La Muerte... "Antes del Fin".

La Muerte y todo lo que de ella se desprende, es el irrefutable monstruo formado por esa característica paciencia que su naturaleza fulminante posee para esperar el final de cada uno de nosotros, no sabe más que estar ahí en el injusto o en el justo momento para arrebatarnos de aquí, sin miramientos, determinada, decidida a llevarnos puesto que ya no tenemos más segundos que consumir y se vuelve hueca nuestra ingenua creencia instantánea de que por el hecho de ser pobres, infelices, ricos, buenos, cabrones, sufridos, jóvenes la vida nos puede reservar nuevas oportunidades, no, para la brutal ignorancia de la Muerte nada de esto tiene un valor y se presenta así, trágicamente imposible de evitarla,  y es entonces cuando reafirma su incorpórea existencia figurativa pero sin duda ejecutoria.

 

Esta fría Muerte, esa señora necia que conoce tanto de los finales de la existencia humana, hoy debe estar desencajada por la vergüenza de tener que ser lo que es, una simple empleada operativa que no hace más que cumplir con el macabro procedimiento de transporte entre este mundo y quizá algún otro, sin conocer la reputación de quién se lleva; hoy la imagino nerviosa, apenadísima, pero sobre todo interesada, en uno de sus pasajeros de nombre Ernesto Sabato, una mente prodigiosa, de la cual hoy ésta aplicada empleada del destino nos ha arrebatado.

 

Sabato confundirá la vocación desgraciada de la Muerte diciéndole que debería de aprender más de la musa de la inspiración, en breves frases resumirá sus memorias que Él mismo negó se llamaran así y prefirió describirlas como trozos de pasajes de su vida en su obra “Antes del Fin”. Con la boca abierta la Muerte escuchará la voz de un personaje que abdicó a sus portentosas y a la vez engañosas habilidades científicas para volver a lo esencial de sus ideas –como si lo hubiera concluido luego de un cálculo matemático de los que tanto le apasionaban-- desde donde construyó obras contundentes, frases demoledoras, enseñanzas de vida, sí de vida aunque se espante con esa palabra la señora Muerte que para este entonces al lado de Sabato ya habrá comprendido algo más que su miserable labor rutinaria de llevarse así porque sí a incontables seres humanos. Hoy en la noche subrayará la páginas 17, 71, 83, ¡todo el libro!, de su novelita de memorias en la que este escritor frasea sólo por citarlo:

 

Acerca de la literatura y el arte:

“Lean lo que les apasione, será lo único que los ayudará a soportar la existencia”.

“…En un tiempo de crisis total, sólo el arte puede expresar la angustia y la desesperación del hombre, ya que, a diferencia de todas las demás actividades del pensamiento, es la única que capta la totalidad de su espíritu”.

 

Y respecto del mundo tecnificado nos dice:

“Esta paradoja, cuyas últimas y más trágicas consecuencias padecemos en la actualidad,  fue el resultado de dos fuerzas dinámicas y amorales: el dinero y la razón”.

 

Con pérdidas como la de Sabato, la Muerte entenderá mejor el legado de este escritor cuyo pensamiento social-político ayuda a comprender lo difícil que es asimilar cómo seguimos siendo infelices a pesar de la modernidad tecnológica, cómo se defiende una vocación con la vida, cómo a la distancia se pueden explicar –y sólo desde la nostalgia de quienes se van-- los orígenes del tango, pero sobre todo, cómo le hizo un hombre para venerar su fuerza de voluntad en base a valientes decisiones y a su creatividad para resolver su vida; con estas enseñanzas muy seguramente la macabra asistente de lo insospechado le pedirá una disculpa por atreverse a visitarlo y un autógrafo por todo lo que fue su obra antes del fin.

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