Columnas

Es eso o dar un giro tan radical al sistema económico que creo generaría caos en México. Algo que a nadie le conviene.

Señor presidente López Obrador:

¿Sabías, Andrés Manuel, que Karl Marx prefería una obra de William Shakespeare sobre el resto de la producción literaria del genio inglés? Desde luego, yo no estaba enterado de un dato tan específico en la biografía del filósofo alemán. Ayer en la noche, curioseando por ahí en Goggle, leí que a Marx le encantaba La vida de Timón de Atenas; por su denuncia de la hipocresía que caracteriza a muchas personas ricas.

Hace unos años, en 2012, se estrenó en Londres una versión bastante interesante de Timón de Atenas. Por supuesto, tampoco tenía la menor idea de ello, no soy culto, mucho menos erudito: Google me llevó de las aficiones literarias de Marx a una nota de The Guardian de hace 8 años.

William Shakespeare escribió tal tragedia —para muchos, más bien una comedia— a principios del siglo XVII como una reflexión “sobre la riqueza, lo material, las apariencias y el poder del dinero”.

La adaptación de 2012 fue diseñada para criticar a los ricos de nuestro tiempo, en el que, por lo visto, la ambición por el dinero todo lo domina, inclusive en las recurrentes y durísimas crisis financieras, o tal vez gracias a las mismas.

De Shakespeare al #OccupyLondon

El director inglés Nicholas Hytner ubica la historia en los muy adinerados barrios londinenses de Mayfair y Canary Wharf, sin duda de los más caros del mundo. Hytner cuestiona a la actual clase alta desordenada y derrochadora y a sus cortejos de aduladores. Para exhibir las miserias morales de las personas hechizadas por el dinero no olvidó incluir en la adaptación de la obra de Shakespeare al entonces reciente movimiento de protesta #OccupyLondon —surgido, por cierto, el día de mi cumpleaños, 15 de octubre, pero de 2011, cuando los rebeldes acamparon afuera de la catedral de San Pablo—. Este movimiento era una continuación de la protesta anticapitalista #occupywallstreet de Nueva York, que a su vez fue una consecuencia del 15-M o movimiento de los indignados de España; gente realmente molesta por la crisis, pero sobre todo porque los potentados y sus familias pertenecientes al 1% más rico de la población mundial nomás no pagan impuestos.

Admirables movimientos de resistencia, sin duda, pero que por desgracia, a veces solo complican los problemas que pretenden eliminar. Con realismo, así veo las cosas.

Esa frase de Timón de Atenas

En el acto I, escena I, Timón dice: “No basta levantar al débil, hay que sostenerlo después”.

Conviene, Andrés Manuel, analizar esa frase en sí misma, esto es, más allá de los detalles de la obra de Shakespeare y de las razones que hacen de Timón un misántropo. El personaje llegó a tal situación personal por el mal comportamiento de los ricos de su tiempo; los despreciaba, pero se excedía: maldecía a las clases altas, pero con ellas a toda la humanidad.

Creo que el principal reto de la 4T está en las citadas palabras de Timón: “No basta levantar al débil, hay que sostenerlo después”. ¿Cómo se logra eso en una sociedad como la mexicana de nuestros días, en la que habitan decenas de millones de pobres? Con dinero, obviamente, pero ¿de dónde sacar los recursos? Lógicamente, de los impuestos pagados por el sector productivo y, también, de los ahorros logrados al hacer más eficiente —con medidas de austeridad y combate a la corrupción— el aparato de gobierno.

¿Alcanza con lo anterior para sostener los programas de ayuda a tantos millones de pobres, además de para financiar proyectos de infraestructura y todos los otros gastos de la administración pública? 

No se cumplieron los supuestos de la economía moral

Iba a alcanzar con los recursos existentes, pero se atravesó la pandemia. Por un lado, la economía se paralizó. Por otra parte, hay necesidad de gastos extraordinarios —como los demandados para equipar hospitales y, sobre todo, para un proyecto de vacunación masiva—, gastos desgraciadamente tan grandes como los destinados a los programas sociales y a las obras de infraestructura. La economía se está moviendo de nuevo, es verdad, pero pasarán años antes de volver a los niveles existentes cuando la 4T diseño su programa de gobierno sustentado en una visión humanista del dinero, que tú, Andrés, has llamado economía moral. Por lo demás, y esto agrava la crisis, en el corto plazo crecerá la presión para comprar millones de vacunas.

