Peña en la Ibero: Ni odio ni intolerancia, indignación

Cuando se dice “70 años de PRI”, se condensa en ese lapso de tiempo –con todo y los logros posrevolucionarios ya señalados anteriormente- parte de la peor historia del país (lo mismo cuando ahora se dice “12 años del PAN”, su descomposición, su guerra y sus decenas de miles de muertos).

Significa el autoritarismo, la corrupción y el crimen. Éste, ensañado no solamente contra la sociedad de adultos, contra los adversarios políticos. También y sobre todo contra los jóvenes: 2 de octubre no se olvida.

Como una prolongación del sentido de esos 70 años, encontramos los seis del gobierno de Peña Nieto en el Estado de México: Atenco no se olvida (tampoco la corrupción ni los “feminicidios”).

El posicionamiento de Peña como candidato y la posibilidad de la vuelta del PRI a la presidencia no ha significado siquiera un “borrón y cuenta nueva” sino algo peor: olvido, inconsciencia, desmemoria colectiva. Quienes le aplauden y promueven pretenden que la sociedad adiestrada por los medios de comunicación carezca de un pasado y ahora elija, entre las opciones presidenciales, a “un chico guapo”, un nuevo rostro del PRI sin arrugas, sin responsabilidad histórica, sin responsabilidad burocrática; una nívea estrella de TV.

¿Puede ser tan sencillo?  ¿De veras se puede engañar “de cabo a rabo” a toda una sociedad de más de 80 millones de electores? ¿Se puede embaucar tan impunemente? ¿Puede apostarse al olvido, a la desmemoria?

El viernes 11 de mayo de 2012 los estudiantes de la Universidad Iberoamericana dijeron que no es tan simple. Y ahora que los medios oficiosos hablan de mitos caídos, lisonjeando a Peña como a todo un intelectual, un orador de primera, aquí uno que se cae de veras: Que estudiantes de universidades privadas serían solo masas acríticas, sin convicciones políticas sólidas. Los de la Iberoamericana y los del Tecnológico de Monterrey han proporcionado recientes muestras de lo contrario.

Pero ahora resulta que expresar rebeldía por un lado y conciencia por otro, increpar “cobarde”, “la Ibero no te quiere”, “Atenco no se olvida”, etc., largar indignación en suma, es síntoma de intolerancia y odio. ¡Y lo afirman y divulgan así tanto la televisión que no ha hecho sino desdibujar y engrandecer la figura de Peña, como aquellos periodistas quienes al parecer desconocen la historia del país y en vez de explicar los hechos, y en consonancia con los funcionarios priistas, descalifican de entrada a los muchachos como reventadores, infiltrados, fascistas,... Como en los peores tiempos del PRI de siempre (tiempo de Díaz Ordaz y Echeverría Álvarez, por ejemplo). Todos, adherentes de Carlos Francisco de Croix, virrey de la “Nueva España” de  1766 a 1761 quien dictara (¡cómo hemos avanzado en democracia!): “de una vez para lo venidero deben saber los súbditos del gran monarca que ocupa el trono de España, que nacieron para callar y obedecer y no para discutir ni opinar en los altos asuntos de gobierno”. Es decir: Silencio es lo que se quiere.

El insólito rostro de Peña en el baño de la Ibero, fuera del control usual de la pantalla, fuera de control a secas, expresa que no todo puede ser tan bonito; y es que quizá, si bien puede merecer una telenovela, tal vez no alcance para un cuento de hadas.

Los estudiantes de la Ibero y del Tec han mostrado que están en la ruta de la conciencia lúcida –como tantos en el mundo-, no están dispuestos a ser una masa amorfa, acrítica y engañada. Porque independientemente de la condición social, existe un fondo de las cosas y este dice que el PRI y que Peña no son lo difundido por la televisión, que no hay ningún rostro nuevo. Por ello el candidato priista había postergado su visita a dicha universidad, por ello un grupúsculo de académicos del AAPAUNAM le disfrazó a escondidas, sólo para la foto, con la playera del escudo de la UNAM, un contrasentido. Porque Peña no se atrevería a entablar un diálogo con estudiantes en Ciudad Universitaria ni en ningún otro ámbito universitario donde la memoria y el interés político sean parte de la conciencia crítica de jóvenes que asumen ahora el compromiso con su sentido biológico y con su historia. La Ibero ha sido la muestra de su intento y su fracaso. 

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