La sociedad del mérito

El sistema utilizado por la mayoría de las naciones del mundo para producir y distribuir la riqueza entre sus habitantes tiene sus bases teóricas en algunos supuestos fundamentales.

Primeramente se cree que el egoísmo es el principal incentivo para  que las personas se vuelvan productivas. Los individuos trabajan con la finalidad de obtener los medios para cubrir sus necesidades y satisfacer sus deseos.

Esta idea no carece de lógica. Tiene mucho sentido pensar en los individuos trabajando para producir los satisfactores que requieren. La palabra clave es "incentivo".

Para cumplir su tarea de impulsar a un individuo a producir, un incentivo debe de tener varios atributos. Por ejemplo, un incentivo debe de ser mayor al costo en el que se incurre para obtenerlo. De no ser así no tendría sentido económico buscarlo. También debe de ser realista, alcanzable, tangible en la medida de lo posible. Nadie va a esforzarse en perseguir una meta que de antemano sabe que no alcanzará.

Otra importante tesis es la que nos dice que la división del trabajo hace que una sociedad sea más productiva. Los agentes económicos (individuos, empresas o incluso naciones) dedicarán sus esfuerzos a aquellas actividades en las que poseen una ventaja comparativa, o dicho de otra forma, lo que mejor saben hacer. El uso de las mejores habilidades de la fuerza laboral aumenta la producción. Para cubrir sus demás necesidades intercambia sus excedentes con otros agentes por medio del comercio.

Para que todo esto funcione, es necesario que una sociedad reconozca los méritos de los miembros que la componen. Una persona que vive en una meritocracia sabe con certeza que su trabajo, sus conocimientos o cualquier atributo que posea puede ser aprovechado en la búsqueda de los satisfactores que requiere. En una sociedad meritocrática los incentivos están presentes y son alcanzables a un costo no tan alto, o por lo menos a un costo conocido con antelación o sea con un buen nivel de certidumbre.

La meritocracia ayuda además en la división del trabajo. Cuando una comunidad reconoce y recompensa a cada quien por lo que mejor sabe hacer explota de una mejor manera las ventajas comparativas de sus miembros. La división del trabajo ayuda a optimizar los recursos y por ende incrementa la producción.

La razón de ser de la economía como ciencia es la escasez de los recursos ante las necesidades ilimitadas. Cuando en una sociedad no se valoran las habilidades de las personas se está derrochando un recurso productivo, no se está actuando con sentido económico.

Se viola otro elemental principio económico cuando el capital humano es sub-utilizado haciendo que las personas realicen un trabajo para el que no están capacitadas porque cumplen con atributos que no son relevantes para esa tarea, o cuando a personas capacitadas se les coloca en puestos que requieren menor calificación. Esto lleva también al derroche de los demás factores productivos como el capital físico y el trabajo.

En otras palabras, el crecimiento económico es impensable para una sociedad que extiende títulos de Director o Gerente de una organización (pública o privada) a alguien solo porque sabe decir lo que sus superiores quieren oír. La meritocracia no es una cuestión moral, es el aceite que lubrica los engranes de nuestro sistema económico, sin el reconocimiento al mérito esta máquina simplemente no puede funcionar

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