Las redes sociales y los generadores de odio

Una de las más influyentes creaciones tecnológicas contemporáneas son las redes sociales.

La inmediatez en el flujo de información, la interacción en tiempo real con habitantes de cualquier parte del orbe, así como la libertad de expresión, son algunos de los atributos con los que cuentan estas, y que atraen a millones de personas.

A la par del crecimiento de las redes, las sociedades han experimentado cambios de conductas en sus relaciones interpersonales así como en su pensamiento crítico. Lo anterior ha influido de manera significativa en la concepción de la realidad que se vive día a día a nivel mundial.

Si bien es cierto que las bondades del intercambio de ideas que provoca la tecnología a través de sus plataformas como Facebook y Twitter, son en general benéficas, no se puede dejar de lado que estas herramientas han sido utilizadas por individuos y/o grupos que se han convertido en generadores de odio.

La ignorancia de quienes aceptan sin cuestionar cualquier información que se reproduce en las redes sociales, es la principal arma que utilizan aquellos que se dedican a crear ?verdades virtuales?.

La difamación, la discriminación y la invención de hechos, abundan sin control, no hay límites, puede ser desde la falsa noticia de la muerte de un personaje famoso, hasta la difusión de apócrifos planes secretos de gobiernos en contra de su población.

Sin embargo, lo más preocupante está en las amenazas directas. A diario se pueden leer insultos acompañados de intimidaciones hacía cualquiera que no piense como le conviene a los que se creen poseedores de la exactitud. Ejemplos de lo anterior hay decenas, y para ello no importa la actividad que realice el receptor de las bravatas, puede ser un político, un comunicador, un deportista o un ciudadano común. A fin de cuentas, la finalidad de la amenaza es monopolizar la opinión.

Es claro que lo que los violentos y embaucadores que se mueven en las redes sociales tienen como objetivo polarizar e intimidar a los usuarios de las mismas, pero su influencia siempre será directamente proporcional a la falta de razonamiento de quien cae en su juego.

Aun con todo lo anterior, la censura no es ni será la manera de erradicar con las prácticas de los ?esbirros virtuales?, la libertad de expresión debe ser protegida por sobre cualquier circunstancia. En todo caso, la opción tendría que venir desde dentro de las propias redes, con campañas enfocadas a la convivencia, al debate de ideas, al impulso de la duda razonable, pero sobre todo a los enormes beneficios que trae consigo el conocer y respetar el pensamiento humano.

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