Don @M_Ebrard antihéroe romántico

Se ven mal los políticos que todo lo utilizan para beneficiar sus carreras. Todo, hasta las emociones más íntimas.

 

Sabemos que Marcelo Ebrard Casaubón busca ser candidato de la izquierda en las presidenciales de 2012. Es su derecho, es su deseo y hace bien en buscar arrebatar la candidatura al que parece traerla perfectamente amarrada, Andrés Manuel López Obrador.

 

Es obvio, lo demuestra Ebrard a cada rato, que como parte de su estrategia él no dejar pasar ninguna oportunidad de presentarse ante la opinión pública como el militante del PRD que, en forma inevitable, encabezará a su partido en las elecciones del próximo año. Si eso le beneficia, qué bueno que lo haga.

 

Pero de muy mal gusto se ve que hasta su divorcio de la actriz Mariagna Prats lo esté usando para ese propósito. Realmente poco caballeroso, nada romántico, excesivamente frío y calculador y del todo oportunista se ve que Marcelo Ebrard anuncie, en entrevista con la revista Quién, que sus aspiraciones presidenciales le echaron a perder su matrimonio.

 

Ebrard no ha medido el daño que con eso se está haciendo a sí mismo, ya que pudiendo haber abdicado por amor, como Eduardo VIII del Reino Unido, de tal modo de haberse ganado el respeto de todos en México, prefirió sacrificar a su amada. Digo, son sus propias confesiones en Quién.

 

Pero don Marcelo no está hecho de semejante madera de Eduardo VIII, quien dejó el trono para poder casarse con una estadounidense dos veces divorciada. Esos son héroes, Marcelo y no grillitos profesionales.

 

El caso es que, dijo Ebrard, como la señora Prats no podía adaptarse a su ritmo de trabajo, la dejó. Qué poco delicado para hablar de su expareja.

 

Claro está, cabe la posibilidad de que haya en lo anterior una mentira y que el rompimiento se haya dado, más bien, por una razón menos vulgar y más normal: que simplemente dejaron de quererse o de llevarse y decidieron cortar por lo sano.

 

En lugar de insistir en presentarse a sí mismo como un antihéroe romántico que prefirió la lucha política al amor de una mujer, Marcelo Ebrard debería simple y llanamente decir la verdad: ya no aguantaba a Mariagna ni ella lo aguantaba a él, y por eso se separaron. Y ya.

 

Pero, por lo que se ve, Ebrard está muy mal asesorado. Ya que eso que ha contado en la revista Quién lo deja, de plano, en calidad de pragmático perfecto que no es, claro que no, lo que México necesita en la actualidad.

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