El Tec no olvida: Calderón es un genocida. Lástima, no lo diré frente a la Micha, Zavala y Lozano

Calderón en el Tec
Un tipo impresentable
Tenía la conciencia limpia; no la usaba nunca
Stanislaw Lec
Lo de menos es que a Calderón le guste el vino, que beba tequila, que se bañe en cerveza, bebidas sagradas que a todos nos encantan; lo terrible es la cantidad de muertos desde que buscó en el campo de batalla la legitimidad que no le dieron las urnas electorales, ya que le robó las elecciones a Andrés ManuelDicho por un ex alumno del Tec de Monterrey

Me invitó Adela Micha a participar, cada semana, en una mesa de diálogo o debate en El Heraldo Radio. No estuve el pasado jueves, no estaré el próximo. No podré, entonces, decir a los otros participantes —cercanísimos a Felipe Calderón— que la sociedad mexicana tiene memoria y que el mayor castigo que recibirá el genocida esposo de Margarita Zavala será el desprecio de sus compatriotas. Me salvaré de escuchar el cinismo con el Javier Lozano defiende a su jefe político, y Juan Ignacio Zavala a su jefe y cuñado.

Calderón ha experimentado el rechazo varias veces, y acaba de recibir un fuerte golpe en ese sentido. El jefe de Lozano y cuñado de Zavala había sido invitado a una conferencia en el Tecnológico de Monterrey. Aceptó, desde luego. Pero los estudiantes de esta gran universidad privada protestaron y lograron que el hombre que se robó las elecciones en 2006 se echara para atrás.

Los alumnos del Tec son poco dados a las protestas. Se preparan, todos ellos, no para ser políticos, sino para desarrollarse como empresarios o para colaborar en grandes corporativos. ¿Por qué se rebelaron esta vez? Porque en el sexenio de Calderón, algunos soldados, en las instalaciones del instituto, mataron estudiantes. Después, el gobierno intentó culpar a los muchachos, a quienes se calumnió. Terrible.

Esa es una de las tantas historias de barbarie del sexenio de Felipe Calderón, el político que le robó las elecciones de 2006 a Andrés Manuel López Obrador y que, en un absurdo intento de lograr en el campo de batalla la legitimidad que no le dieron las urnas, declaró una guerra al narco que los mexicanos hemos perdido. Las consecuencias terribles de esa guerra las seguimos sufriendo. Es tan grande la cantidad de muertos desde que Calderón decidió jugar a ser estratega militar que este tipo solo puede ser calificado como genocida. Pero a él no le importa, insiste en participar en política. Tiene la conciencia limpia porque, como se dijo antes aquí, no la ha usado nunca.

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