Con detención de Rosario Robles, además de un golpe más al prianismo, se sepulta en definitiva al neocardenismo

Rosario Robles a la llegada de los juzgados en el Reclusorio Sur
Rosario Robles a la llegada de los juzgados en el Reclusorio SurRogelio Morales / Cuartoscuro

Con la detención de la impresentable Rosario Robles Berlanga y su traslado al penal de Santa Martha, el gobierno de la 4-T mata varios pájaros de un tiro, era ya insostenible la libertad de la Señora Robles, a la luz de uno de los más escandalosos fraudes vía el gobierno al erario publico, la famosísima "estafa maestra", cuyo esquema no solo instrumento la exsecretaria Robles en la SEDESOL, sino que, no conforme, replicó en la SEDATU. Por un lado, mediáticamente esta acción vale lo de millones de posibles (y ya prácticamente eliminados) spots estériles y onerosos en radio y televisión; el golpe propagandístico es inconmesurablemente efectivo, es pues, maestro.

No se debe soslayar que Rosario Robles fue, por muchos años, la mano derecha del Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, dejándola incluso, como Jefe de Gobierno (interina) de la Ciudad de México, cuando Cárdenas decidió tirar la toalla, más aún, después del escandaloso asesinato en una transitadísima vía pública a plena luz del día del queridísimo por la gente presentador Paco Stanley en el año de 1999. Cárdenas se fue a hacer su precampaña, sí, otra, pero nunca iba a serlo como la de 1988 y la única en ser competitiva realmente, que sirvió de catarsis ante una seguidilla de años de crisis económicas y desastres de todo tipo; el ingeniero iba, y él lo sabia, por solo su 17% de la votación hacia las elecciones del 2000, que fue el porcentaje que había ya obtenido en su segundo proceso electoral, el de 1994.

Hombre carente de brillo y carisma, acartonado y mediocre en su trayectoria pública, tanto dentro del PRI como ya fuera de él, Cárdenas pretendía ser el caudillo eterno de la izquierda mexicana, haciendo a un lado, injustamente y rompiendo acuerdos, incluso al mismísimo Porfirio Muñoz Ledo y a otros personajes que lo acompañaron desde su aventura inicial en 1987, con la creación de la llamada corriente democrática hacia el interior del PRI; la izquierda en México necesitaba de otro gran referente, y Cárdenas estorbaba a toda esta parte del espectro de la geometría política. López Obrador, desde la presidencia del PRD lo sabía, y actuó en consecuencia, pero la reacción de Cárdenas se salió de todo lo presupuestado, dejémoslo en esto: sin la omisiones de Cuauhtémoc Cárdenas, el fraude del 2006 jamás se hubiese podido aterrizar; no es casualidad, pues, que Rosario Robles se haya sumado al PRI, a la campaña de Enrique Peña Nieto en 2012 y luego a su gabinete.

Hoy toca pagar, no solo al peñismo y a Rosario Robles, sino también al ingrato neocardenismo. Que una cosa es el cardenismo, incluida la mismísma figura del General y expresidente de la República, Lázaro Cárdenas del Río en uno de los cuatro personajes históricos a seguir y emblembláticos para el hoy Presidente, junto con Hidalgo, Juárez y Madero, y otra cosa muy, pero muy distinta es el neocardenismo, que hizo por muchos años de Michoacán su ejido y de la izquierda mexicana su rancho.

Vaya, a la Familia Cárdenas se le debe ir acabando la jugosa renta que les dejó, por muchas décadas, el apellido del General.

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