Miguel Ángel Mancera y los grupos de presión

El ganador de las elecciones en la lucha por el gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, se ha caracterizado por ser un político que sabe guardar las formas de manera impecable.

Inicialmente se le consideraba poco ducho en las artes de la política. Pero Miguel Ángel Mancera resultó ser la gran sorpresa entre TODOS los candidatos que jugaron para los más diversos cargos de elección popular. Ganó con una increíble votación de casi 4 a 1 sobre sus competidoras reales, Beatriz Paredes e Isabel Miranda (Rosario Guerra del PANAL era una candidata testimonial con buenos momentos en el debate en medios pero hasta allí) y se convirtió en el mexicano que más votos ha obtenido en una elección con la sola excepción de las presidenciales.

El bono democrático con el que llega el ex procurador del DF a la jefatura de Gobierno de la gran ciudad es infinitamente superior a los de Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador y por supuesto a Marcelo Ebrard.

Pero en política el principio de la mano encubridora, que cobija los intereses tanto económicos como partidistas de los grupos de presión, se hace presente de una manera a veces invisible, pero con un poder de influencia que muchas veces parece inexplicable e incontrolable.

Para gobernar el DF Miguel Ángel Mancera tendrá que contemporizar sus proyectos con los grandes capitales que radican en la ciudad de México. Que son los más influyentes del país.

De la misma forma está obligado a una relación de entendimiento, manteniendo el principio laico, con las iglesias con mayor presencia en el DF. Primero la católica, cuyo arzobispo Norberto Rivera es un político cuajado por los cuatro costados y luego por las ortodoxas, entre las que se encuentra uno de los prelados más grillos del entorno capitalino. Pero los cristianos han avanzado notablemente en su trabajo de evangelización y consecuente suma de feligreses a tal grado de que ya deben ser tomados como un grupo de presión real.

Luego vienen las tribus de la izquierda con grandes bastiones de seguidores en las diferentes delegaciones de la metrópoli. Y con ellos el más abigarrado conjunto de intereses que se pueda uno imaginar. Ambulantes, pepenadores, franeleros, taxistas, mafias del contrabando, mafias de la droga, mafias del secuestro.

Y la presión más grave que enfrentará Miguel Ángel Mancera será la de los intereses del grupo de quien pronto será su antecesor, Marcelo Ebrard.

A Marcelo lo acompaña el equipo de Manuel Camacho en la aventura política y económica. Le tratan de dejar a Mancera como repetidores al secretario de Obras Públicas, Fernando Aboytes; al director del metro, cuyos proyectos de ampliación de líneas o de transportes alternos dejan a Mancera atado casi por tres años porque llegará con el presupuesto comprometido para esas obras.

En la asamblea del DF los marcelistas quieren que el líder sea Miguel Ávila, ex secretario de Gobierno de la actual administración defeña. Y en la comunicación social del próximo jefe de gobierno también el grupo de Marcelo quiere influir para tratar de ayudar a Carlos Slim a que tenga en el DF una señal de televisión abierta.

Entonces el bono democrático se ve acotado por los grupos de presión.

Miguel Ángel Mancera desde ahora es señalado por muchos analistas como el prospecto de la izquierda que más puede crecer en el ánimo de la opinión pública como un posible candidato presidencial.

Su condición de ganador aplastante le permite no entrar en regateos de si sabe o no manejar una campaña política. Su cuidada discreción contrasta con el protagonismo de los principales líderes de las izquierdas. Todos sus atributos son reconocidos ya aún fuera de los límites del Distrito Federal.

La gran pregunta es, tendrá tiempo Miguel Ángel Mancera para conformar un equipo propio que le deje gobernar la ciudad de manera congruente con las expectativas que generó?

Si logra hacerlo, entonces ese mismo equipo le ayudará a continuar con su carrera  política que no puede tener otro escalón que una candidatura presidencial.

 

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