La Edad Media 3.0: boda real y canonización

Un viaje al pasado reciente: en alguna de las clases de Geopolítica impartidas por el siempre perspicaz y carismático Alejandro Salgó Valencia, académico de la UNAM especializado en el estudio del islamismo y en particular de Hezbolá, soltó un comentario que en estos días se pudiera considerar como premonición: El siglo XXI es igual a la Edad Media, pero con gadgets.

 

Un Gadget es un dispositivo que tiene un propósito y una función específica, generalmente de pequeñas proporciones, práctico y a la vez novedoso, como lo son los celulares, tabletas, computadores personales, cámaras multifuncionales y también, los sistemas operativos, aplicaciones y plataformas virtuales: Windows, Linux, Mac, Google, Facebook y Twitter.

 

La edad media, periodo histórico perteneciente únicamente a la civilización occidental, se caracterizó por la eliminación drástica de las estructuras sociales, políticas, económicas, ideológicas e incluso arquitectónicas y urbanísticas romanas: desaparición del concepto de ciudadanía, descomposición de las estructuras políticas centralizadas, absorción del monoteísmo, destrucción de los conceptos de belleza a partir de la naturaleza y el ser humano. Exactamente cuándo ocurrió, será un misterio, pero mientras todo lo anterior se degradaba, de manera paralela ocurrían procesos que dieron origen a dos instituciones que aún persisten en el presente: Monarquía e Iglesia.

 

Es común escuchar que este periodo histórico, con duración de casi mil años, fue un periodo donde predominó el miedo, el aislamiento, la ignorancia, la superstición, la violencia endémica, la brutalidad, las epidemias apocalípticas, las guerras e invasiones. Juzgue usted amable lector, en donde estamos parados ahora.

 

Monarquía e Iglesia, insistentes en el tiempo actual, en franca fragilidad y exposición a la opinión pública y liquidez de la sociedad de la información, se encuentran en crisis. Crisis derivada de la acreditación de los súbditos y fieles, del caos financiero ocurrido en 2008, de errores monstruosos solapados por las cúpulas jerárquicas más altas, de nula renovación en sus cimientos de las demandas de la población y de fe.

 

En nuestro país, disque libre de monarquías y sucesiones dinásticas, el pasado Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Geografía reveló que de los 112 millones de mexicanos, 5.2 millones de habitantes dijeron no profesar religión alguna, en diez años pasó de 3.5% a 4.6% con todo y la beatificación del españolizado “primer santo indígena” el 31 de julio de 2002 por parte -y a propósito- de Karol Józef Wojtyła ¿México siempre fiel o #fail?

 

Es entonces cuando debemos preguntarnos ¿Cómo es posible que la Boda Real y la Canonización (forzada en tiempo y forma) de Juan Pablo II sean temas de coyuntura internacional? No hay otra explicación, la Edad Media está de moda gracias a solventes apuestas a la difusión en medios masivos convencionales más la incursión en plataformas sociales o ¿a poco creen qué detrás de la puerta de San Pedro está Karol administrando su perfil de facebook? Ahora bien, la boda real, no hace uso más que el cuento por definición y definitorio favorito de la “plebeyada” romántica: Cenicienta, ni más ni menos que una historia de amplia tradición oral que alcanzó su publicación hasta 1697. La historia, remasterizada y con roles específicos actualizados (cual muñeca Barbie periodista) misma que ya había sido utilizada por Felipe y Letizia, no suena más que a la búsqueda de una alianza, pero esta vez no entre monarquías sino con la sociedad; una sociedad que cuestiona, que infiere, que sospecha. La boda real, se manifiesta como un analgésico ante la crisis por la que atraviesa.

 

Es erróneo afirmar que toda la edad media fue oscuridad, ya que también de manera paralela, los amplios movimientos migratorios y de repoblación de territorios, permitieron la transculturación entre guerreros, peregrinos, mercaderes y estudiantes de diferentes origines. En los últimos siglos de la Edad Media, el mundo occidental experimentó la reparación y modernización de todas estructuras, mismas que abrieron la puerta al renacimiento: renovación en las ciencias naturales, pero sobre todo humanísticas: el ser humano como el centro del universo.

 

Sobra decir que no tenemos que esperar unos siglos para salir de la etapa medieval por la que atravesamos, los gadgets libres con los que contamos deben acercarnos y no desinformarnos y descontextualizarnos de lo que es verdaderamente importante. La crisis de todas las instituciones debe resolverse a favor de libertades fundamentales, en nuestro caso, consagradas en las garantías individuales que preserva la Constitución Política; imperfectas, es posible, pero irrenunciables nunca. Insistir, resistir y difundir en contra de reformas retrógradas y perniciosas, como la Ley de Seguridad Nacional, es de mexicanos, es de seres humanos.

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