Prohibido prohibir

Un conjunto de prohibiciones puede llevar a cualquier humano a perder la calma mientras no encuentre la libertad deseada para vivir. Todo parece indicar que prohibir es más sencillo que admitir cualquier acto de libertad, en el fondo quienes piensan que no existe alguna limitante de la libertad, y que incluso puede respirarse hasta en el inodoro de su casa, están equivocados.

 

Caminar por las adoquinadas calles de la capital potosina es una opción para conocer el contexto que limita la libertad, imagino que para un escritor o artista romántico San Luis Potosí sería la ciudad ideal para inspirarse por ser fea y malvada. Quiero decir que si no conozco el mundo en que vivo, mi libertad se precipitaría una y otra vez en el mismo muro de la incongruencia. En sus Plegarias de un inquilino Guillermo Fadanelli hace notar que la vagancia es necesaria para fortalecer el espíritu, aun cuando reconoce que existen vagos estúpidos que tienen sus días contados en vista de los abundantes cafres que existen.

 

Cada ocasión que salgo de casa he logrado atisbar pequeñas marquesinas pendiendo en la puerta de la cochera prohibiendo estacionar tu coche allí bajo la advertencia de desinflar los neumáticos gratis. En las plazas públicas existen letreros que te prohíben pisar el césped; fumar en lugares cerrados; entrar con alimentos y bebidas a cualquier establecimiento culinario; hablar por celular en cualquier sucursal bancaria; entrar uniformado –sí eres militar o policía- a las cantinas; impedir a los comerciantes entablar negociaciones con dipsómanos compulsivos; subir o entrar con mascotas; expeler cualquier excreción humana; gritar en iglesias, hospitales, instituciones de gobierno. En fin un sinnúmero de prohibiciones que aún me faltan por escribir.

 

Fernando Savater en su Ética para Amador señala que no podemos hacer cualquier cosa que queramos pero también es cierto que no estamos obligados a querer hacer una sola cosa. Es cierto que no somos libres de elegir lo que nos sucede, por ejemplo; que una distraída ave del paraíso te defeque en la cabeza mientras vas caminando. Pero sí somos libres de intentar algo, como montar un caballo en busca de esa ave para exigir justicia.

 

Con todo ello quiero llegar a un punto importante las calles están colmadas de anuncios que te impiden ser libre manipulando cómodamente nuestra mentalidad. Cuántas veces no he escuchado que la libertad no existe, que los políticos nos engañan, la delincuencia está progresando y que el gobierno no hace nada contra el narcotráfico. Presa de un arrebato de incredulidad pareciera ser que estoy satisfecho de cómo se encuentra la situación que prevalece en mi ciudad, que he reconocido algunas imposiciones íntimamente ligadas a la prohibición más no a lo que estimula la libertad.    

 

No obstante ello Savater arremete contra la prohibición para señalar que como no somos libres, no podemos tener la culpa de nada de los que nos ocurra. Es más fácil reconocer que no somos libres para estar apaciblemente observando cómo transcurre la vida. Si se me preguntara qué hacer para volver la libertad un asunto primordial no dudaría en responder: está prohíbo prohibir.

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