La desestimación a Felipe Calderón; su único epicentro inspirador son las redes sociales

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Felipe Calderón HinojosaArchivo

Felipe Calderón ya no es una alternativa que desplace confianza y certidumbre

Tuve la oportunidad de leer dos lecturas magníficas de periodistas investigadores mexicanos, cuya trayectoria en digna de resaltar por su objetividad. El amasiato de Álvaro Delgado, y Calderón de Cuerpo Entero, del autor Julio Scherer; quedé sorprendido del alcance que ha tenido un político que ha generado más dudas que certidumbres, ese es Felipe, el creador del “Haiga sido como haiga sido”, un perfil que prometió que a Michoacán, su tierra “le iba ir bien, pero muy muy bien”. Solo produjo desigualdad, olvido y un esquema promisorio que jamás aterrizó.

Soy de las personas que están convencidas de que las elecciones del 2006 estuvieron llenas de irregularidades, lo cual desemboco, que Felipe asumiera la presidencia de la República, arrastrando componentes fraudulentos y, un triunfo inmerecido, al menos en las acciones que perpetraron los resultados electorales obtenía una ilegitimidad.

Eso trajo por añadidura, una legitimidad que naufragaba en el rechazo post-electoral por unos comicios, viciados desde su proceso de inicio hasta el final. La polarización de esa elección, matizaba particularmente un desdén de la sociedad, que aumentó su tensión por el recambio democrático, o bien, el regreso que consolidaba la podredumbre que abrió paso a uno de los sexenios más decepcionantes y fallidos de nuestra historia contemporánea. Por lo anterior, es conveniente marcar un precedente inquietante para una entidad, cuando Felipe Calderón abandonó prácticamente a Josefina Vázquez Mota, a fin de cargar y concertar nuevamente la entrada del priismo con EPN.

Eso venía a confirmar que el expresidente Calderón, pasaría tempranamente del poder al anonimato en términos políticos.

La desaprobación de Felipe se acentúa públicamente en los distintos escenarios donde se tensó su desempeño.

Con el PAN mantuvieron una lucha encarnizada con Ricardo Anaya, quien estableció las condiciones del proceso interno para el 2018. El desenlace ya lo sabemos: la permanente frustración y tropiezo de su esposa Margarita Zavala, que sin estructura y, arrastrando la imagen de Calderón, (que de hecho era la esencia y alma de su candidatura), fracaso en el clima electoral por la carrera presidencial, como muestra del recuento y recuerdo que aminoró la popularidad de su esposo.

Pero de igual forma, ha trastocado un terreno infértil con la constitución de su propio partido: México Libre, que ha lanzado a la par de sus actividades con su esposa; sin embargo, aunque Felipe y Margarita llegaron a poseer un efecto que demostró por lo menos un poco de arrastre de alguna militancia, crecientemente han encontrado escaso poder de convocatoria en algunas asambleas distritales. La sociedad ha manifestado un rechazo abierto por estos personajes, aceptando que gran parte de consolidación de esos elementos antisociales, se dieron en el sexenio de Felipe Calderón.

Asimismo, casi cuatro mil estudiantes del Tec de Monterrey, mostraron su rechazo para solicitar que el expresidente no se presente a dar una ponencia. Usualmente Felipe ha encontrado una debacle que básicamente se sustenta en sus acontecimientos históricos que hacen hincapié a diversos matices que arrojan su impopularidad; eso lo podemos evaluar como un perfil que comparado con otros, ha pasado a la sombra, disminuyendo popularmente su figura, que refrenda la de un exmandatario que arrastra con un abanico extenso de elementos que han estado al margen de la democracia.

Ahora lanza su ofensiva mediática a través de los mecanismos de comunicación de las redes sociales; ese instrumento se ha convertido en su principal plataforma que demanda gobernabilidad, resultados, y súplica una serie de acciones como propuesta para considerar una ruta o dirección. Sin embargo, su narrativa no produce prácticamente nada; sus mensajes en vez de aumentar la discusión en los temas de la agenda pública, provocan una numerosa ola de críticas de algunos sectores de la población Nacional, que sostienen que efectivamente: Felipe Calderón, es una figura que ha pasado a la sombra de la política.

Aunque empuje fuerte denostando y desacreditando al nuevo gobierno, encuentra una tribuna que apresuradamente replica la animadversión que sienten por su figura. Felipe Calderón ya no es una alternativa que desplace confianza y certidumbre; al contrario, su imagen provoca un escaso, o tal vez nulo efecto de elocuencia. Para construir una buena imagen, el expresidente tuvo que tener un pasado que debiera considerar un buen papel; la existencia de todas esas acciones desde que arribó a palacio Nacional, sus excesos, y su severa mala actitud, han hecho remoto a convertirlo en un perfil seriamente cuestionado, olvidado y despreciado por muchos mexicanos. Su espuria, fue la característica y el eje central.

Notas finales: la sinopsis de algunas lecturas han demostrado que Felipe Calderón no ha sido capaz de construir un liderazgo porque no atrae, y no convence por su arrogancia, egocentrismo, frivolidad, narcisismo, asimismo, un actitud poco tolerante y pedante, la cual abrió paso para que se gestara una impopularidad que es acompañada de una soledad que se refugia en términos políticos en la sombra de aquella fatídica elección del 2006.

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