Lo que sí pudimos ver en el debate

Un debate es por definición una práctica de confrontación, principalmente oral, de argumentos o posiciones antagónicas para vislumbrar cuál de las posturas expuestas es más sólida o coherente. Es un ejercicio en el que una idea, argumento o mensaje es llevado a sus últimas consecuencias para, al menos en retórica, medir su consistencia bajo un análisis lógico.

Visto así, un debate supone dos alternativas a confrontar, más de dos pueden generar confusión y falta de rigor en la exposición, defensa, ataque y, sobre todo,  continuidad de la lógica con la que se está analizando cada argumento. En Francia por ejemplo, el debate entre candidatos presidenciales se da en la segunda vuelta, cuando solamente quedan dos candidatos. El formato, aunque ha tenido ajustes de elección a elección, es mucho más libre. Sienta a los dos candidatos frente a frente y es riguroso sólo en el tiempo en que ambos tienen la palabra. Los temas a discutir generalmente son llevados a un punto tal de exposición que, para los espectadores, es más fácil asimilar si una u otra posición se ajusta más a sus expectativas.

El formato del debate que presenciamos ayer fue una dinámica muy rígida y poco propensa al seguimiento y desglose de una línea de argumentación. El formato adoptado tenía muchos elementos de control que dan prioridad a la imagen sobre el discurso, a la forma sobre el fondo. Sin embargo, para quienes lo seguimos con interés de entender el momento político actual del país, el debate nos dio muchas pistas interesantes. ¿Qué pudimos ver más allá de las tomas estáticas y los espacios de tiempo rigurosamente marcados? Creo que fueron muchos elementos.

Tal vez no es el modelo de debate que más nos agrade pero, de ninguna forma fue un acto intrascendente. El debate sobre proyectos y propuestas específicos es algo muy relevante pero, tal vez en este momento no es la discusión ni la reflexión más importante que debamos hacer. Quienes vimos el debate ganamos mucho al ver de manera muy clara el mapa político actual del país. Es claro que de un lado están los poderes tradicionales representados por los candidatos del PRI, del PAN y hasta del PANAL. Son los que quieren imponer un modelo de democracia a modo, en donde ninguno de los contendientes represente realmente una amenaza para ellos. Por otro lado, hay una propuesta alternativa de nación que no está promoviendo la destrucción de dichos poderes, solamente está planteando reglas más claras y justas, la atención de los problemas que más afectan a la mayoría y no sólo a intereses específicos y la consolidación de un mejor ambiente, en donde el odio no sea el motor que destruya el tejido social y preserve la desigualdad.

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