La opinión pública ante el Primer Informe de Gobierno de AMLO

AMLO primer informe de gobierno.
El presidente AMLO durante su Primer Informe de Gobierno.Moisés Pablo/Cuartoscuro

AMLO ha demostrado, al menos en lo que va de su sexenio, que la libre expresión hacia su gestión; crítica, calumniosa, tendenciosa o imparcial, es tolerada y no silenciada.

Como suele suceder después de llevarse a cabo este tipo de eventos políticos, con todo el derecho que le confiere la libertad de expresión al pueblo mexicano, la opinión pública no dejó pasar la oportunidad de opinar respecto a la actuación del mandatario a sus casi diez meses de gobierno. Lógicamente, las opiniones emitidas hacia el tabasqueño; neutrales, a favor y en contra, variaron de acuerdo con la trinchera desde donde fueron pronunciadas:

“Nosotros vemos a un Presidente que está desdoblando recursos en proyectos de infraestructura en el sur del país, particularmente en Oaxaca”- Alejandro Murat, Gobernador de Oaxaca.

“Seguiremos apoyando al Gobierno en materia de seguridad, para hacerle frente a los delitos relacionados con el robo de hidrocarburos”- Omar Fayad, Gobernador de Hidalgo.

“Veo logros intangibles; es decir, que son muy poco palpables para la gente en materia económica, de seguridad y de crecimiento”- Diego Sinhue, Gobernador de Guanajuato.

“Evidentemente hay que seguirle (para lograr el cambio), pero creo que es un buen comienzo y por eso se explica el apoyo al Gobierno de la República”- Martí Batres, Senador de Morena.

“Fue un muy buen informe, realista y alejado de parafernalias; presenta una dosis de cambio de régimen”- Ricardo Monreal, Líder de Morena en el Senado.

Fuente: Periódico “La Razón de México”, consultado el Lunes 02 de septiembre de 2019.

Y es que a casi un año de su mandato, el presidente López Obrador ha sido alabado por la implementación de programas sociales en apoyo a los más desfavorecidos en la pirámide social de este país, pero también ha sido duramente criticado por sus recortes presupuestales, su visión limitada en temas urgentes al interior de la agenda pública y su lenta, tediosa y redundante retórica en sus conferencias mañaneras, muy al estilo de cuando era Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, ahora Ciudad de México, por allá del 2001. Respecto a esto, algo sobresaliente que me veo obligado a enfatizar, independientemente de la percepción que se tenga de su gestión como mandatario (sea calificada como buena o mala), es su proceder ante las duras críticas, algunas de ellas infundadas, que le han conferido incluso antes de haber ganado las elecciones presidenciales.

No sé si usted se acuerda, estimado lector, de toda la difamación, mejor conocida como guerra sucia, de la cual AMLO fue víctima desde la primera vez que se postuló como candidato presidencial, es más, retrocedamos unos cuantos años atrás; desde que fungía como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. ¿El nombre de René Bejarano le suena familiar? ¿Los “videoescándalos” mostrados en El Mañanero del payaso Brozo le refrescan la memoria? Cuando por allá del 2004 se dio a conocer en vivo, al muy estilo de los reality shows estadounidenses, un video en donde se aprecia a Bejarano, en ese entonces diputado de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y antiguo colaborador cercano de AMLO, recibiendo grandes sumas de dinero del empresario argentino Carlos Ahumada, mismas que se presumió irían a dar a la campaña presidencial del hoy, irónicamente presidente constitucional.

Pongo este ejemplo porque desde aquel año la opinión pública, misma que desde ese entonces no se ha limitado en atacarlo como expondré más adelante, se encargó de lincharlo mediáticamente a diestra y siniestra sin ningún impedimento de por medio, a pesar de que tiempo después de su detención, Carlos Ahumada declarara que dichas grabaciones filmadas en su oficina particular habían sido planeadas por el increíblemente secuestrado y posteriormente liberado, Diego Fernández de Cevallos junto con el expresidente antiamlo por excelencia, Carlos Salinas de Gortari, con la clara intención de desprestigiarlo y, en el mejor de los casos, sacarlo de forma definitiva de la carrera presidencial.

Ahora remontémonos al 2019, ¿Le suena el nombre de Miguel Alemán? He aquí una de sus más polémicas declaraciones: "Mire, es muy penoso, todos los días lo digo y la verdad todos los días me da pena decirlo: tenemos al peor presidente de México, tenemos al más inepto de los presidentes de México, tenemos al más ignorante de los presidentes de México, tenemos al más mentiroso de los presidentes de México, tenemos al más analfabeta de los presidentes de México, y también al más imbécil. Se me van a acabar los calificativos, se los come todos, le caben todos" (Nación 321, 19/VIII/19). Juzgue usted mismo al que se autoproclama periodista crítico y sus calificativos que en ningún momento han sido (y dudo mucho que en un futuro sean) censurados por el mandatario. Y ojo, no estoy diciendo que este individuo tenga que ser censurado, ¡De ninguna manera! Lo que sostengo es que no nos encontramos ante un presidente que reprima a quien ose hablar mal de él, independientemente, repito, de su buena o mala gestión que haya tenido desde que tomó el poder a finales del año pasado.

AMLO ha demostrado, al menos en lo que va de su sexenio, que la libre expresión hacia su gestión; crítica, calumniosa, tendenciosa o imparcial, es tolerada y no silenciada en su ejercicio. ¿O acaso algún comunicador, intelectual o político a podido sostener lo contrario como en su momento lo hizo la periodista Carmen Aristegui respecto a la censura que recibió de MVS por órdenes de Enrique Peña Nieto? Evidentemente, no. Hasta el momento ningún periodista, pensador, artista, estudiante, político u organismo no gubernamental ha podido comprobar, si es que se ha dado el caso, de haber sido víctima de algún tipo de represión por parte de Obrador o su equipo, como reacción a determinado cuestionamiento o crítica hacia su gobierno. Y aunque la práctica del periodismo en este país aún diste muchísimo de su ejercicio libre, digno y seguro, considero que el hecho de que un Estado no reprima lo anticrítico, reaccionario y falso que se dice de él, es un gran paso dado en una incipiente democracia social que había permanecido obstaculizada gracias a poderes fácticos al cobijo de ese “poder invisible”, que aunque sabemos que está entre nosotros, limitándonos e intimidándonos, termina por cooptar la libertad de expresión; ese es la CENSURA.    

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