¿Verdad que necesitamos un nuevo Proyecto de Nación?

En mi columna del día 25 mencioné los 50 puntos que propone Andrés Manuel López Obrador para regenerar la vida pública de México.

En los puntos 2 y 3 del Proyecto se señala que debe crearse una nueva legalidad con apego absoluto a la Constitución porque en la actualidad los ordenamientos y derechos consagrados en ella se acatan pero no se cumplen. 

En los hechos, la mayoría de los once ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación han sido nombrados por Salinas, Fox, Calderón, Diego Fernández de Ceballos y Manlio Fabio Beltrones y a ellos obedecen. Por esa razón, debe promoverse una reforma constitucional para elegir democráticamente a los ministros de la Corte, para que ese tribunal recupere su independencia, se ponga realmente al servicio del pueblo y de la nación, y cumpla el criterio de que nada debe ser al margen de la ley y nadie debe estar por encima de la ley.

Bueno, pues para que nos demos cuenta de que es necesario lo que propone el Proyecto Alternativo de Nación, ayer mismo la Suprema Corte de Justicia de la Nación desechó la controversia constitucional presentada por la Cámara de Diputados en contra de la publicación de la licitación pública internacional emitida por Petróleos Mexicanos para CONCESIONAR A LA INICIATIVA PRIVADA LA EXPLORACIÓN Y PRODUCCIÓN DE PETRÓLEO A TRAVES DE CONTRATOS INCENTIVADOS DE SERVICIOS.

En su demanda, los legisladores plantearon que la licitación referida constituye una sustitución o suplantación de Pemex, porque en los hechos se trata de una concesión administrativa que facultará a los particulares para llevar a cabo actos que son exclusivos del Estado, según lo marca el artículo 28 constitucional.

¿Para quién trabaja la Corte?

Desafortunadamente para los intereses de unos cuantos olvidando el mandato constitucional.

¿Cuántas marchas, movilizaciones, protestas y acciones se tendrían que tomar a diario para que quienes se encargan de cumplir y hacer cumplir la ley lo hagan?

Vamos mejor a apostándole a un cambio real que permita la elección de ministros y funcionarios honestos y leales a la patria.

Sí se puede. 

Informados y organizados podemos cambiar el rumbo que lleva el país, conservar nuestra soberanía y procurar el bienestar del pueblo. 

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