El semáforo naranja en CDMX: al filo de la navaja...

Claudia Sheinbaum Pardo 19 de junio de 2020
Claudia SheinbaumTomada de video

La nueva normalidad es  un asunto crítico y urgente. Pero no debe ser excusa para trastocar las medidas de precaución en una laxitud fatídica.

O todos coludos o todos rabones.
Dicho popular

Claudiametrics y la semaforización

La semana pasada en SDP Noticias se publicó la encuesta CLAUDIAmetrics donde se dio a conocer la amplia confianza depositada en la jefa de gobierno de la CDMX sobre las medidas tomadas para sostenerse una semana más en una situación de semaforización en rojo o estado de alerta. Ya para este viernes, no obstante, Claudia Sheinbaum informó del cambio de color en el semáforo de la capital. Pasó finalmente del rojo “no salgan” a un naranja “vamos con mucho cuidado”.

Sin lugar a dudas tomar esta decisión fue difícil pues nadie puede pasar por alto, comenzando por la propia autoridad, que monitorear el incumplimiento de las medidas que conlleva esta etapa —ya sea en término de aforos, higiene, pruebas, etcétera— será muy complicado, si no es que imposible.

Simulación e irresponsabilidad ciudadana

Para incrementar el grado de dificultad, y hablando con absoluta franqueza, los ciudadanos tendemos a simular. Por ejemplo, para todos es conocido que los tianguis y mercados sobre ruedas nunca dejaron de operar y lo han hecho sin medidas de distanciamiento o limpieza, y vendiendo toda clase de mercancías no esenciales.

Por otra parte, el frecuentemente utilizado argumento de que la población más pobre no puede darse el lujo de permanecer en casa se utiliza por propios y extraños para justificar acelerar la reactivación sin ton ni son. Ya antes he argumentado que es una falsa disyuntiva tener que optar por cuidar la salud o impulsar la economía.

Es posible despertar todas las actividades, incluso al 100 por ciento, siempre y cuando todos respetemos e implementemos medidas de protección y prevención. Creo que la titular del gobierno local lo entiende, pero desafortunadamente no un alto porcentaje de la población capitalina y de las áreas conurbadas, quienes —ricos o pobres— se resisten y han resistido por un buen rato a acatar indicaciones y a adoptar recomendaciones. Desgraciadamente, para que la primera premisa ocurra, resolviendo el aparente dilema, se requiere del actuar responsable de la ciudadanía y allí es donde comienza a haber serios problemas con la implementación del semáforo naranja.

Para hacer las cosas peores, quien lleva la “estrategia” contra el Coronavirus a nivel federal ha desestimado el uso de cubrebocas, el privilegiar la sana distancia, el aplicar pruebas masivas y, ahora, hasta pide no confiarse en los termómetros para detectar la fiebre.

Al filo del contagio

Será interesante conocer cómo se asegurará el gobierno de la Ciudad de México que se apliquen correctamente las diez medidas básicas dispuestas. Las posibles sanciones a establecimientos se antojan necesarias, pero estas no serán garantía de buen cumplimiento y prácticamente abarcan solo las actividades y localidades formales. Sancionar una actividad que se da dentro de la economía y geografía informal, por su naturaleza misma, no es posible. Y todos quienes participan de la economía informal —que es un 65% de la población— lo saben y se aprovechan de ello.

Tal vez por lo anterior, el mayor control solo pueda partir de la propia voluntad de la fuerza productiva para cumplir con los protocolos y de la ciudadanía que se aboque a denunciar violaciones a las medidas de prevención y protección.

Por lo anterior, más allá de que el gobierno de la capital destine importantes recursos a publicitar y reforzar las medidas entre la gente, a sostener mecanismos para hacer llegar cubrebocas, caretas y productos sanitizantes a toda la población, debe establecer cuanto antes unas líneas de contacto para poder denunciar violaciones que sean detectadas por la gente a los protocolos y a los horarios.

Los numerales

La disposición número uno requiere monitorear el uso de caretas y cubrebocas (medianamente realizable), pero también de que se dé el constante lavado de manos y desinfección de superficies... siendo realistas, no hay autoridad pública que pueda llevar un control medianamente confiable de eso.

Lo mismo sucede con respecto a la segunda disposición: ¿quién vigilará a quienes deben resguardarse en casa, sean casos positivos o sospechosos de Covid?

La medida número seis, la cual exige que “si una fuente de empleo consiste en más de 30 trabajadores deberá realizarse un número de pruebas equivalentes al 5% de sus empleados de forma semanal. Ello presenta un serio problema: se traslada la responsabilidad, el costo y la rendición de cuenta a los empleadores. Impactará en los precios y/o en sus utilidades, y eso en sus aforos y número de empleados.

La medición y el monitoreo de aforos es utópico. ¿Cómo calcular un aforo del 30% en La Villa o en el parque de Chapultepec?

Tal vez lo más complicado y que nadie, ni el gobierno de la Ciudad, comentó es: ¿cómo, cuándo y de qué modo se abrirán las oficinas públicas? Hablo de juzgados, trámites, permisos, servicios y pago de impuestos locales, etc. Cualquiera de los anteriores a nivel federal, capital o alcaldía de la Ciudad de México se requieren para el óptimo funcionamiento de muchas otras actividades. ¿Cuáles de estas oficinas son esenciales y urge su apertura? De igual forma, ¿cuándo volverán a operar con normalidad y cuáles serán sus nuevos horarios y servicios? ¿También a estas se les exigirá llevar a cabo las medidas solicitadas a la iniciativa privada?

Más allá de las 10 reglas básicas, vale la pena entrar a la página habilitada por el gobierno de la Ciudad de México donde se detallan los diversos lineamientos a seguir dependiendo del rubro económico.

Desde el punto de vista económico, la vuelta a la normalidad o el arribo a una nueva se vuelve un asunto crítico y urgente. Pero que lo anterior no sea excusa para trastocar las medidas de precaución en una laxitud fatídica. Hoy, más que nunca echaremos de menos la educación cívica y el respeto a los derechos civiles tan ausentes en México. Estamos al filo de la navaja.

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