El sicario del cuarto 164

El documental “El Sicario, room 164”, es el resultado de la entrevista que durante cinco días realizó Charles Bowden, escritor y periodista especializado en temas de narcotráfico, a un sicario mexicano que trabajó durante 20 años de su vida para el narco.

Ojalá que los mexicanos tengamos la oportunidad de ver en la pantalla esta película que ya ha sido proyectada en Europa y Nueva York, pero que en México nadie se ha atrevido a distribuir hasta ahora y que solamente se puede ver en Youtube.

La importancia de este documental va mucho más allá de las revelaciones sobre el poder y organización del narco. Sobre el nivel de complicidad del gobierno mexicano y estadounidense. Sobre las grotescas confesiones de los crímenes y el estilo de vida de un narcotraficante o de un sicario.

La importancia de este documental radica también en la voz de este hombre que narra hasta la adrenalina el recuento de sus crímenes y que no puede evitar suspirar, avergonzado, para continuar el relato.

En las manos de este sicario, esas manos gruesas, esa piel que raspa de tan solo mirarla, esas manos que por más limpias y lavadas que estén, parece que siguen cubiertas de sangre. Parece que todavía contienen el último suspiro de un ser humano. Esas manos que intentan describir una vida infernal en una libreta, esas manos que frenéticamente dibujan coches, cuadrados, números, flechas; flechas que algunas apuntan hacia dos direcciones opuestas.

Esas flechas que apunta hacia dos direcciones distintas, también simbolizan la opción que todos tenemos en la vida de elegir. Y de volver a elegir, incluso.

Durante el documental, el sicario bajo la órdenes del director de la cinta, Gianfranco Rosi, se dedica a recrear de una manera física los eventos que narra. En una especie de sesión terapéutica teatral. Es tan difícil para él tener la disposición y valor de hacer lo que se le pide, como resulta mirarlo. Hasta que llega el punto en el que narra su arrepentimiento. Es el momento en el que el esfuerzo de tal ejercicio es recompensado, tanto para él, como para el espectador. Verlo llegar al éxtasis al momento de contarnos cómo recibió a Dios en su vida es realmente conmovedor. Catártico.

“En mi caso… mi esposa un día… sintió, yo sudaba, sudaba, sudaba y ah, ah, ah, yo me quejaba y ella trató de ayudarme por que vio mi pesadilla y ella al moverme, mi reacción fue agarrarla del cuello y yo no reaccionaba y ella se estaba asfixiando y era mi esposa y desde ese momento, desde ese momento yo me di cuenta que no era nada bueno lo que me estaba pasando”.

Ese fue el límite del sicario. Después de esto nos narra como logró escaparse del narco y encontrar la paz y a Dios mediante le religión cristiana.

“La única razón por la que estoy aquí es porque Dios me salvó. Después de todos estos años estoy hablando contigo. Estoy reviviendo cosas que estaban muertas para mí. No quiero ser parte de esta vida. No quiero saber nada. Tienes que escribir esto para que otros sicarios sepan que pueden salirse. Deben saber que Dios los puede ayudar. No son monstruos. Han sido entrenados como las fuerzas especiales del ejército. Pero nunca se dieron cuenta de que en realidad fueron entrenados para servir al diablo”. Le dijo a Bowden.

Puedes estar de acuerdo o no con el nombre que este hombre le pone a Dios.

Los metafísicos la llaman el Tercer Ojo, los cristianos dicen que es la visión del Espíritu Santo, otros el Yo Superior, los chamanes del México antiguo le llamaban El Águila, para mí es el amor. Independientemente del nombre que le pongas, el “amor” exige una visión diferente de aquella a la que estamos acostumbrados, una forma diferente de conocer, de pensar. El amor es el conocimiento intuitivo de nuestro corazón. Un antiguo recuerdo de este amor nos persigue continuamente, pidiéndonos insistentemente que regresemos.

El sicario aceptó la invitación y se entregó al amor de su familia, a lo que verdaderamente lo hacía feliz. Aunque su cabeza tenga un precio hasta la fecha de 250,000 dólares.

El amor está dentro de nosotros. Es indestructible; sólo se lo puede ocultar.

La verdad no deja de serlo simplemente porque no estemos mirándola. El amor sólo puede quedar oculto tras las nubes o las nieblas mentales.

Y en eso consiste un milagro: en la desaparición de las nieblas, en un cambio de la percepción, en un retorno al amor.

Charles Bowden termina su propia narración del encuentro diciendo:

“Se mueve por el estacionamiento con facilidad, como en un estado de gracia. El sol brilla, el cielo es tan azul que lastima. La vida se siente bien. Sus ojos se relajan y se ríe. Lo veo memorizar mi placa con un gesto rápido, automático. Me dijo que fue bañado en la sangre del cordero, pero sus ojos siguen siendo los de un lobo”.

Un lobo que aulló por amor.

Sandra Arau Esquivel

@SandraArau

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