Midas de carambola contra los intelectuales orgiásticos

Todos conocemos la función del rey Midas: Convertir en oro todo lo que tocara, inclusive la mierda. Por trasmutación de significado, surgió el Midas al revés: Convertir en mierda todo lo que tocara, incluido el oro. Por otro lado, Midas es la representación del poder, es el rey.

 

Le asiste parcialmente la razón a Heriberto Yepes cuando en su nota de diciembre pasado en Milenio, afirma que la acusación de “Intelectual orgánico” hecha por Salinas de Gortari contra Enrique Krauze y otros, es incorrecta. Que debió haber utilizado la de “Intelectual tradicional”. Correcto, ambos arquetipos descritos por Antonio Gramsci en “Los intelectuales y la organización de la cultura” de Cuadernos de la cárcel. Orgánico, no tiene necesariamente una connotación negativa para el intelectual, como la sugiere Salinas en su libro y como la emplea la mayoría de la izquierda. Más bien refiere la adscripción de los intelectuales funcionales a las distintas organizaciones sociales, pues cada una de ellas desarrolla los propios de acuerdo a sus necesidades. De allí que Gramsci insista en la tarea de que la clase obrera italiana eduque y cree los suyos en el proceso de búsqueda del poder. Estamos, pues, ante otro fenómeno de trasmutación de significado. El orgánico es el que está incrustado en el poder o que puede conquistarlo, pero se le ha llamado igualmente así al que valida o justifica el sistema, que en el concepto gramsciano, se trata más bien del intelectual tradicional, quien se dice independiente y no acepta o no se percata de su identificación con el stablishment, la clase dominante. En realidad es más dependiente que el otro. A estos “tradicionales” Gramsci demanda reemplazarlos por dañinos para el bienestar social (claro, ellos defenderán “el libre pensamiento”), porque además, afirma no sin gracia, consumen una buena tajada del presupuesto.

 

El librote de Salinas, Democracia republicana. Ni Estado ni mercado: una alternativa ciudadana (tratado priista para recuperar la presidencia), ha provocado cierto fervor entre sus antiguos invitados de palacio. Tanto Enrique Krauze Kleinbort como Héctor Aguilar Camín se han llamado ofendidos y han respondido. “Carlos Salinas: nuevo intelectual orgánico del PRI” es el texto de Krauze. “Salinas y el 94” el de Aguilar.

 

Krauze apunta que el 2000 y 2006 son una pesadilla para el PRI (como si la del panismo fuera casi en el paraíso) y que al sentirla superada y en vigilia por recuperar Los Pinos, Salinas se apunta como un poco vergonzante intelectual orgánico de su partido. No le falta razón a Krauze, endilga a Salinas el rosario de culpas y errores por todos conocidos, además de usar correctamente el término gramsciano; olvida sin embargo que él mismo sería cuando menos uno del corte “tradicional”. Aguilar hace hincapié casi en los mismos puntos que su correligionario (como si hubieran conversado al teléfono), y, sobre todo, subraya la responsabilidad de Salinas en el “error de diciembre”, que el ex presidente quiere endosar absolutamente a Zedillo.

 

Convengamos: Salinas, por decirlo así, utilizando la prestidigitación de la alquimia, al ascender al poder se convirtió en un Midas de dos bandas: convirtió en miseria el patrimonio nacional al entregarlo por tres pesos a sus amigos (Telmex, Bancos, Trasportación Marítima Mexicana, Ferrocarriles Nacionales,…), firmó el Tratado de Libre Comercio absurdamente desventajoso, reprimió la izquierda, benefició a la derecha política y religiosa, entregó el país a la crisis (un candidato asesinado y una guerrilla), etc., y, por el contrario, convirtió en oro la miseria de sus amigos y muy visiblemente la de su hermano. Una vez juzgado parcialmente por la historia, Salinas encuentra justificantes y maravillas de su gobierno por todas partes: Ésta es su carambola de fantasía: lo ya juzgado como ruindad y miseria, en su libro lo convierte en oro.

 

Carlos Salinas ha alcanzado así el sueño dorado del alquimista: transitar del estiércol al oro y del oro al estiércol, a placer: El poder absoluto.

 

Ahora bien, el ex presidente aventaja a sus ex compañeros y por lo mismo actualmente escribe, con indignada razón, recias réplicas contestatarias contra ellos. Porque, ¿dónde estaban los actuales críticos durante su gobierno? En las fiestas del rey, seguramente: Patrocinio a sus proyectos culturales y literarios, saludos y abrazos a sonrisa de ida y vuelta, comilonas, foto del recuerdo, elogios krauzianos, entrevistas aguileras exhaustivas y laudatorias, negocios (algunas relaciones “inconfesables” registradas ya por Julio Scherer), etcétera. ¿Dónde está la crítica de Krauze, dónde la de Aguilar durante 1988-1994? Los ahora críticos a posteriori, retroactivos, disfrutaron de la bonanza del rey, participaron de la fiesta. Divirtieron y se divirtieron. Fueron una suerte de Rigolettos. No uno del tipo verdiano, no obstante, mucho menos una versión francesa a la Víctor Hugo (Le roi s’amuse), no. Una del tipo tropical: una adaptación de Acerina y su Danzonera: Rigoletito.

 

Muchos recuerdan la fastuosidad y la generosidad de Salinas con los intelectuales y artistas “tradicionales” (última que se recuerde de parte de algún ex presidente). Estos se entregaron a una orgía, a un festín de apetitos insatisfechos. De allí que la clasificación gramsciana se haya enriquecido al agregar a la del orgánico y el tradicional, la del intelectual orgiástico. El que, cómplice o complaciente, se entrega al placer sexenal y después, pasada la cruda, toma aparente distancia y vuelve de nuevo a la objetividad y a la crítica.

 

Hay una versión de Midas que me agrada más: La del ser angustiado ante la vida, no uno preocupado por el oro o el poder. Ese que sale a buscar no a un intelectual sino a un sabio, orgánico más que de sí, que no consiente el poder ni el oro: Sileno. Midas atrapa finalmente al sabio y pregunta: ¿Qué es lo mejor y preferible para el hombre? Forzado, Sileno prorrumpe de su silencio: Estirpe miserable de un día, hijos del azar y la fatiga, ¿por qué me fuerzas a decirte lo que para ti sería muy ventajoso no oír? Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para ti: no haber nacido, no ser, ser nada. Y lo mejor en segundo lugar es para ti, morir pronto.

 

P.D. Y aquí Rigoletito. Interpreta: Acerina y su Danzonera: Dirige: Carlos Salinas. Coreografía, bailarines, trompetas, maracas y timbales: Los intelectuales orgiásticos: http://www.youtube.com/watch?v=FPsEhPrD0YM

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