Más sensibilidad y menos terrorismo

Con el número de muertes en lo que va de la presente administración no es posible que los legisladores del PRI y del PAN quieran aprobar una ley de seguridad nacional que en resumen concede al presidente de la república la atribución de decidir operativos militares.

Como siempre, haciendo arreglos por debajo de la mesa, PRI y PAN no miran hacia el futuro. Hasta el mismo PVEM, aliado histórico del PRI,  detectó que con esta reforma el Ejecutivo podrá, con un decreto, declarar la suspensión de garantías individuales sin consultar al Congreso y sujetarlas a un protocolo definido por él mismo.

La pésima estrategia de Calderón y su obstinación por mantener una guerra que ha bañado de sangre al país, debería ser razón suficiente para obligarlo a tomar otro rumbo, pero hay muchos intereses de por medio y no sabemos qué es lo que realmente están cocinando.

Sembrar más terror no evitará que el pueblo no sólo diga YA BASTA, sino que se organice para detener la masacre.

Las miles de víctimas de esta guerra no van a quedar en el olvido, sus deudos tienen una herida abierta que sigue sangrando, especialmente la de los padres y madres de los niños y los jóvenes que han sido abatidos por el mismo ejército o por la irresponsabilidad de funcionarios y parientes de políticos, como el caso de los 49 niños quemados vivos en una guardería subrogada por el IMSS, y que después de dos años siguen sin recibir justicia.

Para calmar los ánimos se requiere, en primer lugar, mover las fibras sensibles de la gente y empezar a recomponer el estado de cosas a las que nos han llevado PRI y PAN con sus malos gobiernos. De ninguna manera conviene lanzar amenazas de mano dura y terrorismo de estado.

Como bien dice Andrés Manuel López Obrador, el pueblo de México en su mayoría es noble y trabajador.

¿Por qué no cambiar el rumbo de la destrucción, los privilegios de unos y el abandono de otros?

¿En manos de quién está esa decisión?

Está en nuestras manos porque el pueblo es el que tiene la última palabra.

No permitamos que avance el odio y la destrucción. Sí es posible otro futuro y otro México para los que vienen detrás.

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