Misantropía generada por la falta de ética de los ricos

México necesita de muchas más inversiones realizadas por los empresarios, las empresarias. Pero no se están presentando en las magnitudes requeridas. Antes al contrario, no pocas personas adineradas prefieren detener sus actividades y hasta irse del país cargando con sus recursos. No solo es un fenómeno de ricos asustados por la crisis. Hay también empresas, nacionales y extranjeras, que lo están haciendo así. Se entienden tales actitudes: el dinero es muy miedoso en las situaciones de riesgo. Se envalentona en la tranquilidad y genera más dinero. Pero cuando aparece la incertidumbre —en este caso provocada por un grave problema sanitario mundial— se espanta y corre a refugiarse donde piensa hay más seguridad.

Antes de continuar, definamos al misántropo. Leí en internet que es quien ve a los otros como una pobre versión de la naturaleza humana, y por tal motivo detesta a sus semejantes.

El filántropo es todo lo contrario: quien “encuentra en la gente su fuente de motivación y satisfacción”, el ser humano que “siente y percibe a los demás como el método para el encuentro consigo mismo”, el hombre o la mujer que crece como persona “a partir del encuentro con el otro” ya que hace del prójimo el espejo en el que se refleja, es decir, la imagen que define los parámetros de su humanidad.

AMLO, misántropo y filántropo

Andrés Manuel, espero que se entienda lo que voy a decir: tienes un poco de misántropo y un mucho de filántropo. Detestas a las clases altas y solo te entiendes, como ser humano, con los millones que sufren en la parte más baja de nuestra inequitativa sociedad.

Toleras a algunos ricos con los que convives, por razones de gobernabilidad o porque te caen bien como personas —lo son, sin duda, a pesar de su amor enfermizo por el dinero—, pero el comportamiento de los empresarios, las empresarias que te visitan te molesta porque jamás piensan en los otros, porque acuden a Palacio Nacional solo a ver qué beneficios obtienen. No hay generosidad en los hombres, las mujeres de negocios. ¿Existen excepciones? A veces lo crees así, pero normalmente, cuando les ves actuar, piensas que todos, que todas son iguales.

El problema es que se nota con excesiva frecuencia que desprecias la esencia de la clase empresarial: su obsesión por el dinero. Habla bien de tu humanismo que seas un verdadero misántropo en ese sentido. Como Timón de Atenas, sí. Pero él generalizó y terminó odiando a todas las personas, ricas y pobres, de buen comportamiento o inmorales.

Andrés Manuel, tú entiendes bien las diferencias entre unas personas y otras, y las subrayas. De ahí tu insistencia en los valores superiores. Solo puedo aplaudir que gracias a tu iniciativa hayan redactado la Guía ética personas extraordinarias —Pedro Miguel, Jesús Ramirez, Verónica Velasco, José Agustín Ortiz Pinchetti, Enrique Galván y Margarita Valdés—, pero te digan lo que te digan, eso es algo que no gusta y aun asusta a los dueños, las dueñas del dinero.

Andrés, aunque te repugne tienes que acercarte mucho más a la gente con posibilidades de invertir, la que puede sacar el dinero no para apoyar a México —lo dicen en sus discursos, pero son hipócritas—, sino simple y sencillamente para seguir enriqueciéndose.

Además de la Guía ética, pídele al jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, un manual del empresario egoísta y enfermo de ambición que tu gobierno debe seguir al pie de la letra en materia de promoción económica. ¿Incluye tal manual autorizar una planta cervecera en Mexicali? En mi opinión, sí. Lamento llevarte la contraria, señor presidente, pero puede haber opciones para conseguir agua potable; empleos sin empresas no habrá.

Es eso o dar un giro tan radical al sistema económico que creo generaría caos en México. Algo que a nadie le conviene.