Peña dijo: “Osorio Chong soy yo” y se hundió… ¿AMLO dirá “Poncho Romo soy yo”?

Osorio Chong y EPN
Es un arte cambiar al equipo. Peña Nieto, como Mejía Barón, jamás lo entendió. ¿Lo entenderá López Obrador?Internet

Para los mercados y los empresarios de Argentina, espantados por la devaluación de su moneda, debe renunciar Marcos Peña, el jefe de Gabinete del presidente Mauricio Macri. El caos económico es total en aquel país y hay que empezar por cambiar lo que no funciona. Pero el gobernante Macri, terco, ha dicho: “Marco Peña soy yo”.

Ante tan contundente respuesta los diarios argentinos, como Clarín, ven la gigantesca crisis cambiaria y sí se hincan, esto es, la aceptan como la tormenta clase cinco que viene y nadie va a detener, y en lugar de analizar el hecho prefieren mejor dar recomendaciones a sus lectores para protegerse de la catástrofe: “Dólar hoy: todo lo que tenés que saber si ya planeaste un viaje al exterior”

No hay error más grande que defender lo indefendible. En política, esto es, en el arte de gobernar, lo único que no puede hacer el titular de un poder ejecutivo es imitar a Miguel Mejía Barón en el partido ante Bulgaria en el Mundial de 1994: negarse a hacer cambios en el equipo titular. Si Hugo Sánchez hubiera entrado en lugar de cualquiera de los futbolistas que estaban en la cancha, quizá México habría jugado el quinto partido.  Pero el director técnico no hizo el cambio que tanto temían sus rivales, como confesó tiempo después Hristo Stoichkov, la estrella búlgara de aquella época: “Fue un alivio que Hugo no entrara. Nos quitó muchísima presión”.

Cuentan los que saben que cuando estalló el escándalo de la Casa Blanca, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto buscó a los mejores asesores especializados en manejo de crisis. Uno de los expertos, que había trabajado para políticos muy destacados de todo el mundo, recomendó dos cosas: que EPN y su esposa pidieran perdón de inmediato —Peña Nieto lo hizo, pero demasiado tiempo después— y que también cambiara a su gabinete; esto último es algo que Enrique Peña jamás realizó como respuesta a las distintas crisis que enfrentó su administración.

Varias veces los cambios en el equipo presidencial parecían la mejor salida para que EPN superara sus problemas. Cuando se complicó la tragedia de los normalistas de Ayotzinapa, rápidamente debió haber cambiado al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y al procurador, Jesús Murillo Karam. Este dejó su cargo, sí, pero cuando ya daba lo mismo si se iba o no: el mal estaba hecho.

Osorio Chong también debió haberse ido cuando El Chapo Guzmán se fugó. Pero el presidente Peña no lo permitió. Casi dijo: “Osorio Chong soy yo”.

El único funcionario que dejó su cargo como reacción a una crisis fue Luis Videgaray, después de la visita del entonces candidato Donald Trump a México. Cuando el magnate ganó las elecciones presidenciales de Estados Unidos, Videgaray volvió al gobierno, con su fuerza política y su decisiva influencia en EPN intactas. ¿Todo eso ayudó o perjudicó al presidente de México? El debate continúa.

Además de cambios en el equipo, Peña Nieto tuvo que haberse atrevido a realizar cambios en su estilo personal. Nunca debió haber estrenado el avión que compró Felipe Calderón. ¿Por qué EPN no vendió a tiempo la aeronave? Pensó en hacerlo, pero sus colaboradores le convencieron de que no era la mejor decisión. ¿Por qué, después del desastre para su imagen en que se convirtió el “avión que no tiene ni Obama”, no castigó a nadie?

Más allá del avión, ¿por qué Peña Nieto nunca como presidente viajó en aerolíneas comerciales? El argumento de la seguridad nacional ya lo ha refutado el presidente electo López Obrador, que no sufre cargando su maletita en las salas de espera rodeado de gente común y corriente que no tiene la menor intención de agredirlo.

Una fuente permanente de desprestigio para el presidente Peña lo fue, desde el arranque del sexenio, la señora Rosario Robles. Ella abusó de principio a fin. ¿Por qué nunca la cambió por alguna mexicana más preparada y, sobre todo, más discreta y con reputación intachable de honestidad?

Hoy el presidente argentino Mauricio Mari enfrenta la peor catástrofe económica. Los empresarios y los analistas de los mercados en aquella nación exigen, como primera medida para empezar a torear la enorme crisis financiera, la renuncia del jefe del gabinete presidencial Marcos Peña. La respuesta del gobernante argentino ha sido la de Mejía Barón ante Bulgaria, la de EPN ante sus tantos problemas: “Marcos Peña soy yo”.

Ojalá Andrés Manuel, cuando las cosas se compliquen, no salga a decir “Poncho Romo soy yo”, “Olga Sánchez soy yo” o “la secretaria de Medio Ambiente que colecciona duendes mayas soy yo”.

Sin cambios en la alineación inicial no es posible ganar un juego de futbol, claro que no. Tampoco se puede gobernar sin cambiar al gabinete cuando resulte necesario hacerlo.

Acerca de sus colaboradores dijo un gobernador de Nuevo León, creo que Eduardo Elizondo: “Me podré equivocar al nombrarlos, pero no me equivocaré al despedirlos”. Peña, hay que reconocerlo, no se equivocó —o no del todo— al nombrar a su gabinete: con la información que tenía le pareció que sus integrantes iniciales eran los y las mejores para cada posición. Claro está, sí se equivocó EPN al no despedir a Osorio Chong, a Rosario y a otros de su gabinete cuando las circunstancias lo exigieron.

Ojalá AMLO no se equivoque cuando los problemas se presenten, porque se presentarán, claro que sí. Y será terribles. Ojalá Andrés Manuel tenga la capacidad para, rápidamente, quitarle la chamba a cualquiera que cometa errores graves, lo que debe darse antes de que las cosas se compliquen de manera irremediable.

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