August 25, 2019 01:14


Del Acuerdo con EU, sí hay algo que festejar y -mucho- que lamentar

Trump
Se desactivó una bomba que podría explotarle en la cara a la economía mexicanaInternet

¿Hay algo que festejar con el acuerdo que logró revertir la amenaza de aplicar aranceles por parte del gobierno de Trump a las exportaciones mexicanas, importaciones para EU?

Sí hay que festejar

Sería una necedad decir que no.

Se desactivó una bomba que podría explotarle en la cara a la economía mexicana, ya debilitada por la incertidumbre de las políticas económicas de la 4t. El ánimo de los consumidores está decaído, frenando las ventas. Los inversionistas han detenido los proyectos de expansión. El gasto público está débil- El INEGI ha dibujado un panorama de estancamiento. En esta atmósfera un arancel progresivo sobre las exportaciones mexicanas a los Estados Unidos que podría llegar al 25%, -la única fuente de crecimiento hoy por hoy- habría sido letal para nuestro país. Podría haber provocado, ahora sí, una recesión, una caída en la actividad productiva, más que -como se preveía ya antes del desaguisado con EU- un debilitamiento de los indicadores económicos.

Sí, hay razón de sobra para festejar. El equipo mexicano de negociadores, encabezado por Marcelo Ebrard, desactivó el conflicto. Los bonos del Secretario de Relaciones Exteriores, de momento, subieron como la espuma.

Pero, por la política migratoria de la 4t..

Hay razones para festinar el arreglo en un evento masivo en Tijuana, pero también mucho que lamentar.

La escaramuza diplomática que estuvo a punto de socavar la economía mexicana también es una lección de realismo político, para la 4t. Un costoso aprendizaje.

Las concesiones de México, que se vio orillado, arrinconado en las negociaciones, fueron harto significativas, por una política permisiva de migración proveniente de Centroamérica, que detonó la 4t. El nuevo gobierno alentó el flujo migratorio con las visas humanitarias a los centroamericanos que vienen huyendo de una situación económica y de seguridad complicada en sus países de origen. Es ético, justo, humanitario, apoyar al vecino en desgracia. Pero la ética está reñida con las realidades de la política.Las aprehensiones de migrantes ilegales por parte de EU que ingresan por la frontera mexicana- se entiende que una mayoría de centroamericanos- se detonaron con el nuevo gobierno.  Pasaron de unas 47 mil en agosto de 2018, un mes después de la toma de protesta de López Obrador, a cerca de 61 mil en octubre. Se mantuvieron en ese nivel en noviembre y diciembre de 2018 y bajaron algo a 58 mil en enero de este año. Pero de ahí se dispararon a 76 mil en febrero. En marzo rebasaron por vez primera en la historia el nivel de 100 mil (104 mil), en abril subieron 109 mil, y en mayo, escalaron a ¡144 mil!. (Ver gráfica)

Del Acuerdo con EU, sí hay algo que festejar y -mucho- que lamentar

Claramente, este comportamiento exponencial de las detenciones de migrantes en la frontera sur de Estados Unidos, o la norte mexicana, fue inducido por la nueva administración.

En la percepción del gobierno de Trump, fue una patada en el estómago para el Tío Sam, preocupado, además, por la posible filtración de delincuentes en esa masa de migrantes, poniendo en riesgo la seguridad nacional.

A la luz de la realpolitik fue lógica la reacción del gobierno de Trump. Excesiva, sí. Sin importar que, también ellos se dispararan en su propia pata, en su economía, de haberse concretado los aranceles, por un comercio bilateral de más de 600 mil millones de dólares (unos 360 mil millones de dólares de exportaciones de México hacia Norteamérica, y unos 250 mil millones de dólares de importaciones provenientes de los Estados Unidos)

…Hay mucho que lamentar

Arrinconada la delegación mexicana por la hipersensibilidad de Estados Unidos por la migración exponencial detonada por el propio gobierno mexicano, se vio obligada – a fin de revertir la amenaza de los aranceles- a otorgar concesiones extraordinarias, inéditas en las relaciones de ambos países en el último medio siglo.

No hay precedentes. ¿El tratado comercial de 1994? No. En 1995, con la economía hundida le tendieron un lazo a México, que se habría hundido sin el crédito emergente de 50 mil millones de dólares. Más aún, el acuerdo comercial del año pasado, que promovió en su mayor parte Peña, y avaló AMLO, en el balance de lo que prometió México a cambio no fue malo.

Ahora cedieron todo. México tendrá que distraer 6 mil elementos de la recién creada Guardia Nacional y sellar de facto su frontera sur, un giro de 180 grados en su política migratoria. Con la crisis acentuada de seguridad interior, y las estadísticas imparables de crímenes relacionados con el crimen organizado, destinar estos elementos a vigilar la frontera sur implica un costo.

La concesión, también de facto, de aceptar de parte de México la condición de Tercer País Seguro, que implica que los migrantes que devuelva Estados Unidos en demanda de asilo -fenómeno que ha crecido exponencialmente- tendrán que ser devueltos a nuestro país, para esperar aquí la resolución, es enorme. Trump deslizó una sonrisa irónica y felicitó a México. Nuestro país aceptó que en caso de respuesta negativa de las demandas de asilo de los migrantes centroamericanos que retache Estados Unidos, los alojará aquí les dará empleo y atención. Obvio, puede deportarlos, ¿no?  Lo hará. Aquí, con claridad meridiana se aprecia el costo, que no se puede ocultar, como no se puede ocultar el sol con un dedo.

¿Tiene México la infraestructura para atender estas demandas, procesar decenas de miles de expedientes, dar empleo y cobijo temporal a esa masa de migrantes en desgracia? ¿Cuánto le costarán al gobierno y a la economía estas concesiones exigidas por Trump?

La lección está clara. Si México no quiere cerrar la llave de la migración en su frontera sur proveniente de Centroamérica, tendrá que atender estas demandas de asilo que llegan a EU, en nuestra propia casa. Con sus propios recursos.

Ya lo dijo AMLO: en materia de migración centroamericana por nuestras fronteras se respetará la ley (cambio de principio). Y, en la atmósfera “festiva” de celebración en Tijuana, salpicada con la retórica de Ebrard de que “se mantuvo intacta la dignidad nacional”, el líder de la 4t dijo el mensaje más sustantivo, para el oído de Trump: cumpliremos los acuerdos.

Estas concesiones, costosas, explican lo que Muñoz Ledo denominó en Tijuana el doble discurso, el que junto a la piedra que se despejó en el camino al evitar los aranceles, hay costos enormes, inocultables, en la negociación que encabezó Ebrard, con los Estados Unidos.

La vecindad con el país más poderoso del mundo arroja duras lecciones a lo largo de nuestra historia. Los últimos dos siglos enseñan claramente que pelearse con el Tío Sam ha sido un mal negocio para México.

¿Cuándo les hemos ganado?

Voluntad y heroísmo han estado presentes. Pero la geografía nos colocó con un vecino que es el más poderoso del mundo. Lo dijo Porfirio Díaz en sus últimos días, con un dejo de angustia: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

Y esta vez no fue la excepción. Se allanó el camino, fue un alivio congelar la iniciativa de Trump de aplicar aranceles. Pero las concesiones producto de la incomprensión de la real politik, - complicada de por sí por un presidente de los Estados Unidos que no ha dudado en hacer política, sembrando el odio contra México, y de paso ayudando a encauzar su campaña por la reelección, indican que también hay mucho que lamentar.

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