Columna Incómoda. El maratón de López Obrador

Quién podría olvidarlo. En octubre del 2007, un ex candidato presidencial, originario de Tabasco, que ocupó el tercer lugar nacional en la elección de 2006 y que como gobernador desafío a los poderes de la Unión que lo querían fuera, de pronto, a través de un cable internacional que difundió la página de internet del diario Reforma, nos dieron cuenta de que el político mexicano había hecho fraude en el maratón de Berlín.

 

Esta nota “extrañamente” llegó a los diarios nacionales y a la televisión abierta, editada con precisión quirúgica en el momento justo “del fraude” e incluso con análisis visual de sudoración, de las palpitaciones de sus ojos. Nunca se presentó la versión del protagonista y sólo se circunscribió a lo que se dijo desde el principio: esa forma mañosa de querer engañar a jueces y al respetable público es la forma maniquea del comportamiento político del tabasqueño.

 

Obvio, esta nota se convirtió en un gran escándalo nacional, en ese entonces apenas superado por el escarnio al que fue sometido el famoso conductor y dizque periodista del espectáculo conocido  como “Fabiruchis”.

 

Y así como “Fabiruchis” perdió toda credibilidad y su imagen quedó reducida a la mofa y el escarnio público, con Roberto Madrazo pasó lo mismo, pero con otras dimensiones, porque se trató de un ex candidato presidencial y ex dirigente del partido más fuerte de México. En efecto, el tema del maratón provocó que el ex gobernador de Tabasco, fuera eje inspirador de infinidad de bromas, de cadenas de internet, de fotografías ridiculizadas y hasta para bautizar con su apellido a los animales que actúan “tramposamente” para ganar competencias, como por ejemplo, jumentos o bueyes que se salían de las filas para cruzar y acortar las rutas.

 

Pero lo que provocó esta escena y la campaña de ridiculización contra Madrazo, fue una desacreditación hacia su discurso político y sus críticas. Desde entonces, jamás volvió a ser tomado en serio, con todo y que dizque escribió un libro sobre sus memorias. Desdibujado por el ridículo de su participación en el maratón Madrazo pasó al álmbum de los recuerdos. Esto que cuento representa una  de las formas muy particulares que usa la clase gobernante para deshacerse de alguien que no es confiable como interlocutor y negociador, o que su activismo resulta incómodo. Sin intervenir directamente en estos hechos, sin despeinarse como dicen algunos, el grupo gobernante encabezado por Felipe Calderón ganó esa partida a Roberto Madrazo, quien quería sostenerse como “el interlocutor de los priístas”.

 

Los efectos políticos fueron inmediatos. Desde entonces, Madrazo tuvo que hacerse a un lado en las controvertidas elecciones de Baja California, en las cuales el ex candidato, Jorge Hank Rohn, amenazaba con articular una protesta desestabilizara. En el Congreso de la Unión, los cuadros políticos de Madrazo fueron desplazados, como ocurrió con Alberto Aguilar Iñárritu, el primer coordinador de la Mesa de Concertación para la Reforma del Estado. La interlocución del PRI con el Presidente, con el PAN, con las izquierdas y con el resto de los partidos de oposición, no estuvo ya en el control de los operadores madracistas, sino con los dos coordinadores parlamentarios tricolores: Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón, cuya fuerza sobrepasó a la entonces presidenta del CEN del PRI, Beatriz Paredes Rangel. Después vieneron los acuerdos para elegir a los prospectos a las candidaturas del 2009 y Madrazo no tuvo fuerza para negociar una posición ni con sus partidos ni con sus aliados. Tuvo que llegar el 2012 para que, en un estilo clásico del madracismo, se infiltraran en la campaña de Arturo Núñez para hacerlo ganar la gubernatura. Aunque no lo crean, el madracismo retomó algo de poder en Tabasco por la vía del PRD.  

