los altos funcionarios y eliminar privilegios, se obtendrán ahorros suficientes para impulsar el crecimiento y el bienestar. Sin subir impuestos —aclaró— ni elevar la deuda, cuyo monto pasó de 1.7 billones de pesos con Vicente Fox a 5.2 billones con Felipe Calderón, y en el sexenio de Peña Nieto se disparó a 10 billones, cuyo servicio cuesta a los mexicanos 700 mil millones de pesos anuales.

"A los contribuyentes no se les debe tratar como delincuentes", expresó. En este punto, planteó una nueva reforma fiscal y esbozó que en el futuro las declaraciones podrían rendirse bajo protesta de decir verdad, revisarlas aleatoriamente y aplicar la ley a quien la viole. Pidió dejar de estigmatizar a los profesores. La reforma educativa no fue siquiera laboral, se hizo para "someter al magisterio", aseguró. Fijó otras prioridades: elevar la calidad de la enseñanza como base del desarrollo, rescatar al campo, producir lo que el país, fortalecer el mercado interno, promover la inversión mediante la convergencia de recursos públicos, privados y sociales, volver a la política de fomento que se abandonó hace más de veinte años y atender a los jóvenes. Por no hacerlo en las últimas décadas, el país se descompuso, denunció. En México se asesina a setenta personas cada día. Frente a la dispersión de las fuerzas de orden público, la solución es una Guardia Nacional. "Habrá más atención a la seguridad que a la defensa nacional".

Con respecto a la reforma energética, dijo que los resultados están a la vista: menor producción petrolera y combustibles y electricidad más caros. El gobierno —informó— otorga un subsidio anual por 30 mil pesos a quienes le venden energía y no a los consumidores.

Según AMLO, en México no existe democracia desde Francisco I. Madero. Por tanto, convocó a realizar la cuarta transformación "de manera pacífica", después de la Independencia, la Reforma y la Revolución. La opción del 1 de julio es clara: "cambio sí o cambio no". "Vivimos tiempos estelares. (...) Estamos en vísperas de lograr un cambio verdadero. (La del 1 de julio) no es una elección cualquiera, pero si no cuidamos las casillas habrá fraude. Hacer valer la democracia es asunto de todos los ciudadanos", apuntó.

"Queremos tener la certidumbre de que en México no se aplicará el ‘proyecto Venezuela’ si usted es presidente", planteó una asesora empresarial. "Ni con Venezuela ni con los rusos; ni verdes ni maduros", ironizó un AMLO relajado, quien estuvo flanqueado por Alfonso Romo, encargado de estrategia y enlace con empresarios, gobiernos y sociedad civil, y los candidatos a senadores Eva Galaz y Armando Guadiana. "Hay mucha propaganda y mucha manipulación", acusó.

Enfatizó que en su gobierno no habrá regreso al estatismo, sino libertades plenas, tolerancia y diálogo abierto, "aunque tengamos diferencias. Vamos a triunfar y va a haber oposición (política). Eso es democracia. Son malos todos los monopolios y más el del poder. (...) En el futuro no habrá fraudes electorales ni compra de votos. Se va a respetar la voluntad ciudadana. En otros países, los ciudadanos deciden y al día siguiente se conoce el resultado de la elección. En México se necesita un ejército de ciudadanos para cuidar los votos. Eso ya no va a pasar".

Por otra parte, descartó recurrir a acciones espectaculares para legitimarse. "No lo vamos a necesitar, acabaremos con la corrupción y la impunidad sin usar de manera facciosa las instituciones. Los demás candidatos no lo pueden hacer".

AMLO volvió a defender la postulación para el Senado del líder minero Napoleón Gómez Urrutia, exiliado en Canadá luego de ser acusado de defraudar 55 millones de dólares a un fideicomiso sindical, en aras de "la unidad nacional". También fue indulgente con los hermanos Humberto y Rubén Moreira. En ningún caso habrá "persecución política; justicia sí, venganza no", replicó a quien pidió, como ejemplo nacional contra la corrupción y la impunidad, enjuiciar a los exgobernadores por "haberse robado el dinero, la moral, la decencia".

Tres veces candidato a ocupar la silla del águila y esta vez con una la intención de voto más consolidada, pero sin medir las consecuencias de sus caprichos y arrebatos autoritarios, López Obrador recorre el país con aureola de ganador. La gente se le acerca, lo toca, se hace la foto con quien ya ven como su futuro presidente. Sin embargo, esa posibilidad todavía no deja de ponerle a legiones la piel de gallina.

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