Juega su juego...

Ver la tele, hacerte “fan de hueso colorado” del fútbol, de cualquier equipo, da igual, pero gritar: “¡Yo amo el fútbol!”; enterarte del último “escándalo amoroso” de tu “artista” favorito, estar al pendiente del final de la telenovela, escuchar que por ahí va a haber elecciones, pero no prestarle mucho interés; seguir con el partido, la gran final, la recopilación de goles de la jornada, el análisis “a fondo” del partido porque “hay mucho que comentar al respecto”, ¿por qué no metieron al “Chicharito”, ¿por qué “nos” lo dejaron fuera?, ver cómo “se paró” el Monterrey en la final, ¿por qué así?, ¿por qué no fue más aguerrido?, ignorar lo que sucede en las calles de la Ciudad de México, o darle más importancia a todo lo demás, dejar todo lo demás por encima de lo verdaderamente importante.

 

“Juega su juego, y tranquilo estarás…”, dice Gondwana, el grupo de Reggae más importante de América Latina.

 

Y sí, porque si juegas el otro juego la vas a pasar mal, tendrás decepción tras decepción, esforzarte “para nada”, enojarte una y otra vez porque al pueblo no se le deja ganar una jamás, al pueblo por supuesto que no se le analizan los goles que mete en la televisión, no se hace un análisis a fondo de lo que sucede en las calles en estos días, no se analiza lo de los 131 de la Ibero, etc.

 

Eso pasa si juegas el otro juego: el de informarte, el de estar al tanto de las noticias, el de buscar las que son objetivas, el de leer hasta las que no lo son para tener el panorama completo, el de descubrir que lo que dijo Milenio fue sólo una calumnia más para desprestigiar todo lo que no suceda en los medios oficiales, todo lo que no organicen los partidos, el juego de darte cuenta de que ayer, 19 de mayo de 2012, la gente tomó la calle sin color de ningún partido —y me consta— y que marchó por la inmensa angustia que provoca (en muchos, no en todos evidentemente) el hecho de que regrese una de las peores pesadillas a la vida del país: el PRI, pero que hay un aparato enorme encima de ti que juega a suprimirte, a desvirtuarte, a calumniarte. Ese juego no te mantendrá tranquilo. El aparato juega a minimizar, y minimizar, y minimizar, y minimizar, un sistema que se esfuerza (tampoco le cuesta tanto, lamentablemente) por anteponer todo lo demás: su juego.

 

“Juega su juego, y tranquilo estarás…”.

 

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