 

Todo esto que cuento sobre Madrazo lo veo venir –Y CONSTE QUE LO DIGO CON SUFICIENTE ANTICIPACIÓN- también con su paisano y, supuesto, archirrival: Andrés Manuel López Obrador, quien no ha sabido fundamentar correctamente su movimiento y, al contrario, sus discursos y las acciones de sus seguidores, los siempre leales, están cayendo algunas peligrosamente en la riduculización de los medios –incluyendo sus propios “aliados”— con sus denuncias, su desconocimiento a los resultados, su discurso ofensivo contra los mexicanos, contra los pobres (bueno, el pueblo pobre que vendió su conciencia), su propuesta de presidente interino y de invalidez sólo de la elección presidencial y no de todo el proceso (legisladores, gobernadores, alcaldes).

 

Hoy, varios columnistas, tanto simpatizantes de las izquierdas como sus adversarios, hacen apuestas para saber cuánto tiempo más durará la protesta de AMLO y qué ocurrencia vendrá después. Rivapalacio, por ejemplo, señala con claridad que el lopezobradorismo se observa notoriamente a la baja y peligrosamente tiende al aislamiento, apenas alimentado por el apoyo del ebrardismo que salió a su rescate. Y tiene toda la razón.

 

No es para menos, ya vienen las negociaciones de qué comisiones disputarán las izquierdas en el Congreso de la Unión a partir del 1 de septiembre. Ya está la presión de los goberndores del PRD para el presupuesto 2013: Guerrero necesita recursos y apoyos para recuperar el turismo; Morelos, úrgele no estar alejado de una buena relación con la Federación para recuperar la tranquilidad y el desarrollo de infraestructura; y Tabasco requiere que se comprometan recursos para la conclusión del Plan Hídrico así como una atención especial como estado petrolero. Y el DF, el hermano mayor, no puede ni debe estar en una relación simulada ni enemistada con el próximo presidente.

 

Realmente, como quedó la correlación de fuerzas en las cámaras, el papel negociador de las izquierdas estará a cargo de los operadores de Marcelo Ebrard en el Senado y de Nueva Izquierda en la Cámara de Diputados, los legisladores lopezobradoristas tendrían un papel marginal en las comisiones y quizá ni eso si no hay un cambio de actitud.

 

Hace seis años, AMLO y sus seguidores lanzaron una ofensiva contra Nueva Izquierda, que se quedó con el control del partido y con la mayoría de los legisladores. Los acusaron de ser falsarios de la izquierda, cuando en sus filas existen cuadros formados desde en la izquierda guerrillera (como el propio Jesús Zambrano). Los acusaron de negociadores, cuando gracias a su pragmatismo es que el PRD ha ganado gubernaturas y los ha ubicado en dos ocasiones como segunda fuerza electoral. 

 

Pero lo más lamentable, fueron las agresiones contra las posiciones internas críticas contra AMLO, que han recibido infinidad de linchamientos: Ruth Zavaleta, Rosario Robles, Cuauhtémoc y Lázaro Cárdenas, Amalia García, Zeferino Torreblanca, Pablo Gómez, Demetrio Sodi y Marco Rascón. Algunos de ellos, mejor optaron por romper con su partido y apoyar otras causas.

 

El 20 de noviembre de 2007, cuando 300 militantes del PRD ingresaron la Catedral metropolitana dijeron que era obra de provocadores y no del discurso incendiario. Era la primera llamada. Esta vez, el 2012 hay fanáticos quienes creen tomar justicia por mano propia y han agredido verbalmente a comunicadores incómodos como Carlos Marín y Ricardo Alemán. Otros más, a nombre del lopezobradorismo no cesan en llamar “si hay imposición habrá revolución”, y en su nombre no faltaría el que se adjudique ataques a instalaciones de medios incómodos como Televisa, Milenio y ahora MVS.

 

Andrés Manuel López Obrador, quien debe valorar bien el peso de sus palabras, de sus movimientos y de sus instrucciones, porque hay muchos fanáticos detrás de él que los toman muy en serio y son capaces de cualquier pendejada.  A diferencia del maratonista Roberto Madrazo de 2007, Andrés Manuel tiene un liderazgo político vigente y necesario para contrarrestar la hegemonía de la alianza del PRI con los coordinadores parlamentarios del PAN e incluso del PRD. Por ello, está obligado ante la historia, como dice él, a no hacer el ridículo, a ser el Poncio Pilatos de “los loquitos justicieros y revolucionarios”, y a asumir el papel de gran político que la historia le tiene reservado. 

 

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