Corea del Norte: la conexión mexicana

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En el peculiar universo por demás  soterrado, intrincado y jamás esclarecido de la historia reciente de los movimientos subversivos en México existe un  peculiar episodio en el que se hace presente la conexión de uno de los grupos en cuestión con la República Popular de Corea del Norte.

Corría el mes de diciembre de 1971 cuando el presidente de la República a la sazón Luis Echeverría Álvarez ordenaba la expulsión de personal adscrito a la delegación diplomática  acreditada ante la cancillería mexicana de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

El diplomático Oleg Netchiporenko sería expulsado del país como prerrogativa del ejecutivo federal consignada en el artículo 33 de la Constitución independientemente de que en la especie la Secretaría de Relaciones Exteriores hiciese valer las atribuciones concernientes  que al efecto se consignan en la Convención de Viena sobre el Trato Diplomático que rige la relaciones entre estados soberanos.

Meses después,   Fernando Pineda Ochoa sería detenido por agentes integrantes de la denominada “Brigada Blanca” y adscritos a la extinta Dirección Federal de  Seguridad, acusándole de planear diversos atentados en el país  dada su adscripción al Movimiento Armado Revolucionario constituido a raíz de la ocupación del campus universitario de San Nicolás de Hidalgo en Morelia, ejecutada bajo las órdenes del General Hernández Toledo y estando  don Agustín Arriaga Rivera en aquellos momentos  al frente de la gubernatura de Michoacán.

Recientemente, el periodista Philp Shenon  dejó al descubierto un testimonio  que habría permanecido oculto por más de medio siglo  y que corre a cargo de la desaparecida escritora Elena Garro,  testimonio en el que la autora de los Recuerdos del porvenir  daría cuenta de algún encuentro  en la Ciudad de México entre Lee Harvy Oswald, el asesino de Kennedy y el controvertido agente de la KGB , cuyas andanzas  así como las del célebre “jefe de estación de la CIA” Winston Scott  sería aludidas con tinte de farsa en la novela de Rafael Bernal “El Complot Mongol”.

A raíz de la detención de Pineda Ochoa, las autoridades del país señalarían  al  “jefe de operaciones” de la KGB en México  como al  sujeto encargado de establecer contacto de enlace con el  MAR,  dado que Fernando Pineda había tomado cursos en la Universidad “Patricio Lumbumba” en Moscú, pese a ello, la única conexión comprobada y aceptada por los militantes del MAR incluido su ya finado dirigente Gómez Roaro,  habría sido, en exclusiva,  con la República Popular de Corea del Norte.

Las declaraciones ministeriales y las pesquisas del caso, sin embargo,  dejaron en claro en la ocasión, que de manera aceptada e indubitable, el MAR había contado con asistencia de Corea del Norte y jamás logró acreditarse  participación alguna de la KGB, al menos por lo que hace a la conformación y desenvolvimiento de la agrupación en cuestión.

Mucha ha sido el agua que ha corrido bajo el puente desde aquellos lejanos días y jamás han quedado esclarecidas las implicaciones de la conexión de Corea del Norte en nuestro país, implicaciones que se antojan por demás  complejas, muy atentados habrá que estar en consecuencia en los días que corren, dado el panorama internacional que nos circunda.

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