Santo nuevo, viejas prácticas

Parece que a pesar de  toda la parafernalia administrativa que se inventan, típica de la burocratización de la fe que caracteriza a la iglesia católica, en la beatificación de Juan Pablo II algo les impuso la urgencia de reducir un proceso de 5 años a 2. La periodista Carmen Aristegui insiste en que tiene que ver con la crisis de credibilidad que sufre esta iglesia por el descubrimiento de tantísimos casos de pederastia. Y no sería extraño que esta estrategia piadosa estuviera dirigida a México en donde el escándalo ha sido más grande al mismo tiempo que es uno de los países que más quería al Santo Padre.

 

En una enciclopedia católica se lee que los beatos son aquellos elegidos por Dios por practicar la virtud divina en la tierra. Pero como sucede con la vida pública, se hace de la fe un producto de espectáculo que sale al quite en tiempos de crisis moral a la vez que genera recursos, ratings, y sirve de comodín para quienes tienen urgencia por desahogar la agenda mediática y pública de temas escabrosos y verdaderamente relevantes. La boda real ya les dio un respiro y desde los detractores, los fanáticos de la vida de la realeza extranjera,  o los que extrañamente no encontraron  un tema más relevante de discusión contribuyeron de alguna forma. Pero el tema de la beatificación de Wojtyla no es ocioso porque trae a colación temas importantes de la vida nacional como la complicidad de la iglesia mexicana, del Vaticano, de servidores públicos y empresarios, con el fundador de los Legionarios de Cristo. Espero que por lo menos durante esa semana se intensifique el debate y que se traduzca en  nombres y apellidos de laicos y religiosos; que ante una opinión pública adormecida, los que investigan a fondo este tema logren imponer su relevancia  más allá de los límites temporales de espectáculo mediático.

 

Este tipo de eventos católicos siempre se viven en una atmósfera de esperanza, paz y reconciliación, y para esto nuestros medios televisivos son expertos a la hora de desviar la atención hacia la banalidad. Y no es que la esperanza no sea importante en estos tiempos, pero en dosis pequeñas y sólo para tomar aliento antes de seguir con la lucha por la transformación de México. En realidad necesitamos más golpes de realidad que rayos de esperanza.  

 

Es curioso que los mexicanos sean tan sensibles a esa sonrisa bonachona y a las inolvidables palabras “México siempre fiel” del ex Papa. Tal vez esta sensibilidad fácil sea una condición del mexicano forjada a través de años de sobreexposición a las estrategias de la alianza histórica tripartita de la iglesia, los medios y el poder. Volcamos y desahogamos nuestras angustias en la selección mexicana, en la figura de Juan Pablo II, en los eventos de la monarquía de otro continente…y así nos hacen brincar de un pié a otro apelando a la fácil saciedad de nuestras mentes y conciencias.

 

No sólo los “fieles” del espectáculo y el drama son el blanco, también aquellos que critican y debaten sobre esa misma superficialidad,  en este caso los que se quedarán en la eterna discusión de lo laico vs lo religioso, los que no verán que entre la complicidad del Vaticano y las fechorías del padre Maciel hay un montón de cómplices que debemos señalar públicamente. El año pasado, por ejemplo, Miguel Angel Granados Chapa denunció expuso a Lorenzo Servijte, dueño de Bimbo, por haber sido cómplice del encubrimiento. Esto pudo  haber desatado una estrategia de boicot contra la marca por parte de la sociedad, pero lo cierto esque apenas nos enteramos.  Como Granados Chapa, muchos otros periodistas y las mismas víctimas, han investigado mostrado otras complicidades que no han tenido importancia mediática a pesar de (y tal vez por eso mismo) mostrar  hechos objetivos y relevantes que señalan a miembros de la cúpula política y económica. Aquí ya vemos que no es un debate de fe o religión, es mucho más.

 

Con el espectáculo que se aproxima, aparentemente nadie sale perdiendo: los  opinadores de “izquierda” hacen como que debaten, las televisoras aumentan sus audiencias e ingresos, Calderón se exhibe en el Vaticano (asistirá a la ceremonia), y cualquiera puede colgarse del evento con fines de lucro o sólo por no dejarlo pasar. Esperemos que esta vez le ganemos la carrera al inmediatismo televisivo y aprovechemos la ocasión para retomar temas importantes que requieren acción y decisiones urgentes.

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