La cumbre de la izquierda

En el puerto de Acapulco se han concentrado dirigentes, legisladores, gobernadores, en funciones y electos, el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, el actual y el electo y los líderes de los principales grupos al interior del Partido de la Revolución Democrática (PRD), en lo que han llamado la cumbre de la izquierda.

Está concentrada efectivamente, una buena parte de la clase política izquierdista de éste país, aglutinada en una parte del PRD, pero no está representada toda la izquierda mexicana.

No se observa, al menos en el inicio de ésta reunión, la participación de los cuadros y grupos perredistas, afines a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), como tampoco nadie de los partidos del Trabajo (PT) y Movimiento Ciudadano (MC). Y ya no se diga toda la serie de organizaciones social- demócratas y/o de izquierda, que no están incorporadas ni formal ni materialmente a ninguna institución partidaria.

Pero independientemente de la denominación, que parece demasiado pretenciosa, lo relevante de esa reunión es que se trata de los cuadros políticos que ocupan u ocuparan espacios de poder en el PRD, en Gobiernos locales y en el Congreso de la Unión.

Y serán ellos precisamente los que marcaran con sus políticas, propuestas y decisiones, el futuro inmediato de la izquierda mexicana; en eso estriba la importancia de la reunión de Acapulco. Son los principales cuadros más abiertos, plurales e incluyentes, y por ende, flexibles para la negociación y la construcción de acuerdos con el resto de las fuerzas políticas.

Los perredistas reunidos en el puerto guerrerense, saben que tendrán que disputar con el PAN el importantísimo papel de ser los principales interlocutores y definidores con el PRI en el Congreso de la Unión, de las principales políticas públicas y de las llamadas reformas estructurales que demanda éste país.

A estos cuadros y líderes les corresponde encabezar la unidad de la izquierda y capitalizar política e institucionalmente, el enorme caudal de votos que recibieron el pasado 1 de julio.

Los caudillismos que ha tenido el PRD y la izquierda mexicana han significado claroscuros, pues han sido una fortaleza por un lado, pero también se pueden convertir en un lastre.

Apostar por la construcción institucional partidaria cada vez más fortalecida, sin menoscabo de los liderazgos fuertes, que también son importantes, me parece que puede ser un buen reto para la cumbre de Acapulco. Pero no adelantemos vísperas, esperemos y observemos.

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