El miedo nos está robando la vida

Cerca de las 22 horas de ayer un grupo de personas armadas que viajaban alrededor de seis camionetas tipo suburban atacó a Roberto Cordero, jefe del grupo Fuerza de Tarea de la policía estatal de Hidalgo. Hasta la noche de ayer todo apuntaba a que el jefe policiaco había salido ileso del atentado. El hecho provocó una persecución policiaca a través de las principales calles de Pachuca, capital del estado de Hidalgo, situada a unos 80 kilómetros al norte del Distrito Federal. La presencia de policías encapuchados y elementos del ejército apuntando sus armas a través de las calles –otrora tranquilas de la “Bella Airosa”— provocó psicosis en la población, que simplemente se esfumó del campo de batalla. Comerciantes cerraron sus cortinas y la gente que tomaba café o cenaba dejó sus alimentos para huir a casa. Se hablaba de tres detenidos, aunque ninguna fuente tenía tiempo de confirmar cifras. La persecución no cesó hasta pasada la medianoche, cuando el silencio opacó a las sirenas y vehículos que corrían con desenfreno. Ayer mismo en la ciudad de Tula otro grupo armado atacó las instalaciones de la policía ministerial. En ese lugar, ubicado en la colonia El Salitre,  murieron tres personas: Oscar Flores, quien era agente policiaco; Lizet Martínez Hernández, secretaria que laboraba en la corporación policiaca y Jesús Rodríguez Ángeles, un civil cuya mala fortuna lo puso en el lugar y hora equivocados. Más allá de que se trate, o no, de una venganza de los Zetas contra la policía estatal luego de la detención de 32 de sus integrantes hace menos de un mes en la comunidad El Carmen, también en Tula, el hecho es que la psicosis y el miedo que dominan casi todo el territorio nacional también se instalaron en Hidalgo, donde vía tuiter sus habitantes recomendaban no salir este viernes porque se esperan más enfrentamientos. El miedo nos está robando la vida.

Jorge A. Romero

Editor y periodista 

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