August 15, 2019 03:27

¿Provocar al provocador? o la vuelta al hiperpresidencialismo

AMLO y los provocadores
Para evitar las provocaciones de las cuales se queja el presidente, sería importante que sea consciente de las “provocadas” por él mismointernet

Lo que no fue en tu año...

En días pasados, un grupo de personas increpó al presidente López Obrador en San Luis Potosí. Razones tendrían para externar su enojo, como las tenía el primer mandatario para pedirles le dejaran descansar. Y es que todos merecemos un respiro tras cumplir con nuestras obligaciones, ¿o no?

Sé que voy a diferir con la mayoría de los analistas críticos de la administración federal, pero a mí no me pareció que el presidente fuera grosero ni autoritario al referirse a los manifestantes. Fue firme, eso sí.

Creo, en cambio, que AMLO incurrió en el error de llamar “provocadores” al grupo de personas que protestaban. Y no porque no lo sean (si bien en realidad no lo sé), sino porque fue evidente que, con tal de no alterar su discurso sobre el “pueblo bueno”, el presidente busca ahora descalificar lo que él mismo personificó en otros momentos. Vaya, el ejecutivo federal hasta ha hecho escuela en esa materia...

Inolvidables sus provocaciones (independientemente de la carga de justicia que pudiesen tener) al tomar Reforma, aliarse con la CNTE o referirse a Fox con un “cállete chachalaca”, entre muchos otros momentos.

No hagas cosas buenas que...

En realidad, el presidente es quien ha dado pie y ha provocado este tipo de manifestaciones o solicitudes por parte de la ciudadanía. Simple: fortalecer y exacerbar la figura presidencial genera que la sociedad se sienta con la necesidad de recurrir a él para externar sus exigencias. Mucho mal ha hecho el desmedido presidencialismo en México; y López Obrador no ha hecho otra cosas que revivirlo con ahínco.

Él, quien se ha vuelto figura omnipresente del devenir nacional, y que un día sí y otro también coopta los micrófonos con sus mañaneras, pasó a ser quien supuestamente lo debe de arreglar todo.

Cual moderno mago, Andrés Manuel con un reproche logra que la SEMARNAT entregue los permisos de Santa Lucía en un santiamén. Pronto veremos ocurrir lo mismo en el caso de la refinería de Dos Bocas. A pesar de que el Instituto Mexicano del Petróleo expusiera que no se debía realizar la obra por diversas razones (económicas, ambientales, de transporte, inundación, factuales, etc.), bastó que López Obrador se pronunciara para que sin licitación ni permisos de por medio se tumbaran más de ocho hectáreas de manglares. Total, ¿qué sino otro tipo de provocación pueden significar los permisos requeridos contra la voluntad del presidente?

Ten cuidado con lo que deseas...

El estatismo puede ciertamente analizarse desde el punto de vista de sus características y repercusiones económicas: el estado que se entromete en el mercado o que es abiertamente antiliberal. Pero un régimen que favorece el papel preponderante del Estado en todo acontecer nacional también se manifiesta desde el punto de vista político. Y la expresión más acabada de esa figura es Andrés Manuel López Obrador personificando a un “papá gobierno” o, peor aún, “al presidente por papá”.

Volvamos al ejemplo anterior. Si el presidente pudo conseguir esos permisos “exprés” para sus proyectos de envergadura, ¿por qué sería extraño que ciertas comunidades demanden les resuelva sus problemas muy particulares?

Proyectar la visión de presidente todopoderoso, en donde la división de poderes es cada día más difusa o simplemente ha dejado de existir, implica también exigirle lo que con otros mandatarios ya se había comprendido no dependía de su influencia de poder.

Prometer no empobrece...

Aunque lo niegue, en muchas cosas Andrés Manuel se aleja del prócer oaxaqueño Juárez, para parecerse cada día más a gobernantes mexicanos obsesionados con el poder. Más allá de que en un principio defendían vehementemente la No Reelección, trataban a la gente cómo niños carentes de poder de decisión o como animalitos que requieren del amo para que les simplifique su vida.

El considerar a las personas como seres indefensos, sin voluntad ni voz, va de la mano de programas que sólo les entregan a las personas apoyos económicos y no le exigen nada a cambio de los mismos. Sería incongruente, entonces, pensar que el gran dador no puede solucionar todo lo que se le exige.

La consecuencia de representar esa figura hiper-poderosa es que alimenta una sociedad dependiente que te ve como quien todo lo resuelve.

Prometer solucionar todo tiene consecuencias tan ensordecedoras como las demandas ciudadanas a deshoras. Y ya “desvelado” no queda claro quién provocó a quién, ¿cierto?

Dime de qué presumes...

Promesas de austeridad aparentemente hicieron que Andrés Manuel no quisiera vivir en Los Pinos y que abriera las “rejas verdes de Chapultepec” a todos y él, a cambio, se mudaría a Palacio Nacional a una sección/apartamento austero construido ahí en tiempos de su odiado ex contrincante, Felipe Calderón.

En lo personal, estoy segura que continuará viviendo sobriamente en esa sección de Palacio y sin mayores lujos. Sin embargo, no nos equivoquemos. Las reuniones diarias, el trabajo cotidiano, sí será en un ambiente palaciego, en cuartos forrados de damasco y candiles prístinos.

Mantener en perfecto estado ese palacio, será una carga para el Estado. Dirán que antes estaba destinado a un museo y también requería mantenimiento. Es cierto. Pero es diferente el mantenimiento de un lugar que no se usa, a los sillones forrados en brocados que requieren restauración.

Así, en su vida personal, fuera de foco, sí, seguirá esa moderada vida que le caracteriza, pero en la vida pública, simplemente por haber cambiado de lugar, tendrá una vida palaciega, tan digna y criticable como la llevada por la mafia del poder.

Todo ello tiene un simbolismo, una carga histórica de la cual Andrés Manuel es el primero que debe ser consciente de ello. Los monarcas ocupaban/ocupan tan solo ciertas áreas, pero disfrutan de todo el palacio. Poco importarán la hamaca y la sencillez de Andrés Manuel si el resto del día vive y goza del boato palaciego. Se volverá una austeridad incongruente, difícil de entender e imposible de explicar.

Para evitar las provocaciones de las cuales se queja el presidente, sería importante que sea consciente de las “provocadas” por él mismo, las que dejó como enseñanza y las que seguirá “provocando” con sus acciones, con y más allá de su palabra.

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Apenas se vislumbran las consecuencias por el actuar de López Obrador como un ser todopoderoso. Ha tenido muchas positivas, al clamor de los lugares por dónde viaja. La gente le quiere y estima que vaya a los rincones más recónditos de la geografía nacional para escucharles.

La primera negativa, ya la vivió en carne propia en San Luis Potosí, si la ciudadanía tiene una demanda, no importará si es necesaria o incumplible; lo que se requerirá es que alguien pueda al menos escucharlos y provocarles a entender las vías adecuadas de su petición.

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