En Contexto. ¡Vaya con este 2 de octubre!

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Claudia Sheinbaum, Jefa de Gobierno de la CDMX, garantizará la seguridad de la marcha del 2 de octubreGraciela López / Cuartoscuro

La medida se oficializó ante el temor de que se produzcan agresiones personales y nuevos destrozos en establecimientos “de la burguesía” en la era de la 4T

Entre las ocurrencias políticas, no habíamos imaginado −al menos yo y disculpen la primera persona− que la autoridad convocaría a empleados públicos para establecer un “cinturón de paz” para evitar que durante la marcha conmemorativa del 2 de octubre se filtren grupos vandálicos o “conservadores”, como ahora les dice el presidente López Obrador.

La medida se oficializó ante el temor de que se produzcan agresiones personales y nuevos destrozos en establecimientos “de la burguesía” en la era de la 4T, mientras los gobiernos federal y de la Ciudad de México muestran su tolerancia para no caer en provocaciones que sean el pretexto para que las califiquen de represoras.

Por las dudas, comerciantes y empresarios de la zona por donde se llevará a cabo la marcha, ya tomaron precauciones. Algunos anunciaron que cerrarán sus puertas y resguardarán sus locales y otros sugirieron que responderán a las agresiones.

En el discurso y en los hechos, la autoridad marca una transformación histórica, aunque contraria a los ordenamientos constitucionales: delega su responsabilidad de garantizar la seguridad pública y hacer valer el Estado de Derecho.

Salvo las fuerzas del orden, ningún empleado de la administración pública puede ser instruido para que se convierta en vigilante. Para eso están la policía y las fuerzas armadas, en donde se incluye a la naciente Guardia Civil.

La izquierda documentada, no digamos a los conocedores del marxismo, sabe y reconoce el papel que juegan los Aparatos Ideológicos del Estado para hacer valer las leyes a fin de conservar el contrato social y la democracia.

Incluir a 12 mil burócratas en tareas policiacas o de vigilancia, además de violar sus garantías laborales (incluso fuera de sus horas de trabajo), abona en el deterioro de las libertades individuales consagradas por la Constitución, constituye un desvío de recursos públicos y puede apuntar hacia un esquema autoritario.

Los policías de la Ciudad de México, aunque venga del pasado, sabe hacer su tarea de salvaguardar a la población, inclusive a costa de su vida.

A pesar de sus carencias en equipo, capacitación y liderazgo, son disciplinados. Tanto que se han mantenido expectantes a las órdenes superiores de no actuar contra el vandalismo que, inclusive, se encubre en los policías asignados como acompañantes para consolidar la impunidad que hemos visto en las últimas fechas.

En materia de seguridad, la responsabilidad de las autoridades no se puede delegar en los ciudadanos bajo el esquema de los “cinturones de paz” porque la situación del país no lo amerita y porque carecen tanto de la capacidad como de la calidad jurídica para enfrentar a la violencia.

Mucho menos cuando el pretexto del gobierno es el de garantizar las libertades de manifestación y de expresión, con interés de construir una percepción política de máxima tolerancia, inclusive con la delincuencia, pero contraria a lo que hoy marca la ley.

Todos los ciudadanos, independientemente de sus preferencias políticas, conciben al Estado y a sus representantes como garantes de la protección colectiva y, por eso, a veces exigen acciones de la fuerza pública y de los aparatos estatales para proteger su integridad física y sus bienes.

Recordemos que los gobiernos son juzgados por lo que hacen y por lo que son. Para gobernar los responsables públicos deben convertir los recursos disponibles en actuaciones con resultados.

Es parte del Contrato Social, de la democracia.

No hay duda de que este 2 de octubre, por el pasado, pero más por lo que viene, no se olvida.

@lusacevedop

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