Los retos para la nueva presidencia del PRI

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Lamentablemente, las condiciones han cambiado y lo que en su momento representaba fortaleza ahora causa reprobación por parte de la ciudadanía.Internet

El miércoles comienza oficialmente el período de campañas para ocupar la presidencia del PRI. Si bien el fantasma de los resultados de las anteriores elecciones es un tema primordial  por resolver, hoy el partido también debe voltear a ver a su interior para marcar la ruta a seguir frente a la debacle democrática a la que nos enfrentamos los mexicanos. 

Durante años el PRI fue una estructura política sólida y competitiva; ser llamado priista era un orgullo que expresaba una identidad fuerte y sobresaliente. Lamentablemente, las condiciones han cambiado y lo que en su momento representaba fortaleza ahora causa reprobación por parte de la ciudadanía. Es por esto que la tarea de la próxima presidencia no es fácil. 

Mucho se ha hablado sobre reflexionar y reconstruir al partido, sin embargo, no hay claridad sobre cómo se hará esto o cuáles son los proyectos que harán que el partido recupere su prestigio. No se puede ser una oposición fuerte si como partido hay incongruencias y se prima al individualismo sobre el bien común. De nada sirve tener diputados y senadores preparados y con ánimos de construir un mejor país, si no existe una identidad que los una y los guíe.

Críticos y opositores dan por muerto al PRI, pero también lo hicieron en el 2000. Estoy convencida de que el partido es necesario para la vida democrática del país, pero sobre todo, de que los militantes sabemos reinventarnos y hacer de las crisis oportunidades de crecimiento. Sin embargo, esto no valdrá de nada si no existe al frente un líder sea capaz de mirar hacia dentro y de aceptar los errores en los que hemos incurrido por años; un líder con una propuesta, si no nueva, sí fortalecida sobre el rumbo que se debe tomar.

Necesitamos una presidencia que vuelva a crear identidad; la unidad vendrá como consecuencia de ella. Es imperante saber hoy qué significa ser priista, darle un sentido; lograr que se recuperen los espacios intelectuales perdidos: volver a generar un discurso que nos represente a todos y todas. Necesitamos que se apueste por la crítica y por una acción política sin simulaciones.

Hay que pensar al partido si queremos reconstruirlo. De nada servirá seguir utilizando frases hechas que apelan a la militancia y a las bases, si no sabemos cómo están conformadas. ¿Cuántos militantes tenemos? ¿Cuántos representantes de cada sector? ¿Hay una exacta representación de estos sectores con respecto a la realidad nacional? Ya sucedió una vez que por no entender lo que pasaba fuera de nuestro lugar político, olvidamos a las clases medias, a los estudiantes y a los trabajadores; ya sucedió que vimos por los intereses políticos personales antes que por los que necesitaban la representación. Somos un partido con la obligación histórica de representar a los mexicanos. Si olvidamos esto entonces no serán los externos los que nos den la puñalada de muerte.

En ese tenor, considero que si la nueva presidencia no apuesta por la reflexión y la crítica real, además de seguir perdiendo elecciones y de que la reprobación de la ciudadanía será arrasadora, habremos de sepultar todos los esfuerzos de los grandes políticos y pensadores del partido que nos antecedieron; destrozaremos el trabajo de cada uno de los priistas que, sin tener un puesto de liderazgo, le han dado al partido su confianza y su tiempo.

Si bien, se necesita una presidencia que conozca al partido, se necesita también que tenga visión; que sea capaz de ver más allá  de su futuro político y apta para tomar decisiones y abrazar los riesgos que estas conllevan, aunque los resultados sean a largo plazo.

Pensemos en las próximas generaciones, no en las próximas elecciones. 

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